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Carl Schmitt y Trump: ¿amigos o enemigos?

hace 8 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Andrés Rosler

Se ha vuelto un lugar común explicar las políticas del gobierno de Donald Trump en términos de la obra de Carl Schmitt, como si las primeras fueran el resultado de la implementación de la segunda.

De ahí que exista cierta transitividad o reciprocidad entre las críticas que recibe el presidente de Estados Unidos y las objeciones que se suelen hacer a la obra del jurista alemán. Quienes proceden de este modo, sin embargo, no advierten que su propio rechazo a Trump sigue al menos algunas de las posiciones y de los conceptos de Schmitt.

Tomemos por ejemplo El concepto de lo político de Carl Schmitt, tal vez su libro más conocido y a la vez menos entendido, cuya primera edición festejará su centenario el año que viene. Para comprender una obra del pensamiento político es conveniente distinguir al menos tres grandes niveles de análisis.

Un primer nivel es el ideológico o programático, que se refiere a qué es lo que estaba haciendo Schmitt cuando escribió este célebre ensayo que gira alrededor de la distinción amigo-enemigo. Schmitt era plenamente consciente de que los conceptos políticos no son sólo ideas que atraen o repelen por motivos intelectuales, sino que a su vez son acciones en el contexto de una polémica contra otros conceptos o ideas políticas.

Lo que estaba haciendo Schmitt al escribir el concepto de lo político era mostrar su oposición al Tratado de Versalles, al igual que la enorme mayoría de sus compatriotas, como por ejemplo Max Weber (quien había declarado que estaba dispuesto a vender su alma al diablo para deshacerse de Versalles) o incluso Ludwig Feuchtwanger, el CEO judeo-alemán de Duncker & Humblot, la editorial en la cual Schmitt publicó entre muchas otras cosas la segunda edición de su polémico ensayo.

Un segundo nivel del concepto de lo político es esencialmente normativo ya que contiene las propuestas normativas de Schmitt. La recomendación principal consiste en mantener la enemistad política dentro de un margen razonable, a diferencia de aquellos que “rebajan al enemigo simultáneamente en categorías morales y otras, y hacen de él un monstruo inhumano, que no solo debe ser rechazado, sino definitivamente aniquilado”.

Como se puede apreciar, esto es exactamente lo contrario de lo que harían luego los nacionalsocialistas, quienes exacerbaron la enemistad deshumanizando a todo aquel que ellos consideraran como su enemigo. Schmitt fatídicamente luego decidió colaborar con el nacionalsocialismo, pero al hacerlo fue en contra de su propia obra hasta ese momento.

La crítica de Schmitt a la guerra justa es otra de las propuestas normativas que surgen del concepto de lo político. Cuando uno combate en una guerra justa no sólo tiende a creer que por definición sus enemigos pelean por una causa injusta, sino que además estos últimos se convierten fácilmente en enemigos de la humanidad.

De ahí la conocida ocurrencia de Schmitt: “Quien dice humanidad quiere engañar”. Schmitt se oponía al uso político de estos términos ya que se trata de conceptos que suponen una considerable homogeneidad de creencias políticas. Es un escenario difícilmente reconciliable con la situación histórica de la modernidad.

El tercer nivel es el descriptivo, sugerido por el título mismo del libro, en el cual se apoyan los otros dos. Schmitt cree que existe una realidad política que debe ser entendida con independencia de nuestras ideologías políticas. Tanto los partidarios de la democracia deliberativa como los admiradores del Imperio austrohúngaro deben tener en cuenta que el pensamiento político gira alrededor de la distinción amigo-enemigo. Lamentablemente, se trata de una distinción que, como dice el propio Schmitt, al popularizarse se volvió un eslogan que impide el pensamiento.

No faltan los que creen que la nefasta adhesión de Schmitt al nacionalsocialismo fue el resultado de haber hecho girar a su pensamiento político alrededor de la distinción amigo-enemigo. Sin embargo, si le reprochamos a Schmitt su adhesión al nacionalsocialismo es porque nosotros también tenemos enemigos, como por ejemplo el nacionalsocialismo, y es por esa misma razón que abogamos por su exclusión.

Una comunidad política all-inclusive es una contradicción en sus términos: toda comunidad política—hasta la más incluyente—se forma mediante la exclusión de aquellos que no aceptan sus reglas básicas (como por ejemplo los nacionalsocialistas).

Por cierto, se suele pasar por alto que hasta fines de 1932 Schmitt no sólo abogó por la prohibición del nacionalsocialismo sino que colaboró en la redacción de un decreto presidencial que disponía la destrucción del nacionalsocialismo, conforme al art. 48 de la Constitución de Weimar.

A esta altura debería quedar claro que el rechazo de las políticas de Donald Trump confirma la tesis central de Schmitt, es decir, la inevitabilidad de lo político.

En su Glosario, que recopila sus reflexiones de la segunda posguerra mundial, Schmitt se enorgullecía de que la enemistad que provoca la distinción amigo-enemigo “es lo más alto que se pueda decir en honor de El concepto de lo político”, “un síntoma seguro de su autenticidad existencial”.

No tiene sentido entonces tratar de eliminar aquello que es inevitable por definición, sino de mantenerlo a raya. Esto último es la tarea fundamental del Estado, “esa obra maestra de la forma europea y del racionalismo occidental” como muy bien decía Carl Schmitt.

Andrés Rosler es Doctor en Derecho (Oxford). Profesor de Filosofía del Derecho en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Investigador del CONICET.

Andrés Rosler

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