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Diputados que se “toman el trabajo” de leer la ley que tienen que votar y otros escándalos

hace 24 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Silvia Fesquet

“Me tomé el trabajo de leer toda la ley completa”. Lo dijo, muy suelto de cuerpo, uno de los diputados que participó de la sesión del jueves, cuando esa Cámara aprobó el proyecto de reforma laboral que volvió al Senado. ¿Qué esperaba, un aplauso? Leer una ley que tiene que votar, a favor o en contra, es lo mínimo que se puede esperar de un legislador. Que se “tome el trabajo” de hacer su trabajo, por el que además cobra varios millones de pesos cada 30 días.

Claro que si se tiene en cuenta que apenas días antes el Senado había votado ese mismo proyecto con el agregado del artículo 44, que planteaba una reducción del salario en caso de licencia médica sin darse cuenta de lo que votaban, tal vez la aclaración del diputado no fuera tan ociosa.

De no haber sido porque en una entrevista radial el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, se jactó del artículo que evitaba cobrar el sueldo completo en caso de que el empleado se hubiera lesionado jugando al fútbol y no en su trabajo, tal el ejemplo que dio, la ley lo hubiera incluido sin problemas.

Pero la incontinencia ministerial dio sus frutos,-aunque no deseados por El Coloso, como lo llama Milei-: estalló la polémica, nadie se hizo responsable de la inclusión del texto de la controversia entre gallos y medianoche y finalmente el 44 fue borrado de un plumazo.

Nada que desentone con la decadencia general que parecen empeñados en exhibir buena parte de los inquilinos de ambas Cámaras del Congreso.

Lo de la kirchnerista Florencia Carignano, propulsora férrea del Cristina libre, ex titular de Migraciones en el gobierno de Alberto Fernández, fue directamente inclasificable: como le disgustaba la ley que se estaba debatiendo, no encontró nada mejor que desenchufar micrófonos como si en vez del Honorable Congreso de la Nación estuviera en el living de su casa. Un disparate desde todo punto de vista.

Una de las primeras voces que se alzaron fue la de la libertaria Lilia Lemoine. En su estilo, claro. “¿Qué hacés, estás loca? Quedaste grabada, pedazo de loca”, gritó, en el mismo recinto donde alguna vez hubo representantes de lujo. La respuesta de Carignano fue una catarata irreproducible de insultos.

Lemoine ya ha dado sobradas pruebas de su” talento”. Pero siempre hay una perla más para agregar al CV. Una de las últimas fue perpetrada contra Ian Moche, -el nene autista que desde las redes sociales concientiza sobre los problemas que enfrentan las personas con discapacidad, y sus necesidades- , y su mamá. Lemoine dijo que la mujer “no está bien de la cabeza” y la acusó de “lucrar con un hijo menor de edad y llevarlo a los medios haciéndolo actuar de autista”. El psicólogo del nene le respondió con contundencia a la diputada y confirmó el diagnóstico de autismo.

La sesión dio para todo, hasta para el recitado de la Oda a Perón que hizo desde su banca la ex ministra de Trabajo de Alberto Fernández, Kelly Olmos, y jugadas del kirchnerismo para hacer caer el debate.

Una reforma tan trascendental como la que se apresta a votar el Senado esta semana hubiera merecido un tratamiento más largo, un debate más profundo, un análisis más pormenorizado, en vez de una sanción casi exprés. Eso es tan cierto como las dudas sobre algunos de sus buscados efectos: nadie toma un empleado sólo porque sea más barato echarlo, sino porque necesita aumentar su producción.

Pero eso no avala, de todos modos, declaraciones como la del jefe de bloque de Unión por la Patria en Diputados, Germán Martínez, advirtiendo que si el kirchnerismo vuelve al poder derogará la ley. No hace más que alimentar una incertidumbre de la que los argentinos estamos colmados, y que no ayuda tampoco afuera con miras a unas inversiones que ya nos son esquivas.

Como se preguntaba aquel personaje de Vargas Llosa en Conversación en la Catedral, ¿cuándo empezó a joderse todo?

Silvia Fesquet

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