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Necesitado de alguna noticia con cierto impacto social favorable, el Gobierno salió rápido a festejar el 4,4% que creció la actividad económica en 2025 respecto de 2024: “A los profetas del caos este dato no les va a gustar”, fue el mensaje triunfal que transmitieron a coro Javier Milei y Luis Caputo.
Claro que si se pone el ojo no en un punto, sino en la serie del INDEC se advertirá que el índice de diciembre 2025 es poco menos que idéntico al de mayo de 2023, o sea, al de hace 31 meses. La conclusión, a gusto del consumidor.
De seguido, si se abre el paquete tenemos que el 4,4% se sostiene por completo en el 32,2% de agricultura y ganadería {puro trigo), mientras la industria manufacturera y el comercio, mayorista y minorista, muestran sendos rojos del 3,9% y del 1,3%, respectivamente. La construcción aparece con un 0% redondo, esto es, nada de nada.
Según cifras del Centro de Estudios de la UIA basadas en datos de la Secretaría de Trabajo, entre noviembre 2023 y noviembre 2024 en la industria manufacturera se perdieron 25.222 puestos de trabajo y 98.060 si la referencia es octubre 2013, el máximo de la estadística. Para noviembre 24 versus noviembre 23, la construcción anota una caída de 68.453 empleos.
Nada de profetas del caos ni de kukas u otras especies del diccionario de la Casa Rosada; estamos hablando de datos de la Secretaría de Trabajo. Y dado que son los últimos conocidos, puede suponerse que ese cuadro laboral no ha cambiado o no ha cambiado demasiado, si se prefiere.
En tren de contrastes, algunos a propósito de las operaciones financieras. Uno cuenta que, mientras actividades rigurosamente productivas se venían abajo, los negocios del dinero avanzaban al 14,1% y, aunque se perdían empleos, nada resultaba parecido a los 98.060 de la industria manufacturera: la denominada intermediación financiera marca “apenas” 1.529.
Otro registro de la realidad, el avance de las importaciones, la apertura económica que le dicen.
En el sector automotor saltaron de US$ 12.464 millones a US$ 17.214 millones, o sea, un 38% contra exportaciones que en vez de aumentar retrocedieron 3%, de US$ 9.070 a US$ 8.820 millones. Puesta en moneda dura, la diferencia canta US$ 8.384 millones y se queda en China, la gran ganadora entre los veinte países que concentran el intercambio comercial con la Argentina.
Todo de estos tiempos, igual que los 63.000 empleos públicos que la motosierra libertaria barrió desde noviembre 2023. Y ya vamos por arriba de 200.000, sin entrar en detalles respecto del 43% de la fuerza de trabajo que opera en la informalidad, sin coberturas laborales y sociales básicas ni aportes jubilatorios.
Cierra el círculo la ley de “modernización laboral” o como cada cual quiera llamarle al modelo que los librepensadores mileístas han ideado y pretenden encajar en una estructura desestructurada por donde se mire, aunque eso sí puesta al servicio de objetivos decididos desde el poder.
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