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Hay una cierta predilección por los sitios yermos y vacíos que se percibe en la trayectoria parabólica que va desde el médano de Amado Boudou hasta el páramo elegido por la AFA para establecer su domicilio legal presuntamente lejos de incómodos veedores.
Es la estrategia del desierto. Se buscan espacios, o mas bien agujeros negros, allí donde no hay nada, manifestando una vocación por la aridez, por lo inexistente, por la evasión hacia lo nulo y la invisibilidad.
Ahora en el baldío conurbano elegido por la AFA para camuflarse ante los inspectores de la Inspección General de Justicia que deben investigar sus cuentas, han comenzado a construir una precaria vivienda, exhibiendo que en el desierto puede erguirse un alucinado pero burdo oasis que no convence a nadie.
Boudou había provisto una dirección en la arena para esconder la investigación sobre bienes que no quería que fueran descubiertos.
Ya en el primer siglo después de Cristo el poeta romano Juvenal había predicho fenómenos perennes.
El pueblo abdica de sus preocupaciones…y ansiosamente sólo desea dos cosas: pan y circo.
Con música lejana de Boudou desafinando y a los gritos, que llegan desde la historia, la AFA se emparenta con los inenarrables Tapia y Toviggino, amparándose en una treta asombrosa: esconderse en ninguna parte.
Balances sin explicaciones, derivaciones de dinero sin amparo legal y detallado, eventual lavado a gran escala y mil trucos emboscados dentro del circo.
El campeonato del mundo, y los éxitos subsiguientes, pensaron, sería la cortina perfecta para manejar dinero ajeno sin que a nadie le importara.
Pero, Juvenal que tuvo razón en general durante tantos siglos, encontró aquí una excepción.
El circo no alcanzó para que las investigaciones cesaran, para que nadie advirtiera que las eventuales estafas se multiplicaban, que la Copa de Qatar habría de enceguecer a todos.
El deporte es crucial. Es la educación de los cuerpos, la astucia, la belleza, la danza, en éste caso con la pelota que la Argentina ha sabido honrar tanto.
Se le entregaba al pueblo trigo barato, subsidiado; pan, financiado con tributos.
El sistema se denominaba Annona, era el órgano administrativo del imperio que acumulaba el trigo, y lo distribuía para despolitizar a las masas con alimento básico, y conjuntamente con el cruel espectáculo de los leones y los gladiadores, mantener a las mayoría disociadas del sentido de realidad.
La Diosa romana Annona era la deidad de la prosperidad y del suministro del grano para todos y todas.
Pero había oleadas de corrupción. Funcionarios diversos acumulaban el trigo, especulaban y comercializaban buana parte en el mercado negro. Se manipulaban las listas de los beneficiarios según el apoyo que esos funcionarios, gobernadores provinciales, y altos jerarcas del senado recibían de los hambrientos.
Y el circo solo no alcanzaba. Surgían crisis recurrentes. Funcionarios investigados, caídos en desgracia, otros redivivos, y otros que sucedían a los descubiertos en sus tropelías que volvían a cometerlas suponiendo que ellos no, que ellos no serían descubiertos.
Acontecía entonces, y hoy también ese momento de ruptura con la demagogia en la que la plebe elegía el rol activo de la ciudadanía.
Abandonaba la pasividad excitada de las tribunas, y rugía -con más virulencia aún que los leones- clamando por su propia supervivencia.
La demagogia y el populismo histórico existen, y subsisten en diversas dosis aunque cambien los gobernantes.
Es así siempre, pero también ocurre que los conflictos no se adormecen con manipuladoras anestesias infalibles.
Ya nadie cree que el médano de Boudou o la tierra yerma de la AFA, sea el hábitat de los Santos Inocentes.
El médano de Boudou fue el prólogo; el baldío de la AFA es el escarnio final. El circo ya no alcanza: ahora toca pagar la cuenta.
Tapia o algunos de sus cuadrúpedos sometidos, tuvo la idea de vestir a los jugadores de algunos clubes reclamando el cese de la persecución a la AFA.
Hay amantes del caos, deliberados anarquistas, muchas veces tutelados por patrones ocultos.
Hay minorías que asumen la radicalización, que rompen la calma explotando ruidosas en las calles buscando la confrontación.
Y la violencia brota, las corridas, los gases, una locura que no es normal, que se descontrola, y que sigue siendo frecuente.
Y el Caballo de Calígula galopa simbólico y fantasmal por los médanos y los descampados, y con la crin recortada y abanicada por sus esclavos.
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