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La política exterior argentina ha oscilado históricamente entre el aislacionismo y el alineamiento. Sin embargo, bajo el paraguas de la "neutralidad" y la "no injerencia", los gobiernos kirchneristas construyeron una red de vínculos con regímenes dictatoriales que hoy el gobierno de Javier Milei intenta desmantelar.
Durante la gestión de Alberto Fernández, la diplomacia se disfrazó de equilibrio. No obstante, los hechos contaron otra historia. La "neutralidad" no fue ausencia de postura, sino una omisión selectiva que favoreció a países como Venezuela, Cuba e Irán. Era una neutralidad no neutral. Esta postura se cimentó sobre dos pilares que marcaron a fuego la relación de Argentina con el autoritarismo teocrático y bolivariano:
• El Pacto con Irán como pecado original: El Memorándum de Entendimiento firmado por Cristina Kirchner fue el primer gran giro hacia un país cuyos funcionarios están acusados del peor atentado terrorista en suelo argentino (AMIA). Este pacto, impulsado bajo la sombra de la mediación de Hugo Chávez, buscó legitimar a un régimen que utiliza el terrorismo como herramienta de Estado.
• La triangulación Caracas-Teherán: Venezuela no solo fue un aliado ideológico para el kirchnerismo, sino el puente logístico de Irán en América Latina. A través del eje bolivariano, Irán logró evadir sanciones y expandir su influencia en la región, utilizando a Argentina como un espacio de tolerancia diplomática.
El episodio del avión de Emtrasur en Ezeiza (2022) fue la prueba de fuego que el gobierno de Alberto Fernández no supo (o no quiso) pasar. Mientras agencias internacionales alertaban sobre el vínculo de la aeronave con la Fuerza Quds (brazo de élite de la Guardia Revolucionaria de Irán), el gobierno argentino minimizó el hecho, tratándolo inicialmente como un simple problema logístico de carga. Este evento demostró cómo la falta de una postura clara permite que estructuras de inteligencia extranjeras operen en territorio nacional bajo la fachada de acuerdos comerciales con Venezuela. Complicidad por omisión.
La llegada de Javier Milei marca un quiebre total con esta tradición de "amistades peligrosas". Su doctrina es clara: en la lucha entre la libertad y la tiranía, no hay neutralidad posible.
Al priorizar la relación con Estados Unidos e Israel, Milei saca a la Argentina de la órbita de influencia de los BRICS, bloque donde conviven potencias autocráticas. Al mismo tiempo, condena sin matices: a diferencia de la gestión anterior, que evitaba llamar "dictadura" a Venezuela en foros internacionales, el gobierno actual ha asumido un rol de confrontación directa contra Maduro y sus aliados.
En su discurso de apertura de sesiones ordinarias ( 1°marzo de 2026), Javier Milei terminó de trazar la línea divisoria. No solo ratificó su alianza estratégica con los Estados Unidos de Donald Trump bajo la premisa de "crear el siglo de las Américas", sino que lanzó un duro ataque a la gestión internacional del pasado, vinculándola directamente con el terrorismo y la impunidad.
La historia reciente demuestra que la neutralidad argentina fue, en muchos casos, una herramienta política para encubrir la afinidad con dictaduras. La neutralidad kirchnerista no fue un ejercicio de prudencia diplomática, sino una coartada ideológica.
Al callar ante las torturas en Caracas o buscar 'acuerdos de verdad' con los perpetradores de la AMIA, el Estado argentino abandonó su rol de democracia occidental para convertirse en un satélite de intereses ajenos a nuestra Constitución. Esta ambigüedad cómplice encontró su punto final en el estrado del Congreso.
Con la mira puesta en quienes gestionaron esa política exterior de claudicación, Javier Milei fue tajante al sentenciar que Argentina no volverá a ser el refugio de las sombras: 'Ustedes que se entregaban a Venezuela y que se entregaban a los terroristas de Irán, que nos metieron dos bombas... donde la corrupta además firmó un Memorándum. ¡Vení a explicarme qué pasó con Nisman!'. Con estas palabras, el gobierno de Milei propone devolverle al país una brújula moral: la de las democracias liberales, donde la libertad no se negocia con dictadores.
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