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Ganadores y perdedores en la "guerra" de Milei con los empresarios

hace 20 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Ganadores y perdedores en la "guerra" de Milei con los empresarios

El Gobierno impulsó una reforma laboral que reúne reclamos que los empresarios de la Argentina acumularon durante décadas. Derogó cientos de resoluciones y normativas que, según aseguró una y otra vez el ministro Federico Sturzenneger, convertían en una odisea la intención de hacer negocios. Promovió leyes y decretos que, en muchas ocasiones, contaban con artículos enteros escritos por los abogados de empresas privadas o de cámaras que los reúnen. Sin embargo, el Presidente lleva varios días peleándose con algunos de los empresarios más importantes del país. ¿Cómo es posible que eso ocurra?

En una primera respuesta hay que decir que Javier Milei no se está peleando con todos los empresarios: eligió castigar a dos industriales que reaccionaron frente a la decisión de abrir la economía. Reaccionaron de un modo que a Milei no le gustó.

Uno de ellos, Paolo Rocca, intentó bajar el precio de una partida de caños cuando la empresa privada que los necesitaba para una obra de infraestructura energética anunció que se los iba a comprar a una fabricante india que trabaja con acero de origen chino.

El otro, Javier Madanes Quintanilla, optó por una solución más drástica para responder a la amenaza china y cerró Fate, la histórica fabricante de neumáticos argentina.

A pesar de que sus reacciones fueron distintas, Milei los trató igual. Les puso apodos propios de algún dibujito animado mal traducido y los acusó de operar contra su gobierno.

No se conoce aún por qué el Presidente reaccionó tan descarnadamente por un comportamiento que él conoce bien y que maneja cualquier persona que haya leído a los clásicos del pensamiento económico. Según esos autores, las personas que actúan en el mercado buscan, básicamente, una cosa: satisfacer sus intereses personales. En el caso de quien va al mercado a comprar, busca pagar lo menos posible. En el caso de quien fabrica algo, busca vender mucho al precio más alto que pueda. Esto es una obviedad, pero sirve para decir que ningún empresario deseó nunca que aparezcan nuevos competidores que venden lo mismo que vende él. En todo caso, hay empresarios que piden que se abra el mercado para que ingresen al país insumos más baratos, pero es muy difícil de encontrar uno que pida que se eliminen las barreras para que entren empresas que venden lo mismo que él fabrica.

Por eso es que Adam Smith tuvo que recurrir hace ya 250 años a la esotérica metáfora de la “mano invisible”: porque fue el único modo que encontró para explicar el milagro de que actores que persiguen exclusivamente su interés individual terminan consiguiendo el beneficio colectivo.

Para decirlo de otra manera, es inútil que Javier Milei espere la satisfacción de los empresarios industriales con la situación de la economía hoy. Ellos nunca pedirán la apertura de sus mercados, pero siempre estarán interesados en que se abran las puertas para que ingresen los productos que ellos necesitan a menor precio. Para entenderlos alcanza con recordar qué es lo que motiva a cualquier agente de la economía, según los autores más citados del rubro.

¿Por qué los empresarios no agradecen lo que estamos haciendo?, se preguntó, con otras palabras, el ministro de Economía, Luis Caputo.

La pregunta pasa por alto que, salvo para la explicación marxista, los empresarios tienen tantas diferencias entre sí como cualquier otro grupo humano.

En rigor, si se deja de lado la baja de la inflación que celebra toda la sociedad, los empresarios industriales no tienen mucho para agradecerle a Milei hasta ahora. La decisión del Presidente de abrir la economía a las importaciones, sobre todo en un momento en que abrirlas es casi lo mismo que decir que se abren para que ingresen más productos chinos -un país que produce a precios que el resto del mundo no puede seguir- puso en peligro u obligó a desaparecer a cientos de empresas en los últimos dos años.

El Gobierno dejó muy claro que apuesta a convertir a la Argentina en un país exportador de productos agrícolas, mineros, energéticos y, en el mejor de los casos, de la economía del conocimiento.

Sin embargo, los funcionarios nunca dijeron qué planes tienen para las empresas que no se dediquen a esos rubros y tampoco para las que funcionan como proveedoras del campo, las minas o las petroleras. ¿Existen planes para desarrollar el entramado de industrias que funcionan alrededor de esos grandes vectores? ¿Algún funcionario está pensando en políticas de fomento de la industrialización de esos productos primarios? La experiencia de estos meses indica que no, y que a lo sumo ven la posibilidad de que se integren algunas empresas de servicios a esa fiesta, pero las respuestas son claves para conocer qué niveles de empleo tendrá el país en los próximos años y también para saber cómo se repartirá la riqueza entre las distintas regiones de la Argentina.

El de Milei no va a ser el primer gobierno que tome decisiones prescindiendo de las opiniones de los sectores que están directamente involucrados en ellas, pero son muchos los dirigentes de La Libertad Avanza que empiezan a ver los límites políticos de esa estrategia.

Hay otro límite que no tardará en aparecer. La pelea de Techint y el cierre de Fate se pueden explicar como dos episodios diferentes que provocó la avanzada de China por conquistar mercados que le permitan reemplazar las ventas que hacía a Estados Unidos.

En este punto, Milei y China quedaron del mismo lado de la batalla entre el libre comercio y el proteccionismo.

Es verdad que Trump ya le avisó a Milei que no se quejaría por el incremento de la relación comercial entre la Argentina y China, pero nunca le dijo que esa tolerancia se convertiría en infinita.

Ignacio Miri

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