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Aplausos propios y clima de tribuna: el Congreso vivió una apertura de sesiones fuera de libreto

hace 19 horas en ambito.com
ámbito.com

Además de la promesa de casi un centenar de reformas que no detalló, el Presidente dejó claro que seguirá por el camino de la confrontación.

Javier Milei canta en su ingreso a la Cámara de Diputados, rodeado por sus ministros.

Javier Milei canta en su ingreso a la Cámara de Diputados, rodeado por sus ministros.

Aunque no tuvo instrumentos ni banda, el show del Movistar Arena se trasladó a la Cámara de Diputados. Javier Milei impuso su estilo en el protocolar discurso de apertura de sesiones y se salió en varias oportunidades de su guion, que no tenía los golpes de efecto que lograba con su desparpajo panelista ni tampoco propuestas precisas que permitan determinar el rumbo legislativo el próximo mes. Lo que sí mostró, además de una ruda exhibición de los límites a los que se ha llevado la institucionalidad argentina, es que capturó nuevos aplaudidores.

La atmósfera de jolgorio oficialista se concentró exclusivamente dentro del Congreso nacional: el extendido operativo en las inmediaciones del Palacio Legislativo no permitió ver ni vendedores de merchandising libertario ni a sus fanáticos, lo que quedó explícito en el paso de la comitiva presidencial desde Casa Rosada. El apoyo militante se concentró en el segundo y tercer piso de los palcos del recinto, con jóvenes de traje y corbata, que reversionaron nuevamente “Panic Show” de La Renga o sacudieron el cancionero mileísta a la par de los diputados y senadores: “Presidente”, “Libertad”, “Tobillera” y hasta “Saquen al pingüino del cajón”.

Milei dedicó buena parte de la jornada a confrontar con la oposición. 

Los palcos, en donde hasta hubo besos lascivos entre un influencer libertario y su pareja, fueron el marco que necesitaba Javier Milei para terminar de subvertir aún más una siempre ruidosa Cámara de Diputados. El Presidente lograba encenderlos con sus enfrentamientos a los opositores. Incluso bajó un “Javier te amo” en una pausa. El padre del mandatario aplaudió también, aunque su madre estuvo más comedida en el espacio que compartían con la legisladora Pilar Ramírez. En una punta estuvieron los adeptos a Santiago Caputo, que presenció el discurso con los referentes de “Las Fuerzas del Cielo”, mientras que en la otra se amontonaban los afines a Sebastián Pareja, que corearon en solitario el nombre del presidente del partido en territorio bonaerense al terminar la jornada.

Karina Milei encabezó la comitiva de ministros que acompañó al Presidente.

En lo que ambos bandos se pusieron de acuerdo fue en hacerle sentir el rigor a Victoria Villarruel, que escoltó a Milei en su calidad de titular del Senado. Al ser anunciada la Vicepresidenta de la Nación, hubo un silencio burlón que se cortó con una exagerada estridencia para darle la bienvenida a Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados. Luego Villarruel se tuvo que hacer lugar, con un empujón a Karina Milei registrado por la transmisión oficial, para colocarse al lado del mandatario en su caminata hacia el recinto. Nunca fue observada ni saludada por el referente libertario, pero sostuvo un semblante ameno -y sin aplausos- durante todo su discurso.

“Lo que más me gustó del discurso de Javier es que no dejó de hablar de los traidores internos y externos”, retrucó para este medio Lilia Lemoine, diputada libertaria que estuvo cerca de la primera fila frente al Presidente. Ese lugar estuvo reservado para los senadores, que eran en su totalidad libertarios salvo dos aliados: los correntinos Carlos Espínola (Provincias Unidas) y Eduardo Vischi (UCR). Aunque tenían un sitio privilegiado, pasados unos minutos se los vio tomándose la frente: quedaron sentados en medio de todos sus colegas oficialistas, que se levantaban a respaldar cada respuesta de Milei en su discurso.

El Presidente sostuvo la pulcritud hasta la primera interrupción peronista. “¿Dónde está tu amigo Espert?”, lo indagaron después de un punto aparte. Cuando notó que correrse del libreto con frases irreverentes le devolvía una mayor ovación que cuando hablaba de su gestión, decidió -o no pudo evitar- responder a todas las frases críticas opositoras. Y no paró, extendiendo un discurso que se proyectaba para cuarenta minutos a casi dos horas, incluyendo difamaciones (“manga de delincuentes"), apodos (“Chilindrina troska”) e insultos (“kukas”). Eso provocó que Germán Martínez, titular del bloque peronista, se acerque a reclamarle a Martín Menem. “No era lo que habíamos charlado antes, que era un presidente enfocado que confrontaría gestión con gestión”, le dijo después a Ámbito.

El PRO también bancó al Presidente, aunque hubo apatía de los bloques provincialistas (incluso las senadoras Vigo y Corroza se retiraron para no volver) y una actitud heterogénea entre los gobernadores. Solo fueron diez y más de la mitad de ellos aplaudió cada vez que Javier Milei exaltaba sus logros: encabezados por el entusiasta Zdero (Chaco), el grupo de apoyo estuvo compuesto por Cornejo (Mendoza), Frigerio (Entre Ríos), Macri (CABA), Orrego (San Juan) y Poggi (San Luis). El correntino Valdés fue más irregular en su respaldo y hubo otros tres que se remitieron a escuchar: Llaryora (Córdoba), Pullaro (Santa Fe) y Suárez (Santiago del Estero, el más puntual y quien quedó sentado solo detrás de los otros nueve). Ninguno acompañó cuando el Presidente criticó a los empresarios.

La militancia libertaria, arriba de los palcos de funcionarios, ovacionó cada reacción del Presidente.

La militancia libertaria, arriba de los palcos de funcionarios, ovacionó cada reacción del Presidente.

Los que sí se mantuvieron al margen del tono de la ceremonia fueron los tres miembros de la Corte Suprema de Justicia, con brazos fijados a los costados o apenas algún comentario entre Lorenzetti y Rosatti, y los miembros de las Fuerzas Armadas (cuya comitiva que quedó fuera del recinto tuvo la Sala Delia Parodi reservada para seguir el discurso con privacidad). Hubo una excepción: uno de los dos representantes de la Marina aplaudió los pasajes referidos a la inversión del Ejército y cuando el Presidente le dijo “chorros y asesinos” a los diputados peronistas. Delante de ellos estaban los ministros, que acompañaron las celebraciones generales, con Luis Caputo y Pablo Quirno como los más animados.

“Acá vino el Javier Milei genuino, el que eligió la gente y ganó las elecciones”, analizó el libertario Lisandro Almirón para Ámbito, quien señaló que aún el bloque no tiene definidos plazos para tratar los 90 paquetes de proyectos que prometió el mandatario, pero que anticipó que vendrán de los artículos excluidos de otras propuestas de ley. “No tienen nada, fue todo una improvisación”, consideró un peronista minutos después. Lo cierto es que Milei, de manera premeditada o siguiendo el instinto que lo llevó a la Presidencia de la Nación, se permitió descuidar su discurso para alimentar su liderazgo. La ceremonia pudo haber ganado en entretenimiento, pero perdió rigurosidad y vocación de guía de gestión. Mientras que sigan sumándose los aplaudidores, es seguro que este camino no se detendrá.

El enemigo hoy es el kirchnerismo y antes era la “derecha neoliberal”.

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