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El romance de Samid y Carignano

hace 14 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Miguel Wiñazki

El romance simbólico, simbiótico y profundo entre la desconectadora Florencia Carignano (ex jefa de Migraciones de la Cámpora) y el defraudador histórico Alberto Samid condensa con anillos de oro falso la bifrontalidad de la decadencia.

Ella abanderada del silencio imperativo, logró lo opuesto, la gritería, mientras buscaba romper todo diálogo. El oficialismo, siempre listo para la bullanga la impugnaba al grito de “¡Locaaa!” expresado por la inefable Lilia Lemoine, que ante el kirchnerismo se exhibe sin tapujos moderados. Quizás allí el kirchnerismo peleador se sienta descolocado. Enfrente no hay menos enjundia ni frenesí altisonante.

Samid es la pareja polítics perfecta de Carignano, una historia dadaísta de dos próceres del absurdo.

Con el énfasis asombroso que lo caracteriza, aseguro que se contagió de un “virus uruguayo”.

Los orientales no se sentían tan agraviados desde que Néstor Kirchner inventó una cuasi guerra contra las papeleras al otro lado del río, una batalla artificial y real, que no tuvo fundamentos pero sí apoyo social.

Borges, Milonga que este porteño dedica a los orientales. Agradeciendo memorias De tardes y de ceibales

Pero Samid, el menos borgeano de los personajes posibles, no guarda buenos recuerdos de la otra orilla.

Quizás evocó a los charrúas que devoraron a Juan Díaz de Solis, el adelantado que navegó por primera vez el mar Dulce y del lado de allá los aborígenes orientales decidieron engullirlo delante de toda la tripulación estremecida.

El virus uruguayo que incorporó el carnicero no le impidió invocar a sus amigos peronistas, y el ministro Nicolás Kreplak de la provincia, el mismo que gritaba “¡Cadáveres, Cadáveres!” durante la pandemia al tiempo que la extendía, decidió darle una mano al amigo y gestionó su retorno a esta patria, libre de su epidemia artiguista, pero no de su prontuario: estafas masivas, (evasión del IVA desde los ‘90, prófugo en Bélice) papelonero histórico en la TV bizarra.

Hay un punto en común en el que se conjuga el zafarrancho de Carignano y Samid con los señores Tapia y Toviggino capos de la inescrupulosidad, con la CGT en paro, con el Congreso escandaloso y con un país que observa entre cómplice, alelado, hastiado y herido.

La diputada que desacopló los cables en el Congreso mientras se debatía la ley laboral que salió aprobada, condensa con esa actitud la profundidad de la ruptura, el clímax de una cultura política degradada. Encarnó el privilegio actoral de representar como en un cuadro anárquico, pero sin valor estético, la piedra filosofal de la tragicomedia:

Desconectar, promover la imposibilidad de oír, impedir los testimonios taquigráficos, indocumentar lo que ocurre, vencer por la prepotencia de la desconexión.

El símbolo, la decapitación del debate como proyecto encarna, simboliza y expresa por el intento de omisión de toda expresión posible, la profunda insularidad del modelo K.

Esto no implica que los ganadores sean los nuevos santos de las avenidas hacia un futuro venturoso.

Samid representa la desmesura vacía de un modelo en camilla, horizontalizado, huyendo de toda diferencia, sintiéndose extranjero inerme aquí al lado, inmune a todo cambio, buscando salvavidas entre los amigotes políticos ideológicamente petrificados, dispuestos sí a salvar del Titanic a los otrora privilegiados viajeros en la primera clase de la impunidad.

Estafas a granel, bolsillos llenos con dineros ajenos, millonarios a costa de los demás, los unos y los otros y el otro capitoste; Tapia y su atrevido aliado, Toviggino, sin poder salir del país.

Para completar la escena del Congreso, otro líder, cubanófilo, recién llegado de la diezmada Habana por la dictadura atroz, silbaba “Guantanamera” mientras se votaba la reforma laboral.

Una coreografía argentina que aún presencia desde una tribuna acostumbrada al desastre las performances de tantos soberbios y estafadores.

Su móvil fundamental es el ruego clamoroso por la libertad de Cristina Fernández.

Y acá tampoco tenés fans, solo te quedan algunos cómplices argentos que te bancan tanto.

Ustedes, las momias y los embalsamados parlantes, sigan cacareando en el ruidoso museo de las cacatúas políticas.

Miguel Wiñazki

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