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El gobierno avanzó en la construcción en la buena noticia que le reclaman los mercados. Ganó en Diputados por lo que tiene, el apoyo de los aliados que lo hicieron y lo mantienen como presidente. El peronismo perdió por lo que no tiene, unidad y liderazgo en el nivel dirigencial. Debía ganar porque se discutía peronismo. Le salió mal. Lo demás es literatura.
Por debajo del radar, dos operadores de contrafrente que se encuentran entre los más experimentados avanzaron en las últimas horas para poner las relaciones entre el gobierno y la oposición peronista en un nuevo escalón que facilite las conversaciones.
José Mayans y Bartolo Abdala, que ocupó la presidencia del Senado por 48 horas, acordaron el jueves reunirse este lunes para preparar algún acuerdo que permita al interbloque de senadores del peronismo integrar comisiones de la Cámara.
En la anterior legislatura, el interbloque de Mayans (que además es hoy el presidente interino del PJ Nacional) se negó a integrar las comisiones del Senado. Esto les impidió actuar formalmente en el debate de los proyectos, limitando la tarea de los legisladores a participar en las sesiones, pero sin firmar despachos de minoría como oposición. Entienden que el oficialismo les sigue negando la representación que les correspondería por el porcentaje de legisladores que tienen.
Este martes se hará en el Senado la llamada sesión preparatoria. Es cuando se eligen las autoridades de la Cámara —secretarías y otros cargos—. También en la preparatoria se suele delegar en la presidencia del cuerpo, que ejerce Victoria Villarruel, la tarea de integrar las comisiones.
La ausencia del peronismo en la Comisión de Trabajo y Previsión motivó el extremo de que esa fuerza, que hasta diciembre fue la primera mayoría en las dos cámaras, no presentó dictamen de minoría en el proyecto de reforma laboral.
Insólito para el peronismo: se atribuye haber construido la doctrina jurídica del fuero laboral, pero en la sesión del Senado que lo dinamitó, opinó de manera informal sin firmar un despacho en minoría. Queda registrado en la historia que cuando el Senado hizo estallar ese sistema legal creado por el peronismo, esta fuerza enmudeció.
En la charla que mantuvieron el jueves Mayans y Abdala (a cargo del Senado porque Villarruel ejercía la presidencia de la Nación en ausencia de Javier Milei) acordaron acercar posiciones esta semana. El peronismo reclama que los 28 senadores que cuentan en el interbloque (38,8% del total de la cámara) les dan derecho a 7 representantes en las comisiones. El oficialismo les ofrece solo 5.
El interbloque de Mayans hizo una reunión virtual en donde se discutieron tres posiciones: 1) aceptar los 5 miembros; 2) rechazarlo y judicializar el entuerto; 3) esperar al 1° de marzo para ver si el oficialismo llega a un acuerdo, que debe empujar Villarruel -a quien la cámara le dará este martes la facultad de integrar las comisiones-.
La posición que acercaron Mayans y Abdala fue ofrecer 5 legisladores en comisiones estratégicas ligadas a la gobernabilidad: Presupuesto, Constitucionales, Relaciones Exteriores, Acuerdos, Legislación General y alguna más. En las otras comisiones le podrían ofrecer al peronismo 6 representantes sobre 17 o 19, según la comisión de que se trate – hay de todo.
El bloque de Mayans deberá decidir si sigue en la posición testimonial de todo o nada o participará formalmente en las comisiones. La posición del peronismo es que, con 5 miembros, es el oficialismo el que tiene las firmas para imponer siempre despachos. Esta situación le impide desplegar otras tácticas. La más habitual de un bloque opositor es firmar un despacho de minoría, pelear en el recinto la caída del despacho de mayoría para que se imponga el de minoría.
Al peronismo le ha costado adaptarse a su condición de minoría en el Senado. Controló esta cámara por lo menos desde 1973. Perdió su hegemonía en 2023 cuando el oficialismo logró sumar el grupo de Los 39 que organizó el exsenador Juan Carlos Romero para desplazar al cristinismo del manejo del cuerpo.
Desde diciembre el gobierno pudo aumentar a 44 ese grupo y somete al peronismo a agravios como dejarlo sin despacho de minoría. El menoscabo que esto significa expresa una realidad política: la fragilidad de liderazgo que tiene el peronismo, con Cristina Kirchner, que maneja al peronismo más importante del país —Buenos Aires—, detenida con condena firme y sin habilitación para hacer política. Para mayor escarnio, el oficialismo se encargó de aprobar la reforma en el día de cumpleaños de la expresidenta.
La situación es efecto de una crisis que no comenzó con ella, y que afecta a todas las formaciones desde 2023. No tiene liderazgo fuerte el peronismo como tampoco lo tiene Cambiemos, la fuerza que llevó a Milei al gobierno.
Ni lo tiene La Libertad Avanza, que es un gobierno dominado por figuras de lo que fue Cambiemos y que padece la peor dolencia de un partido, que es la imposibilidad de afrontar una derrota. La Libertad Avanza es un frente inorgánico que vende éxito y no está en condiciones de perder en nada. Una derrota lo golpea en su afectación principal, que es la debilidad, y lo paraliza.
La derrota en el debate de la llamada ley de bases en 2024 le impidió legislar durante los dos primeros años del gobierno de Milei. La propia ley de Bases quedó reducida a un tercio de su propuesta original.
El DNU 70/23, que contiene un plan de iniciativas, quedó anulado por el Senado y solo sobrevive porque la oposición lo mantiene vigente, en función piloto, en Diputados. Esa debilidad lo sometió a un fracaso histórico como fue la derogación en las dos cámaras de un DNU que dotaba a la SIDE de fondos excepcionales.
Nunca había ocurrido en la historia del sistema de DNU, que viene de la Constitución reformada en 1994. Tampoco pudo imponer dos jueces para la Suprema Corte, ni discutir los presupuestos en 2023 y 2024, y Milei gobernó esos ejercicios con los que habían dibujado Alberto Fernández y Sergio Massa para 2022.
Esa imposibilidad de afrontar derrotas explica que el Congreso tratase el proyecto de reforma laboral entregando concesiones a gobernadores y aliados, que reducen a la mitad los beneficios fiscales que se preveían, a cambio del voto a favor. La versión original planteaba un costo de 0,89% del PBI, y se redujo a 0,47%.
Este impulso se impone por sobre cualquier otro criterio, aunque la sanción final exhiba provisoriedades notables, como aprobar la ley en una sesión que arrancó apenas con 129 bancas, que ya tiene impugnaciones a la constitucionalidad desde la propia justicia. Es de las leyes de tranco corto, aprobadas en votaciones finitas que vaticinan su fecha de vencimiento (el Sí juntó 135 votos, 6 por sobre el quórum).
El gobernante responsable auspicia leyes que duren con el tiempo, que no corran el riesgo de que el gobierno siguiente las derogue. La aprobación tuvo condimentos más que pintorescos, como que los presidentes de los bloques oficialistas de la LLA y el PRO terminaron el debate sin pronunciar discursos de cierre y mandaron sus argumentos a insertarse en el diario de sesiones sin ponerlos a debate en público.
Cristian Ritondo hizo una rendición sin retorno cuando dijo: “La mayoría de los argentinos están [sic] esperando que sancionemos este proyecto que profundiza el cambio que está haciendo el gobierno de Javier Milei”. Había prometido dar la batalla cultural para permitir que las billeteras virtuales paguen sueldos. Lo están esperando. Pocas veces se ha visto tamaño deprecio a la opinión pública.
O que Federico Sturzenegger justificase el polémico art. 44° sobre recortes salariales a enfermos. Fue como si el verdugo tomara la palabra después de la ejecución de la víctima. Generó un escándalo narrativo que motivó la anulación del artículo en el dictamen de diputados.
La norma también tiene reproches políticos de sectores de los que se esperaba un apoyo. Fue notable la ausencia en el recinto de los diputados del cordobesismo: Juan Schiaretti, Alejandra Torres, José García Aresca. Esa bancada regional suele dividirse en estas situaciones, para cumplir con todos, no arruinarse como oposición ni tampoco como gobierno provincial y asegurarse auxilios de Nación.
Los tres ausentes habían prometido votar contra la creación del FAL, la nueva caja de Toto Caputo. Todavía los están esperando. En el discurso fue agorero Miguel Pichetto, que suele acertar en estas formulaciones: “La experiencia de este desarrollo va a demostrar que lo que parecía conveniente termina siendo totalmente negativo”.
En la Argentina de Milei no se discuten proyectos, sino que se resuelven posicionamientos o alianzas que aglutinan fuerza política. Para eso sirve haber reflotado la reforma laboral que intentaron gobiernos anteriores —Alfonsín, Menem, De la Rúa, Macri— con los mismos argumentos y protagonistas que elaboraron la letra final en estudios de abogados.
El proyecto ha buscado desmontar la arquitectura del sistema laboral argentino derogando fueros y transfiriendo la materia laboral de jurisdicción. Nicolás Massot agregó que el gobierno, antes que gestionar busca dañar el sistema. Es cierto, el gobierno está integrado por políticos a quienes no les gusta ni el país en el cual viven ni el tiempo que les tocó vivir.
Por eso buscan desarmarlo para dejarlo en la dimensión que se sienten capaces de administrar. Les cabe la crítica que hacía el pensador estadounidense H.L. Mencken a los conservadores de su país por “el temor obsesivo de que alguien, en algún lugar, pueda ser feliz".
El planteo de una reforma laboral como pretexto para aportarle a la narrativa oficial un éxito político que convenza a los calificadores de la gestión de Milei de que su mandato tiene sustento, explica que casi no haya habido debate abierto a la iniciativa. El Senado no conoció el texto del proyecto hasta que se inició la sesión.
En Diputados se buscó una aprobación exprés que rozó lo cómico y que salió por la eficacia de Silvana Giudici como titiritera que maneja las sesiones por señas a Martín Menem, siempre en emergencia emocional. El Senado convocó para el viernes una comisión para tratar el proyecto antes de que el jueves fuera aprobado por Diputados.
El gobierno confió en que el proyecto se aprobaría aun con el recorte de los cambios que justificaban su presentación. Lo que no podía tolerar es que no tuviese quórum para arrancar la sesión. Cuando llegó la hora, había logrado que el grupo Operación Jaja de aliados del peronismo (llamado con ese acrónimo a partir de los apellidos de dos gobernadores: Jaldo y Jalil) aportara el número para comenzar la sesión. Se logró con 129, el número mínimo.
Desde esa hora siguió la negociación con los aliados de ese peronismo del Norte que tiene tarifado el apoyo. Mediada la sesión el objetivo de negociación era que esos aliados no votaran en contra del proyecto, como lo habían hecho en el Senado, donde el interbloque peronista cerró 30 votos, 28 propios y 2 silvestres. Los términos del debate eran beneficios para las provincias respectivas.
Las negociaciones provinciales esgrimían argumentos insólitos. Dos de los legisladores del ala colaboracionista del peronismo acercaron a los diputados resultados de consultas que hicieron a plataformas de inteligencia artificial. El resultado de esas consultas decía que el proyecto no iba a aportar ninguna solución a la creación de empleo en la Argentina y que el esfuerzo era políticamente neutro. No revelaremos el nombre de esos dos legisladores para proteger la fuente, pero ese resultado llegó a este cronista.
Este es un gobierno de ocurrencia, no de proyectos. Lanzó esta reforma de manera inopinada para halagar al voto del no pejotista que se identifica con el anti-peronismo, que está convencido de que los males de la Argentina vienen del dominio peronista sobre el sistema laboral.
En Diputados funcionó porque echó sal sobre la misma herida que silenció al peronismo del Senado, que no pudo firmar un dictamen de minoría. El bloque de Unión por la Patria tampoco pudo en Diputados encontrar un miembro informante peronista. La voz cantante del dictamen de minoría de la cámara baja la llevó el diputado sindicalista Sergio Palazzo, que actúa en el espectro de esa coalición, pero no es peronista.
Viene del radicalismo de Mendoza, donde desarrolló su tarea sindical en el gremio bancario y creó el sello Causa Renovadora Bancaria, una fracción de la UCR.
Hizo una crítica del proyecto oficial en la comisión del miércoles y en el recinto el jueves con una solidez que no se les escuchó a otros peronistas del bloque. Muchos de ellos dedicaron su intervención a castigar a peronistas “traidores” que vendían el voto al gobierno. Un argumento inoportuno porque la unidad deberían haberla construido antes y entre cuatro paredes.
La jefatura de Germán Martínez está desdibujada desde que ingresó a la cámara Agustín Rossi, su jefe político en Santa Fe. El primer producto de esa crisis es la división del bloque la semana anterior, cuando votó dividido en la aprobación del acuerdo Mercosur-UE.
La mayoría del bloque de UP votó a favor, expresando los intereses del interior que entiende que ese entendimiento, cuando se ponga en marcha, beneficiará a los corredores productivos ligados a la producción agroindustrial. Martínez debió plegarse a esa aprobación, que juntó 46 votos contra 38 del No.
El rechazo se inspira en la campaña contra el acuerdo que lideró Axel Kicillof. Esta posición, identificada por el cristinismo del peronismo del AMBA, ve al acuerdo como un atentado al perfil industrial del país. Su mentor es Carlos Bianco, hoy ministro de Gobierno de Buenos Aires. “Carli” – así llaman con cariño a Bianco los amigos- acuñó la posición anti-Mercosur-UE entre 2011 y 2015, cuando se desempeñó en cargos de la cancillería de Héctor Timerman.
Ocupó las carteras de Desarrollo de Inversiones y Promoción Comercial y de Negociaciones Económicas Internacionales. Es un conocedor de los vericuetos de la negociación y ha tomado partido contra la aprobación. Kicillof sigue este criterio y su posición produce un desacuerdo en el interbloque de UP en el Senado, que votará en forma dividida en la sesión del 26 o 27 de febrero.
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