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Milei viaja en su burbuja triunfalista

hace 24 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Eduardo van der Kooy

Basta con haber espiado los últimos días las redes sociales que utiliza Javier Milei para descubrir el estado de ánimo exultante que parece envolverlo. Siempre el mayor estímulo para sus alegrías resultan las novedades económicas. Subrayó el 4,4% de crecimiento económico que, según el Indec, terminó arrojando el 2025. También el superávit de funcionamiento que tuvo en el mismo período Aerolíneas Argentinas. Una rareza de la historia. Alabó las exportaciones del agro durante enero.

Su fraccionamiento de la narrativa descubre picardía e intencionalidad política. Prefirió no detenerse en los detalles de aquel crecimiento empujado en especial por el campo y las finanzas. Con fuerte caída de otros sectores (industria y construcción). Entró en el tema inflacionario, aún inquietante para el Gobierno, a través de una diagonal. No refirió a los índices bien por encima del 2% que suceden desde septiembre del año pasado. Optó por reiterar su embestida contra un grupo de empresarios a los cuales llamó “delincuentes” y los acusó de haber hundido a los argentinos.

Fue implacable en ese sentido como ni siquiera se animó en su tiempo el kirchnerismo. La culpa la tienen los otros. Cargó otra vez contra Paolo Rocca, de Techint; Javier Madanes Quintanilla, de FATE y Roberto Méndez, de Neumen, una empresa de neumáticos que reconoció que durante los años de mayores restricciones a las importaciones las empresas aplicaron márgenes de ganancias elevados. Agradeció esa confesión para declararse ganador en un tópico de la “batalla cultural” que supone estar librando. Mezcló en la misma bolsa peras con manzanas. Ni Rocca ni Madanes aludieron a la irregularidad que describió Méndez.

Buena estrategia presidencial para enlazar la espiral inflacionaria que dejó como herencia el kirchnerismo (211,4% anual) con un presente mucho más confortable aunque con un alza de precios que se ha estacionado entre 2,5 y 3 % mensual. La misma línea se mantendría en febrero. Esa tendencia es la que parece haber instalado un debate desagradable para el oficialismo que, entre varios economistas, disparó el ex ministro Domingo Cavallo. ¿La Argentina ha ingresado en un ciclo de estanflación? Así se denomina un proceso productivo amesetado con un alza de precios persistente.

Existe una realidad a la vista muy difícil de ser negada. Se vuelve a producir otro de los tantos fenómenos que suele caracterizar a la economía nacional. En la administración de Alberto y Cristina Fernández estalló uno de aquellos. Los trabajadores registrados que empezaron a sumergirse por la deformación de los valores en la línea de pobreza medida por el Indec. Ahora puede advertirse un crecimiento económico que por su disparidad produce al mismo tiempo la pérdida de empleo.

La anomalía se disimula por el crecimiento del monotributismo y el trabajo informal. Tampoco está representada únicamente por el impacto que provocó el cierre de FATE. Solo en el último mes se pudo recoger la siguiente estadística: conflicto en 12 fábricas, 9 de las cuales significaron el cierre de plantas y otras 3, un sistema solo de despidos.

Milei prefiere no detenerse en esa contradicción. Valora que está iniciando su tercer año en el poder en condiciones objetivas más satisfactorias que aquellas que tuvieron Alberto Fernández y Mauricio Macri. Para ambos representó el inicio de un declive que desembocó en la imposibilidad de sus reelecciones. Los trabajos de opinión pública siguen mostrando al líder libertario con niveles de buena aceptación. A veces oscilantes.

La consultora ARESCO ubica esa valoración entre 48% y 50%. Un trabajo de Delfos ofrece otra versión. Le adjudica a Milei un 40% de respaldo social consolidado y un 50% de rechazo disperso. El 10% restante bascula. Trespuntozero, de Shila Vilker, también menciona un 40% de apoyo. Aquellos números poseerían fluctuaciones en la evaluación puntual de la coyuntura económica. Un 60%, de acuerdo con ARESCO, la valora de manera negativa. Un 38% lo haría de forma positiva. Predomina un clima atravesado por distintas corrientes en las cuales, sin embargo, se conserva un promedio elevado de expectativas a futuro. ¿Por cuánto tiempo más? El informe de ARESCO apunta que de aquellos que tienen opinión favorable de Milei, al menos la mitad estaría dispuesta a esperar algún resultado hasta el final del mandato.

Esa pista débil parece haber estimulado el entusiasmo libertario para comenzar a pergeñar el 2027. ¿No será demasiado pronto? ¿No sonaría imprudente de cara a la frágil estabilidad? La política acostumbra ser un motor indetenible y pretencioso. La Casa Rosada evalúa que el Presidente arranca esta segunda mitad de su mandato mucho mejor posicionado que en la primera. No les falta razón.

Quedaron atrás los fantasmas de la gobernabilidad. Progresó en un tramo sustancial del ajuste que tuvo como emblema la motosierra. Después del sofocón de septiembre en Buenos Aires llegó la gran consolidación en las legislativas de octubre. A partir de ese momento parecieron ocurrir dos cosas de manera paralela. Milei ancló su centralidad política siempre vigente. En idéntica proporción la oposición comenzó a deshilacharse.

Tal simultaneidad repuso la fantasía reeleccionista libertaria. Con Karina Milei y Eduardo y Martín Menem en punta. En ese mundo opaco conjeturan que con el tiempo que resta hasta el 2027 ni el kirchnerismo ni los peronistas disidentes podrían construir una alternativa de futuro que no dañe la demanda popular de un cambio que continúa vigente. Quizá pecan en su análisis de cierta contaminación de “la casta” que cada vez merodea más la comarca oficialista.

La realidad exhibe en esta época mucha mayor volatilidad que en otros tiempos. Los libertarios deberían aprender, tal vez, de su propio éxito. El fracaso de los Fernández, un año antes del 2023, prometía franquear de nuevo el acceso al poder a Juntos por el Cambio. El deterioro general y la indignación posibilitaron la filtración inesperada de Milei. Fueron meses mientras los libertarios estaban representados apenas por una dupla de diputados en el Congreso.

Habrá que observar, por otro lado, cómo evoluciona la reconfiguración política que sufrió la escena. El Gobierno parece haber aprendido una lección después de los tropiezos de su primera mitad. La gobernabilidad solo resulta posible asegurarla a través de los acuerdos. De esa manera, con un trámite quizá demasiado expeditivo, resultó aprobada la reforma laboral en Diputados y el Senado. También el Régimen Penal Juvenil, que baja a 14 años la imputabilidad para menores, la media sanción a Ley de Glaciares y el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea. Detalle: el oficialismo habría cumplido con la agenda completa –asunto poco frecuente-- en las sesiones extraordinarias.

El Presidente y sus ingenieros políticos aprovecharon para lograr su objetivo con el déficit opositor. El kirchnerismo está refugiado en Buenos Aires sin lazos firmes con históricos gobernadores del PJ. Falta liderazgo, que no representa aún Axel Kicillof. Falta conducción con Cristina Fernández callada. Falta además una narrativa que pueda cuajar en el conjunto. Para colmo aquellos que se meten a hablar la embarran. El mandatario de La Rioja, Ricardo Quintela, sostuvo que Milei no debería llegar hasta el 2027.

La alianza con gobernadores peronistas resultó clave para el avance libertario. Raúl Jalil, de Catamarca; Osvaldo Jaldo, de Tucumán, y Gustavo Sáenz, de Salta, facilitaron las mayorías holgadas que el oficialismo, sobre todo con la reforma laboral, logró cosechar. Ninguno de los aliados, por otra parte, les falló. En ese cambio cualitativo existieron dos figuras que tallaron: Diego Santilli, el ministro del Interior, y Patricia Bullrich, la mujer que ordenó el Senado.

La desorientación y pérdida de olfato del kirchnerismo estuvo simbolizada por un dato. En el Senado asistió al debate de la reforma laboral sin poseer dictamen alternativo. Se replegó en el rechazo y la presunta inconstitucionalidad. Por razones reglamentarias se negó a elaborarlo en la Comisión de Trabajo. Vacío que explica además las dificultades de la CGT para afrontar el mismo conflicto. La última carta apuesta a jugarla en la Justicia.

El Gobierno apuesta a retener, al menos durante este año, aquella amalgama con gobernadores, sobre todo del PJ, para intentar progresar con su agenda. Sabe que el año que viene las condiciones podrán modificarse por la llegada de otro año electoral. Así se explicaría la decisión de invitar a una decena de gobernadores para que acompañen a Milei al Argentina Week, que se realizará en Nueva York del 9 al 12 de este mes.

La elección respondió a una necesidad precisa. Los convidados son gobernadores de provincias que atesoran ofertas en minería y energía. Mendoza, Chubut, San Juan, Santa Cruz, Neuquén, Catamarca, Jujuy y Salta. El Presidente pretende exhibirlos por dos razones. Como representantes de geografías abiertas a inversiones y negocios. Como pares que estarían dispuestos a acompañarlo y brindarle la gobernabilidad a largo plazo que demandan Washington y el FMI.

Detrás de esa aparente concordia se ocultan las cuitas de siempre. Karina le está ganando a Santiago Caputo la pulseada para sustituir a Mariano Cúneo Libarona en Justicia. El abogado que como ex directivo de Racing redactó en su época el estatuto que impide el ingreso de las SA en el fútbol del club de Avellaneda. También fue apoderado de una de las listas de aquel bochornoso empate en 38 –los votantes fueron 75-- cuando debían renovarse las autoridades de la AFA. Así se terminó engendrando el reinado cloacal de Claudio “Chiqui” Tapia.

Un conjunto de cosas demasiado insignificante para interrumpir la marcha triunfalista de Milei.

Eduardo van der Kooy

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