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Hay sucesos que marcan definitivamente la historia (y el 25 de Mayo, por supuesto, es uno de ellos en la nuestra). Y hay personajes que dejan una sentencia que perduraría por siempre, pero que se van extendiendo por generaciones y en otros aspectos de la vida.
La frase formó parte de su célebre Decreto de Supresión de Honores, que hizo publicar el 6 de diciembre de 1810 en La Gazeta de Buenos Aires como una manifestación enérgica de la Primera Junta, surgida durante la gesta de mayo. El disparador de la frase fue un capitán de húsares llamado Atanasio Duarte quien, totalmente borracho, en un festejo por la victoria de las tropas patriotas en Suipacha pidió un brindis por “el futuro emperador del Río de la Plata, don Cornelio Saavedra”.
Para la historiografía, Saavedra -presidente de la Junta- encarnaba el ala “conservadora” de la Junta y Moreno, su secretario, el ala “radicalizada, también autor del Plan de Operaciones y de la represión sin piedad de cualquier reacción realista. “Moreno era considerado por muchos el ala jacobina. Intentará encauzar la revolución hacia el llamado a un congreso constituyente que defina si los territorios estaban en condiciones de emanciparse de España y, en tal sentido, romper con el orden monárquico. Estos dos bandos terminaron en una ruptura a los pocos meses” define Marcela Ternavasio, una de las historiadoras actuales, que estudió con mayor profundidad aquel período fundacional del país.
No se andaban con vueltas: Moreno consideró que Duarte debía ser “llevado al cadalso” por sus palabras. Pero, con la atenuante de su ebriedad, se lo enviaba al exilio…
La energía de Moreno -a sus 32 años- se extinguió pocas semanas más tarde. También, entre la leyenda y una parte significativa de la historiografía, se atribuye que su misión a Londres para la compra de armamento –misión en la que iba a morir- fue parte de un complot saavedrista para terminar con él y los suyos. Moreno partió el 24 de enero de 1811. Ya embarcado en la fragata inglesa “Fama” con su hermano Manuel y Tomás Guido como secretarios, se sintió mal y murió el 4 de marzo de 1811 en alta mar, su cuerpo fue arrojado a las aguas y su esposa Guadalupe se enteró dos meses después, cuando recibió la carta de su cuñado desde Londres. También, afirman que fue envenado por el capitán del navío, Walter Bathurst quien le suministró una dosis excesiva de “emético”.
La otra frase famosa de la época se le atribuye a Cornelio Saavedra, el “rival” de Moreno, quien al enterarse de su muerte expresó: “Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego”. Entre el movimiento revolucionario, apremiado por los avances realistas desde el Alto Perú, y la feroz lucha interna, también a Saavedra se lo llevaron puesto, desalojado como jefe político por el primer Triunvirato. Exilio, juicios, guerra, su nombre resumió muchas de las características de la época.
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