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A lo largo de su historia independiente que ya lleva más de un siglo, Noruega se enorgullece de distintos exponentes culturales como Ibsen en el campo literarario, Grieg entre los compositores o Munch en las artes plásticas, por citar a los más famosos. En el cine la participación noruega parece más limitada, al menos en relación con sus “colegas” nórdicos (Suecia, Dinamarca) pero el suceso de Valor Sentimental, la película de Joachim Trier con nueve nominaciones al Oscar, podría ser uno de los símbolos de una nueva era. En realidad, hace tiempo que Noruega desarrolla un trabajo planificado y sostenido en relación a la industria cinematográfica.
“La industria audiovisual y de cine en Noruega ha experimentado un crecimiento significativo debido a diversas razones, como incentivos gubernamentales, subsidios a la producción y un entorno favorable para la creatividad. En 2025, la industria contribuyó de manera importante al PBI del país, atrayendo inversiones extranjeras y colaboraciones internacionales”, cita un informe de la Comisión del Cine de Noruega, que centraliza parte de ese trabajo. Y también financia gran parte de la producción local.
Lo hace en vínculo con Innovation Norway (el principal instrumento del reino para la innovación), promoviendo al país como “destino turístico y cinematográfico y desarrollando una industria sostenible”. También con la Asociación de Productores Noruegos, que representa a 140 empresas de producción independiente en todos los formatos audiovisuales, y la Asociación de Cineastas.
Una década atrás, los números eran bajos en relación a países más fuertes de esta industria, pero siempre en crecimiento: habían financiado apenas 23 películas, de las cuales 16 se exportaron con una recaudación de 6,5 millones de dólares.
Al mismo tiempo, se potenció a la geografía de Noruega para las locaciones. Algunas de las producciones, inclusive de los grandes estudios de Hollywood, eligieron aquellos paisajes nórdicos. Un rumbo que había marcado “El imperio contraataca”, de la serie de Star Wars, hace varias décadas cuando filmaron en el glaciar Hardangerjøkulen, en la ruta de Oslo a Bergen. Pero que siguió con Harry Potter y el Príncipe mestizo en 2009 y, posteriormente, con una de las películas de Misión Imposible (con Tom Cruise) o la primera versión de Dune, con Timothee Chalamet, filmada en la región de Stadlandt. También Tenet de Christopher Holan, se filmó en los alrededores de la Opera de Oslo y Kingsman, el Círculo Dorado en la carretera turística de Trollstigen.
En nuestro país, el cine noruego tenía escasa presencia, apenas se habían estrenado aquí unas 30 películas pero el vertiginoso cambio impuesto por las plataformas modifica ese panorama. Cinco años atrás, en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, se realizó un ciclo exclusivo de cine noruego y entre los ochos estrenos estuvo “El 12° hombre”, una película que ahora se destaca en una de aquellas plataformas y que se refiere a la resistencia noruega frente a la invasión nazi. En el rol protagónico actúa Thomas Gullestad, un rapero de Oslo.
“Valor Sentimental” está ahora de moda y hace subir el nombre de su director Joachim Trier, oriundo de Dinamarca pero productor en Noruega y que ya había impresionado con obras como Oslo 31st y La Peor Persona del mundo, también disponible en las plataformas.
Otro nombre que apareció en la Argentina es Dag Johan Haugerud, cuya Trilogía de Oslo, del año pasado, fue presentada en el Festival de Mar del Plata.
Y si hasta ahora Liv Ullman era el nombre excluyente entre las artistas noruegas –musa y esposa de ese gigante llamado Bergman- ella había recibido dos nominaciones al Oscar. Ahora “Valor” compite en nueve, incluyendo como mejor película absoluta y mejor internacional. Pero, además, su cuarteto de actores también estarán en la gala de los Oscar: Renate Reinsve está entre las nominadas a mejor actriz, el sueco Stellan Skargard como actor de reparto y, las otras dos protagonistas, Inga Ibsdottier Lillerss y la estadounidense Elle Fanning en “reparto”.
Valor Sentimental trata sobre una exploración familiar entre un padre y dos hijas. También habla sobre el pasado, las dolencias, la memoria y cómo el arte funciona para transformar relaciones. El drama está centrado en Nora Borg, una reconocida actriz de teatro, quien se reencuentra con su padre, director de cine. “Cuando nos preguntamos por qué nos gusta tanto el cine, películas como Valor sentimental podrían resumir la respuesta. Porque su trama nos lleva de la mano por más de dos horas que ni se sienten, y eso que se siente mucho desde este lado de la pantalla con el filme de Joachim Trier (…) Nada parece forzado, todo es fluido hasta un desenlace tierno y conmovedor. De esos que nos hacen sentir bien, pese a lo que veamos en la pantalla, a la hora de ir al cine”, escribió Pablo Scholz en Clarín.
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