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Milei inicia una etapa inédita de hegemonía política para un gobierno no peronista

hace 20 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Milei inicia una etapa inédita de hegemonía política para un gobierno no peronista

Muy pocos habrían apostado diez años atrás que un outsider anarcocapitalista desconocido y sin estructura política como Javier Milei podría convertirse primero en Presidente, y dos años después, en el mandatario no peronista con más poder político desde el retorno de la democracia.

El propio mandatario lo resaltó en su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso al ensayar una vuelta de página desde la última gestión de Alberto Fernández al asegurar que "esta miseria decadente se terminó" y que a partir del apoyo en las urnas en las elecciones de octubre "tenemos la fuerza para empezar un nuevo capitulo de la historia argentina, un cambio de época que puede resumirse en “la moral como política de estado”.

Ni siquiera Mauricio Macri, después de vencer en las elecciones legislativas del 2017 a Cristina Kirchner, tuvo semejante panorama. En aquél entonces, Cambiemos se alzaba con 24 senadores y 108 diputados pero la oposición peronista -K y no K- era fuerte. Por eso los números pueden resultar similares a los actuales, con La Libertad Avanza que hoy cuenta con 21 senadores y 95 diputados propios, pero es una lectura a medias.

A diferencia del macrismo, los libertarios cuentan como aliados y potenciales aliados a casi todos los legisladores de ambas cámaras excepto los kirchneristas o de izquierda. Es decir que hoy el Gobierno estaría en condiciones, de la mano de una liga de gobernadores aliados y peronistas -Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca)- de conseguir los dos tercios en ambas cámaras para proyectos sensibles: desde reformar la Constitución Nacional hasta nombrar a miembros de la Corte Suprema o al Procurador general.

Apertura de las sesiones ordinarias del Congreso.Foto: Cristina Sille

Ni Raúl Alfonsín, ni Fernando de la Rúa ni Macri tuvieron ante esa oportunidad. Sólo comparable a los ciclos menemista y kirchnerista. Aunque no se trata de una construcción política de Milei sino de un coctail de hartazgo de la sociedad, un emergente político sin prontuario y la crisis de las representaciones.

Esas representaciones, sin renovación a la vista, han perdido la legitimidad de la sociedad. Lo sufre el kirchnerismo -última corriente que lideró el PJ- que en lugar de estar discutiendo la reforma laboral, la inseguridad que derivó en la baja de imputabilidad de los menores a 14 años o de los 65 mil puestos de trabajo en el sector industrial -según un informe de la UIA- que se perdieron en dos años, estuvo enfrascado en la discusión sobre quién era el vicepresidente del Senado bonaerense. Por si fuera poco grotesco, eligieron al exintendente de José C.Paz Mario Ishii, que quedó en la línea de sucesión del gobernador Axel Kicillof.

Otras representaciones degradadas son la Iglesia y la CGT. Inmersa en una interna que excede al presidente de la Conferencia Episcopal, el arzobispo Marcelo Colombo, la cúpula eclesiástica reclama ser recibida por Milei o tener los mismos tratos que otros cultos. Cuestionó el régimen penal juvenil, el parate en la urbanización de barrios populares y deslizó que la fría relación con la Casa Rosada provocaría que el Papa León XIV finalmente no visite la Argentina. Pero las autoridades de la Iglesia local quedan expuestas cuando se les recuerda su silencio y falta de cuestionamientos durante el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, salvo cuando impulsaron el tratamiento legislativo de la legalización del aborto.

Lo mismo le ocurre a la central obrera. Además de no organizar ningún paro contra la administración de Alberto Fernández, quiénes negociaron con los cegetistas semanas atrás por la reforma laboral mileísta, dan cuenta que no hicieron ningún planteo sobre el cambio en las condiciones laborales: más bien se preocuparon por las obras sociales, la cuta sindical y la inmunidad de los delegados gremiales. La conducción sindical ni siquiera percibe -o no le interesa- la cuestión medular de la reforma aprobada: quitar del medio a los sindicatos para que la negociación sea entre los empleadores y los trabajadores.

No es casual que en su discurso ante el Congreso, Milei haya elegido la confrontación con el kirchnerismo, estrategia que le permitió imponerse en las elecciones de octubre.

En su pelea retórica con los K, calificó a los dirigentes de ese espacio de “ignorantes”, “delincuentes” o “chorros” y justificó que Cristina Kirchner estuviera presa. Es más, aseguró que “va a seguir presa por la causa de los cuadernos, por el Memorándum de Irán”, mientras de fondo el coro libertario gritaba “¡Tobillera, tobillera!”.

Estratégicamente, Milei atacó el corazón de la ideología peronista al afirmar que durante el último gobierno de Alberto Fernández dejaron sin sus derechos a la mitad de los trabajadores, que estaban en negro, además de que el 30% de los trabajadores eran pobres.

Si bien había cierta expectativa de anuncios dirigidos a los sectores más golpeados por la microeconomía, el Presidente apenas mencionó la necesidad de rebaja de impuestos y reiteró en varias oportunidades la apertura de la economía como pilar de la política económica.

Milei llegó a trazar una realidad a partir del índice de inflación cuyo lado B está dado por el cierre de comercios, pymes y el incremento del desempleo por la desigual competencia con las importaciones y con los productos chinos. “Suben los salarios, los precios son mas bajos y el consumo aumenta”, dijo. Incluso el Presidente fue más allá al asegurar que con su política económica, “solo pierden los ineficientes y los delincuentes”. Un mensaje poco empático.

Sin dar demasiados detalles, en varias oportunidades el mandatario libertario otorgó al Congreso nacional un rol protagónico para este año y consideró que es hora de abrazar políticas de estado, una deuda pendiente de la clase política pero al mismo tiempo un recurso improbable si no se establecen consensos. ¿Estará pensando en un esquema con la liga de gobernadores que solo deje afuera al krichnerismo y a la izquierda?

Walter Schmidt

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