Tras el fallo adverso de la Corte Suprema, ¿cómo sigue la saga de los aranceles, Gekko? ¿Puede Trump volver a erigir la misma muralla de recargos, pero invocando una base legal más sólida? La Bolsa primero subió, pero después se arrepintió. ¿Qué la hizo cambiar de opinión?
Gordon Gekko explica que el nuevo arancel temporal de Donald Trump enfrenta desafíos legales y un nuevo informe de inteligencia artificial asustó al mercado.
Periodista: La Corte Suprema anuló los aranceles de emergencia que sancionó el presidente Trump. Carecía de autoridad para aplicarlos, dijo, aunque invocara una emergencia económica, que tampoco existe.
Gordon Gekko: Existiera o no, eso es irrelevante para el fallo. Lo que importa es que el Ejecutivo no puede establecer impuestos, y ello incluye a los gravámenes al comercio exterior. Esa es una facultad exclusiva del Congreso. La Corte lo ratificó con su sentencia.
P.: Y, sin embargo, Trump redobla la apuesta. Respondió creando un nuevo arancel universal del 10% (¿o del 15%?). Invoca ahora otra ley de los años 70 que lo autoriza en caso de crisis de balanza pagos.
G.G.: En ese marco específico, la ley de comercio de 1974 lo permite por un período de 150 días.
G.G.: Que se sepa, no. Todos sus pagos están corrientes. Y no se verifica ninguna perturbación.
G.G.: En efecto. El gobierno aducirá una crisis de balanza comercial, lo que no es lo mismo (ni tiene los mismos remedios).
G.G.: Los citados 150 días. A menos que la Justicia declare su improcedencia con anterioridad, lo que – conociendo sus tiempos - es difícil.
G.G.: Es muy probable. En ese caso, el límite efectivo lo volverá a imponer la Justicia.
P.: Trump buscará otros caminos para mantener en vigencia el sistema arancelario que diseñó y lo hace sentir tan orgulloso.
G.G.: De acuerdo. Tiene otras alternativas disponibles, las secciones 232 y 301, pero que requieren investigaciones específicas para identificar malas prácticas de los socios comerciales. Y eso lleva tiempo.
G.G.: Seguro. No va a poder mantener el tamaño de la protección que había montado hasta el fallo de la Corte Suprema. A menos que convenza al Congreso de aprobarlo.
G.G.: Pero el presidente ha hecho un uso muy casuístico de los aranceles. Recordar la alícuota de 50% que le impuso a Brasil por el procesamiento al expresidente Bolsonaro (como sanción por una “persecución política”). O las idas y vueltas con Suiza, el arancel subió a 39% y bajó luego a 15%, no sin antes recibir un reloj de oro donado por Rolex que supo verse sobre su escritorio en el Salón Oval. Hubiera sido imposible para el Congreso acomodarse a tantas sinuosidades. La idea de Trump es tener un garrote de uso discrecional, y expeditivo, a disposición.
P.: ¿Qué resultados puede tener la política arancelaria en estas condiciones legales tan precarias más allá de la voluntad de Trump de no torcer el brazo?
G.G.: En un primer momento sirvió para estimular acuerdos comerciales bilaterales en condiciones favorables para los EEUU, aunque muchos no están cerrados y ahora podrían rediscutirse. Esa amenaza, está claro, se relativizó después del fallo.
P.: Trump pretendía una relocalización de la actividad industrial en el país y una mayor creación de empleo.
G.G.: No hubo reshoring y ni siquiera una dinámica industrial mediocre. La expansión de la economía siguió impulsada por los servicios. Y la política migratoria mató la creación de empleos. De sumar 2,5 millones en 203 y casi 1,5 millones en 2024, el año pasado se añadieron apenas 181 mil empleos netos. Los aranceles sí sumaron recaudación, pero que ahora habrá que devolver.
G.G.: Es un berenjenal, pero esa no es razón para apropiarse de la recaudación que no corresponde.
P.: El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dice que ese particular no está resuelto.
G.G.: La Corte Suprema no trató el tema. Lo dejó para que lo encaminen los jueces y los tribunales menores.
P.: La Bolsa reaccionó al fallo con una suba el viernes. Pero el lunes pareció preocuparse y gatilló una caída fuerte. ¿Qué es lo que le hizo cambiar de opinión?
G.G.: La improvisación de la Administración es muy grande. Aunque el fallo no fue una sorpresa. El viernes, Trump anunció como respuesta un arancel global de 10%. El sábado lo elevó a 15%. Pero, en los hechos, finalmente se estrenó en 10%. ¿La Bolsa se asustó por estas muestras de desconcierto? No creo. Sí, por un informe sobre la inteligencia artificial (IA) que planteaba una situación hipotética en la cual los agentes de la IA podían disparar una espiral de destrucción de empleo, extraordinaria concentración de ingresos y caída vertical de la demanda agregada hacia 2028. No era una predicción sino un escenario posible, a examinar para entender mejor.
G.G.: Ya no se discuten sus avances. La aceleración es innegable. Pero eso genera vértigo. Por la disrupción que provoca la IA y por sus consecuencias. Y no porque se conozcan. Es todo lo contrario. Lo que asusta es lo que no se sabe. Es la sensación de haber abierto la caja de Pandora y ya no tener marcha atrás. A esta velocidad de los cambios, no es fácil rebatir (ni tampoco probar) escenarios potenciales de catástrofe. Estamos avisados. Mercados así son proclives a ataques de pánico. El lunes vimos un atisbo que se curó el martes sin ningún tratamiento especial. Es más psicología que ciencia dura.
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