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Durante mucho tiempo, de la mano de Aníbal Fernández, el inefable ministro de Seguridad y Justicia del kirchnerismo, se la trató, despectivamente, de “una sensación”. Y el tema brilló por su ausencia en el discurso oficial. Pasó el tiempo, y el problema siguió y sigue estando fuera del foco de la atención pública. Tal como pasa con la corrupción, de la inseguridad tampoco se habla.
La nueva entrega del Monitor de Inseguridad, que cada seis meses presenta el Observatorio de Psicología Social de la UBA en once grandes conglomerados urbanos del país arroja datos preocupantes. Al preguntar cuál es el principal problema que tiene hoy la Argentina, con el método de respuesta espontánea, la inseguridad aparece al tope, seguida por la economía/ pobreza. Según consigna el trabajo, de ambas responsabilizan a los políticos, tanto al kirchnerismo como a Milei. Un teléfono que deberían atender.
En respuestas múltiples, los bajos salarios cosechan el 61% de las menciones, la pobreza y la corrupción igualan en 55% y la inseguridad se lleva el 52%.
Miedo, impotencia, alerta y preocupación permanente, bronca, hartazgo y angustia son las sensaciones que mejor definen, de acuerdo con las respuestas, el efecto de la inseguridad en la gente.
Al inquirir por la gravedad que representa para cada uno este problema, el 35% contesta que es “extremadamente grave”, el 27%, que es “muy grave” y un 21% lo define como “bastante grave”. La suma da 83%.
Tal vez no sea casual que la Argentina haya terminado a la cabeza del ranking de los países más estresados en 2025-2026, en el informe elaborado por Statista Consumer Insights, con el 49% de los adultos del país declarando niveles frecuentes de ansiedad y estrés.
Lo peor es que ya hemos naturalizado conductas que de normales no tienen nada: casas con rejas, alarmas y demás estrategias que muchas veces no sirven para nada, máxime si la víctima es encañonada apenas baja del auto; mujeres que manejan con una cartera trucha en el asiento de al lado y la verdadera a buen resguardo; gente que sale con un celular en desuso a mano y el otro escondido en caso de arrebato, hasta portones para cerrar barrios, como se propuso en la cordobesa Villa Allende o el peligrosísimo extremo de quienes deciden armarse en su propia defensa.
Según el Monitor, un 30% dice que la problemática “aumentó mucho” respecto a un año atrás y el 28% considera que “aumentó algo”. Por localidad o zona, calificando 1 como localidad muy segura y 10 como muy insegura, Mar del Plata aparece al tope con 8,7, seguida por el Oeste del GBA con 8,2 y La Plata con 8. En el otro extremo, el Norte del GBA obtiene un 6, seguido por la Ciudad de Buenos Aires con un 6,3. El informe preliminar del Mapa del Delito porteño 2025 mostró una baja en homicidios y en los robos con armas y de autos respecto al año anterior.
Dada la poca ocupación del poder político de todos los colores en el tema, no extraña que las expectativas respecto a una mejora en la seguridad ciudadana sean negativas: el 63% cree que la inseguridad aumentará “mucho o algo” en los próximos seis meses. Bastante estremecedor, 7 de cada 10 considera “muy probable” o “bastante probable” ser víctima de un delito en el corto plazo. Y el 51,5% ´de los entrevistados manifestó que él o un familiar habían sido víctimas de un delito en los últimos 6 meses.
En la siguiente respuesta radica otra parte del problema: el 44% de ellos dijo no haber hecho la denuncia. La mitad, porque considera que “es una pérdida de tiempo y es muy probable que no hagan nada”, y el 30% porque dijo no confiar en la Justicia.
El Congreso acaba de aprobar la baja en la edad de imputabilidad a 14 años. Es apenas una medida. Que no resolverá nada por sí sola. Que el que las hace, las pague. ¿Pero quién evitará que las haga?
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