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Un Trump que no admite límites

hace 20 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Un Trump que no admite límites

“Puedo destruir un país, tengo permitido hacerlo”. Ofuscado como pocas veces se lo vio, esto dijo Donald Trump durante la conferencia de prensa que ofreció para condenar públicamente el histórico fallo de la Corte Suprema de Justicia de EEUU que confirmó la ilegalidad de sus tarifas aplicadas contra terceros países. Se trata de un golpe que lógicamente es muy difícil de digerir para una personalidad como la de Trump, definida por la exasperante necesidad de dominarlo todo y, al mismo tiempo, de recibir permanentemente reconocimiento por sus acciones.

El bullying tarifario para buscar someter al otro imponiendo condiciones es Trump es estado puro. Es un arma que hasta ahora le había resultado fácil de utilizar, aunque con magros resultados para la economía estadounidense: El déficit comercial en bienes fue récord en 2025. Se sabía desde el inicio que esos aranceles eran inconstitucionales. La única duda era si los jueces de la Corte Suprema iban a tener la valentía de pronunciarse en pleno mandato presidencial. Y lo hicieron, demostrando que el sistema sigue funcionando, mal que le pese a Trump.

La deriva en el comportamiento de Trump -quien cabe recordar comanda la mayor potencia militar del mundo- es alarmante a estas alturas. El neoyorquino ha transitado las últimas semanas enfocado en una serie de disparatados proyectos de autocomplacencia, como imponer su nombre al aeropuerto de Palm Beach, o bien encabezar el lanzamiento del “Board of Peace”, un peculiar foro multilateral en el que Trump quedó consagrado como una suerte de monarca absoluto, secundado por Gianni Infantino y un puñado de autócratas de países menores. Lamentablemente, a este experimento trumpista también se sumó la Argentina.

El principal proyecto del foro es convertir a la devastada franja de Gaza en un gran proyecto inmobiliario bajo supervisión de Jared Kushner, cuñado de Trump. Mientras tanto, Trump tal vez decida finalmente atacar Irán. O bien quizás vuelva a la carga por Groenlandia, su esquivo “pedazo de hielo”. Nadie puede saber con certeza cuál será mañana la agenda y prioridades de Trump.

En paralelo a estos dislates que tienen en vilo a la comunidad internacional, es notable como ha escalado la obsesión de Trump por el control de la prensa y de sus críticos en EEUU.

Trump ha decidido restringir el acceso de los periodistas a áreas clave del gobierno y ha profundizado su campaña de juicios por supuestas difamaciones contra medios como The Wall Street Journal, ABC, NBC y CBS. Por otra parte, Trump apenas ensayó un retroceso táctico en el despliegue de su temida fuerza caza-inmigrantes, el ICE. Se vio forzado a ello debido a las conmocionantes muertes de dos civiles inocentes en Minesota. Aunque parezca mentira, todo esto está sucediendo en la otrora democracia modélica estadounidense.

¿Por qué tiene que importarnos y preocuparnos esto a los argentinos? Sucede que Javier Milei ha decidido un alineamiento total con EEUU basado, ante todo, en la predilección y admiración que siente por Trump.

Un sentimiento seguramente genuino, aunque sea difícil de explicar por al contraste entre las ideas de libre mercado que defiende Milei y las políticas proteccionistas abusivas de Trump. Lo cierto es que hemos quedado a merced de ese vínculo personal, como así lo demuestra el salvataje financiero del año pasado y el reciente tratado desigual que alegremente firmó la Argentina, cargado de imposiciones tarifarias y regulatorias.

La historia -incluida la de nuestro propio país- enseña que nunca es bueno en relaciones internacionales depender enteramente de la voluntad de un poderoso. Situación aún más peligrosa cuando el poderoso es un personaje como Trump.

Patricio Giusto es analista internacional y docente universitario. Director del Observatorio Sino-Argentino.

Patricio Giusto

Polítólogo (UCA) y Mg. en Políticas Públicas (FLACSO). Docente universitario (UCA). Director de Diagnóstico Político.

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