El incremento de los costos energéticos y el impacto inflacionario son las dos principales variables que monitorea el mercado a partir de la escalada bélica.
Casi la totalidad de las exportaciones de petróleo que pasan por el estrecho de Ormuz se destinan a Asia.
La nueva guerra en Medio Oriente mantiene al comercio internacional bajo un manto de incertidumbre. Las amenazas que pesan sobre el estrecho de Ormuz y el temor a una guerra prolongada presionan sobre los precios del petróleo y el GNL, y reavivan los fantasmas de la guerra de Ucrania y las consecuencias que tuvo sobre la economía global.
Desde Aurum Valores explicaron que el cierre de ese paso de tránsito marítimo "genera una prima de transporte, riesgos y seguros que se reflejan en el precio de la materia prima y, por consiguiente, en el resto de la línea de producción". En ese sentido, trajeron a colación el modelo FRB/US de la Reserva Federal (Fed) publicado en 2018: "el gran modelo macroeconómico para analizar y simular la economía de EEUU y los efectos de la política monetaria y fiscal".
A partir de su aplicación, se estimó que "un aumento persistente del petróleo de alrededor de u$s10 por barril se traduciría típicamente en un incremento del nivel de la inflación estadounidense de algunas décimas de punto porcentual a lo largo de un horizonte de 1 a 2 años". Desde el estallido del conflicto durante el fin de semana, el barril de crudo Brent se disparó un 13% (u$s9,64), y ahora resta saber si la tendencia alcista se mantendrá.
Aclararon también que esa estimación es válida "siempre que el resto de las condiciones macroeconómicas se mantenga sin cambios", algo que podría fluctuar debido a que la intervención militar en Irán ocurrió poco después de que el presidente norteamericano, Donald Trump, implementera nuevos aranceles para restituir los derogados por la Corte Suprema.
Además, desde Aurum recordaron que el modelo económico de la Fed ya se probó en 2024 por la fuerte suba del petróleo luego de la invasión rusa a Ucrania: "Los resultados mostraron una contribución del shock de petróleo por un 2% a lo largo de los cuatro trimestres en la inflación general y un impacto de casi 0,75% en la núcleo", explicaron. En 2022, año de la ofensiva rusa, el crudo Brent subió 9,76% en febrero y 6,88% en marzo, llegando a tocar los u$s139, para luego ir desacelerando a partir de junio.
Consultado por Ámbito, el analista de mercados internacionales de AdCap Grupo Financiero, Jorge Angel Harker, afirmó que la situación "no se parece en nada a 1973 con la crisis del petróleo y se parece poco a Ucrania", debido a que el escenario actual cuenta con "características propias".
Principalmente, destacó que actualmente "EEUU produce más petróleo", mientras que en la guerra de Ucrania, "el Partido Demócrata estaba más enfocado en vías energéticas alternativas", lo que aumentó el impacto sobre los precios de su economía doméstica.
De todas maneras, reconoció que "hay que mirar con cuidado" la inflación norteamericana a partir de ahora y reconoció que un escenario en el cual la Reserva Federal de marcha atrás con su política monetaria y aumente las tasas vuelve a ser parte de la ecuación para los inversores. "Con un 3,5% de inflación interanual sostenido, la Fed podría cambiar el discurso", barajó.
Nicolás Kohn, Head Wealth Management Research en Balanz argumentó que "si la suba del petróleo derivada de la crisis se mantiene acotada y transitoria, el impacto sobre la inflación norteamericana puede ser absorbido sin alterar de manera sustancial la hoja de ruta de la Fed".
Sin embargo, "si el shock energético se extiende en el tiempo o escala hasta comprometer parte de la oferta efectiva que sale del Golfo, el crudo podría consolidarse en niveles suficientemente altos como para frenar el proceso de desinflación". Como consecuencua, "la Fed tendría menos margen para recortar tasas o debería postergar cualquier relajamiento monetario, aun cuando la actividad muestre señales de desaceleración".
En un informe a sus clientes, el Grupo ING consideró que para los mercados de petróleo y gas, "es probable que se establezcan paralelismos" con la invasión rusa de Ucrania. Detallaron que el suministro de petróleo en riesgo por un bloqueo del estrecho de Ormuz "representa aproximadamente el 15-20% del suministro mundial", un número significativamente mayor al 7-8% que estaba en riesgo durante aquellos días de 2022.
En este sentido, agregaron que "las reservas de la OCDE son alrededor de 200 millones de barriles más altas ahora que antes de la guerra entre Rusia y Ucrania", aunque plantearon que "un bloqueo total de dos semanas prácticamente haría desaparecer este colchón, dejando un margen de subida significativo para los precios".
"Ormuz es, en los hechos, una arteria energética de Asia", destacó Kohn. En el primer trimestre de 2025, China absorbió el 37,7% del total transportado por el estrecho. India recibió el equivalente al 14,7%; Corea del Sur, 12%; Japón, 10,9% y el resto de Asia, 13,9%. "Una interrupción relevante en el estrecho golpearía primero a Asia vía costos energéticos, pero su efecto sobre el precio internacional del crudo se trasladaría al conjunto del sistema financiero global", agregó.
En el caso del gas natural, remarcaron que "están en riesgo" flujos de GNL "que representan alrededor del 3% del consumo mundial de gas natural, pero el 22% del comercio mundial" de ese tipo de hidrocarburo. "Un mercado más competitivo haría que Asia y Europa compitieran más agresivamente por los cargamentos de GNL, lo que impulsaría los precios al alza", aseveraron.
En el caso del gas europeo, agregaron que "si los mercados de GNL empiezan a descontar en los precios las pérdidas prolongadas del suministro qatarí, el TTF (el mercado mayorista de gas de los Países Bajos) podría dispararse hasta los 80-100 €/MWh". Este martes cerró a 52,60 €/MWh, con un incremento diario de 18,2%.
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