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Por si algún habitante del Río de la Plata no se enteró, Alberto Samid se fue a veranear a Punta del Este y parece que no le gustó.
La crónica periodística cuenta que el tipo se sintió mal, lo internaron en el Sanatorio Cantegril y pidió públicamente que le mandaran urgente un avión sanitario. Posteó: “Pido encarecidamente al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, a los intendentes peronistas y a todos los compañeros que ayuden con el tema”. Un par de días después, el ministro de salud bonaerense Nicolás Kreplak se movilizó, alguien le mandó el avión, volvió al país y declaró lo siguiente:
“… Si me hubiera quedado en Uruguay hoy estaría en un cajón… por eso a mis compatriotas les digo que si alguna vez tienen un problema en Uruguay rajen para Buenos Aires… no se queden ni un minuto… no tienen medicamentos, no tienen máquinas modernas, los médicos son inexpertos…”. (todo posta, todo textual y todo documentado).
Obviamente, en la Argentina nos conocemos todos pero los hermanos uruguayos, que también nos conocen de memoria, tal vez ignoran algo muy importante de nuestro país. Este es un buen momento para explicárselos.
En la Argentina hay tres niveles. Allá arriba en la cima están nuestros mejores ejemplares: desde Sarmiento a Messi pasando por Borges, Piazzolla, Favaloro y muchos más.
En el nivel del medio convivimos entreverados millones de argentinos que andamos por la vida laburando, pagando impuestos, haciendo lo que podemos y tratando de vivir con más o menos dignidad.
Finalmente, allá abajo en el fondo, están los sótanos de la civilización argenta donde confluyen los desagües cloacales de nuestra historia y el hedor es insoportable. Allí, en ese exacto lugar de la argentinidad, habita Alberto Samid. Obviamente no está solo.
La única vez que Samid salió de allí fue para ir preso por asociación ilícita y evasión impositiva.
Desde acá le pedimos al querido pueblo uruguayo en general y a los médicos orientales en particular que entiendan esto, que sean piadosos y que lo perdonen. Bastante castigo tiene Alberto Samid sabiendo que deberá atravesar toda su existencia siendo Alberto Samid. Para colmo, el destino le concedió el extraño atributo de que cada día le crezcan un poco más las tetas. A veces el demonio castiga de manera caprichosa. Punto.
A la tragedia que de por si implica el daño y el dolor de miles de familias que trabajan de manera directa o indirecta en esa empresa, hay que sumarle otros daños colaterales.
Por ejemplo, los troskos que se suben a la Panamericana para cortarla no van a tener gomas para quemar. Un problemón. Es curioso que para protestar por el cierre de una fábrica de neumáticos vayan a quemar los pocos neumáticos que quedan.
Es muy posible que, de aquí en más, cuando quieran cortar rutas deban usar las pecheras del Partido Obrero para hacer las fogatas más las remeras, las medias y hasta los calzones. Eso siempre y cuando no empiecen a cerrar también las textiles, cosa que también puede pasar en cualquier momento.
En principio, aclaremos que acá no estamos para defender al gobierno de Milei ni a ningún otro, pero tengo un amigo que en junio de 2022, en pleno gobierno de Alberto, Cristina y Massa, viajó a Uruguay y cambió las cuatro cubiertas del auto por un tercio de lo que costaba en la Argentina.
El presupuesto en Argentina por las 4 cubiertas modelo 235/55 R18 era de 808.240 pesos. Considerando que ese día de junio de 2022 el dólar cotizaba a 215 pesos, el total de las 4 gomas puestas y alineadas en Buenos Aires ascendía a 3.759 dólares.
En cambio, en la Gomería del Rey en Maldonado sita en la calle Ventura Alegre, pagó por las mismas 4 cubiertas, la alineación y la propina exactamente 1.267 dólares. O sea, un 33% de lo que costaba en Buenos Aires.
Esto ocurrió en una época en que las cosas en Uruguay eran muchísimo más caras que en nuestro país, desde una gaseosa hasta un detergente. En ese contexto tan desfavorable para un argentino, los neumáticos eran mucho más baratos que acá. Recordemos que por entonces gobernaba el kirchnerismo, la economía estaba cerrada y lo único chino que se conseguía eran Arrolladitos primavera y el mejor chou fan de Sudamérica.
Aclaremos que mi amigo cambió las gomas en Punta del Este porque justo había viajado para descansar y visitar amigos con la tranquilidad de saber que, si tenía la mala suerte de sufrir algún problema de salud, iba a ser atendido con todo el amor, profesionalismo y dedicación del mundo por los médicos uruguayos del Sanatorio Mautone o el Sanatorio Cantegril o cualquier otra institución médica del Uruguay.
De haberse enfermado allá, mi amigo jamás hubiera andado lloriqueando por un avión sanitario que lo traiga de vuelta a la Argentina. Ni mucho menos apelando a su condición de peronista para que cualquier mafioso del conurbano lo vaya a buscar. Primero porque no soy ningún llorón y segundo porque tampoco soy peronista.
Curiosamente fue en el Sanatorio Cantegril donde hace casi 30 años nació mi hijo del medio, traído al mundo por los mejores médicos uruguayos y luego criado en Argentina. Con los años se graduó de médico en la UBA, hizo su residencia de cuatro años en el Hospital Alemán y hoy es un doctor que llena de orgullo a su padre.
Todo este relato se puede documentar con su partida de nacimiento inscripta en el Departamento de Maldonado y también con la factura de las 4 gomas que guardo en la guantera del auto. Siempre lo hago para saber fecha y kilometraje del cambio de gomas. Acá no improvisamos nada.
Ya dijimos que en aquel submundo donde habita Samid hay más gente. Por ejemplo, la diputada kirchnerista Florencia Carignano que esta semana desconectó los micrófonos del recinto donde se trataba la reforma laboral porque no le gustaba el proyecto. Ya había demostrado sus cualidades personales durante la pandemia. Era la directora de migraciones, la misma que se burlaba públicamente de los argentinos que habían quedado varados por el mundo y decidía quien podía volver al país y quien no. Una joyita.
En el debate también se destacó la diputada Caren Tepp que en un alarde de inteligencia demostró que es fácil quebrar fósforos de a uno pero muy difícil hacerlo cuando están en un montoncito. Usó esta idea impactante como metáfora de lo que se logra si los obreros se unen. Es la Stephen Hawking de Unión por la Patria.
Cerró el espectáculo la diputada Kelly Olmos cantando desde su banca el himno peronista. Créase o no, hay un himno peronista cuya letra y música no conocía ni el General Perón. Insólito. Si Olmos quería tener algún éxito hubiera cantado la marchita que es una que sabemos todos.
Entre Carignano, Tepp y Olmos van a lograr que Lilia Lemoine nos parezca Angela Merkel.
En los años 90 Tinelli impuso en la tele el concepto de los “gomas”. Con el tiempo, el término se fue ampliando y deformando.
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