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Globalización o caos

hace 5 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Globalización o caos

En los 40 años que pasaron entre 1914 y 1945, en el mundo murieron en forma violenta más de 100 millones de personas -la Primera y la Segunda Guerra Mundial- más la “peste española” de 1918-20-. Fue el periodo más sangriento en la historia de la humanidad.

Por suerte, aprendimos. Se organizaron las Naciones Unidas (con sus centenares de organizaciones temáticas), las organizaciones regionales -la UE, el NAFTA, la OEA, el MERCOSUR, el Sudeste Asiático, la Unión Africana, entre otras. Toda esta red de agrupaciones se caracterizaron por su debilidad. No tenían capacidad de imponer sus decisiones y requerían -y requieren- largos y complejos procesos de negociación y diálogo.

Sin embargo, garantizaron el periodo más largo de paz -80 años- mas allá de los conflictos binacionales y/o regionales que se siguieron produciendo, pero se “encajonaban” en compartimentos estancos, impidiendo que se generalizaran y, además, se pudo evitar que ocurriera -intencional o accidentalmente- un ataque nuclear que pudiera desencadenar un imparable Holocausto nuclear global. Un logro extraordinario que no puede menospreciarse.

Sin embargo, la “moda” nacionalista y populista actual tiende a identificar este proceso global como una conspiración contra los legítimos intereses de las comunidades nacionales. Nada más alejado de la realidad. La creciente circulación de los capitales, las personas, los bienes, los servicios y las noticias, aumentan la interdependencia de la humanidad, así como la irrelevancia perniciosa del aislamiento.

El multilateralismo amplía las posibilidades de participación de los países pequeños y medianos y limita el poder de las dos o tres superpotencias que prefieren ejercer en forma fáctica y bilateral su capacidad de imponer sus deseos e intereses. Por supuesto que se requiere una profunda reforma de estas instituciones, pero no para debilitarlas ni destruirlas, sino para fortalecerlas y permitir que cumplan con sus objetivos fundacionales: que impere la paz y un sistema de normas previsibles que permita a la Humanidad resolver sus problemas pendientes: la eliminación de la pobreza y el cuidado del Medio Ambiente.

El verdadero imperio de la libertad, es el reparto justo de las responsabilidades sociales, defendiendo los Derechos Humanos y los derechos individuales, impidiendo que el “instinto autoritario” -propio de todos los seres humanos- pueda instalarse, una y otra vez, repitiendo los horrores que ya conocemos y que podemos y debemos limitar y, si se puede, erradicar.

El siglo XXI es un desafío constante a la imaginación y la creatividad, la IA así lo demuestra. No recurramos a las respuestas reduccionistas y simplistas, propias de las mentes más delirantes e ignorantes que pretenden unificar el pensamiento desde su eliminación lisa y llana. Lo que se imaginó en las barricadas del Mayo francés y se frustró -”la imaginación al poder”- hoy está a la vuelta de la esquina.

Diego Guelar

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