Aunque la Corte Suprema de EEUU declaró ilegales los aranceles aplicados bajo poderes de emergencia, Donald Trump anticipó que buscará nuevas vías legales para sostenerlos. Las compañías advierten que el impacto económico sigue marcado por la volatilidad y el riesgo judicial.
Aún es incierto cuánto alivio real traerá el fallo para las compañías y los consumidores.
Las empresas estadounidenses enfrentan una nueva etapa de incertidumbre luego de que la Corte Suprema de Estados Unidos anuló los aranceles que el gobierno de Donald Trump había impuesto amparándose en una ley de poderes de emergencia. Pese al fallo, el presidente republicano anticipó que buscará alternativas legales para sostener los gravámenes, lo que mantiene en vilo al sector privado.
La administración Trump sostiene que los aranceles permiten fortalecer a los fabricantes locales y reducir el déficit comercial. Sin embargo, muchas empresas se vieron obligadas a subir precios, recortar costos o modificar sus cadenas de suministro para compensar el aumento de los costos derivados de las tarifas a las importaciones.
Aún es incierto cuánto alivio real traerá el fallo para las compañías y los consumidores. Pocas horas después de la decisión judicial, Trump anunció que evalúa recurrir a otra normativa para imponer un arancel general del 10% a todas las importaciones por un período de 150 días, además de aplicar tarifas adicionales a países acusados de prácticas comerciales desleales.
“Cualquier estímulo económico derivado de la baja de aranceles será probablemente contrarrestado por un período prolongado de incertidumbre”, advirtió Michael Pearce, economista de Oxford Economics. Según el analista, el gobierno podría reconstruir el esquema arancelario por vías más duraderas, lo que terminaría estabilizando la carga tributaria cerca de los niveles actuales.
En paralelo, los intentos por recuperar los aranceles ya recaudados —estimados entre u$s133.000 y u$s175.000 millones— se anticipan complejos y, en la práctica, podrían beneficiar principalmente a grandes empresas con mayor capacidad financiera y respaldo legal. Para los consumidores, en cambio, las chances de recibir compensaciones son mínimas.
Ante la postura inflexible de la Casa Blanca, numerosas compañías se preparan para un escenario de litigios prolongados. Basic Fun, fabricante de juguetes con sede en Florida, se sumó recientemente a una demanda para recuperar los gravámenes abonados, aunque su director ejecutivo reconoció que la pelea judicial podría extenderse durante años.
El nuevo arancel del 10% anunciado por Trump reavivó las dudas operativas en sectores como el comercio minorista, el vino y la industria alimentaria, donde los tiempos logísticos vuelven incierta la aplicación de las tarifas. Importadores y exportadores advierten que la falta de previsibilidad dificulta la planificación y presiona sobre los precios finales.
Desde el sector tecnológico hasta el agro, distintas cámaras empresarias reclamaron mayor estabilidad en la política comercial. Coincidieron en que la suba de costos, el encarecimiento de insumos clave y la menor demanda externa ya dejaron un impacto significativo en la actividad.
No obstante, el fallo judicial no alcanza a todos los rubros. Permanecen vigentes los aranceles al acero, al aluminio y a determinados bienes manufacturados, por lo que industrias como la de bebidas, muebles y equipamiento para el hogar no verán mejoras inmediatas.
En el plano internacional, la decisión fue recibida con escepticismo, especialmente en Europa. Productores y exportadores advirtieron que el fallo podría profundizar la incertidumbre comercial, ante el riesgo de que Estados Unidos restablezca los aranceles por otras vías legales, con un impacto económico similar o incluso mayor.
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