Terminó la actividad en la Cámara baja en el período de sesiones extraordinarias con dos triunfos importantes sobre sus principales ejes de campaña: economía y seguridad.
Martín Menem absorbe el malestar opositor, luego de avanzar con la estrategia que propuso el oficialismo para la última sesión en Diputados.
La escena fue la siguiente: Karina Milei, Manuel Adorni y Diego Santilli, escoltados por un modesto grupo de funcionarios cercanos y personal de seguridad, se retiraban de los palcos de la Cámara de Diputados después de presenciar la cómoda aprobación de la reforma laboral. Santilli se separó de los otros dos y bajó hacia el primer piso, por donde se armó un embudo de legisladores que se agolpaban para salir durante la madrugada del viernes. Allí el ministro del Interior repartió tres saludos, ninguno al PRO ni a La Libertad Avanza: un puñito al jujeño Rizzotti, un abrazo al rionegrino Capozzi (ambos de Provincias Unidas) y un beso en la mejilla a la salteña Vega (de Innovación Federal). Su trabajo, allí, había terminado.
La gestualidad hacia tres diputados de bajo perfil -aunque algunos con cercanía en el pasado con Santilli- solo subraya lo que es evidente: las votaciones en la Cámara de Diputados hoy se destraban por la voluntad de las provincias, no por la de los partidos. Hay cinco bloques que representan directamente la voluntad de un gobernador, mientras que en Innovación Federal -que le garantizó el quorum al Gobierno- conviven las directivas de dos mandatarios. En Provincias Unidas, que en la sesión mostró no tener una agenda común, se expresan los intereses de Jujuy, Santa Fe y Córdoba, tres oficialismos que enviaron a sus representantes a acompañar la reforma laboral.
La victoria no tuvo atenuantes. Solo hubo suspenso en el capítulo que conserva el estatuto del periodista, cuya diferencia fue de siete votos con cuatro abstenciones. "Estos dos años son de consolidación de nuestro proyecto en el Congreso. Tiene que ser acá, porque es mucho más difícil meter un pie en el Poder Judicial", le dijo a Ámbito una figura de La Libertad Avanza. El rápido aprendizaje en el bloque libertario es insoslayable y ya no dependen de un hermético verticalismo para abstenerse de entrar en conflictos innecesarios. En los pasillos de Diputados repiten dos agendas prioritarias para lo que se viene: la seguridad y la educación. La reforma del Código Penal reaparecerá en el temario, al igual que un proyecto de financiamiento universitario acorde a las pretensiones oficialistas. ¿Existirá una redacción por la "Libertad Educativa"?
Lilia Lemoine, y cada vez más Diego Hartfield, se toman licencias para fastidiar a los opositores en los debates.
Esa ambición libertaria coincide con el desánimo opositor, que perdió tanto la iniciativa como la coordinación entre su multiplicidad de espacios. "Las veces que hicimos oposición verdadera fue porque había cohesión y comunicación entre todos los bloques que estamos en contra de Milei. Ahora no hay ni un grupo de WhatsApp", plantearon a este medio durante la sesión. La fragmentación de estos espacios coincide con la posición sindical sobre la necesidad de movilización al Congreso durante el debate, aunque los gremialistas cerraron filas en el recinto contra el proyecto: tanto los peronistas (Siley, Palazzo, Moyano, Yasky, Manrique), como el chubutense Ávila (petrolero, está en Provincias Unidas) y el puntano Álvarez (de UTHGRA, pertenece a Innovación Federal) votaron en contra.
"Están realmente perdidos", señaló un dirigente libertario consultado por la oposición, pero refiriéndose al peronismo. Su análisis coincide con el pesimismo de todos los diputados de Unión por la Patria acerca de la posibilidad de revertir algún artículo del proyecto. "La única pelea es por el quorum”, respondió uno de sus referentes un día antes del debate. Una vez que este inició, intentaron hacer caer la sesión con una moción de orden que obligó a Martín Menem a recurrir, nuevamente, al desapego normativo con natural disimulo para atravesar el momento tenso. Ese gesto fue el de mayor rebeldía en la jornada: sin nada, casi lo logran.
Aunque las diferencias nunca se ocultaron en el bloque justicialista -que dejó de ser el mayoritario precisamente por las rupturas-, los discursos en la votación por el acuerdo Mercosur-Unión Europea terminaron de evidenciar una grieta de miradas en un eje trascendental como es el geopolítico. Allí hubo 47 diputados del bloque que votaron a favor y otros 38 en contra, con contrapuntos insalvables. Tal es así que el sanjuanino Cristian Andino calificó al acuerdo como "una luz de esperanza" mientras que el porteño Itaí Hagman planteó que "no hay un solo estudio que marque que este acuerdo es beneficioso".
Por otro lado, distintas fuentes de la bancada de Unión por la Patria no pudieron responder acerca de una agenda en común desde el 1° de marzo, cuando se habilita la posibilidad de proyectos de todos los espacios en el marco de las sesiones ordinarias. "Tenemos 150 reuniones por semana donde se repiten los mismos argumentos sin llegar a nada", se quejó un miembro del bloque, que describió una dinámica de debate asambleario sin conducción ni dirección. "El peronismo está sufriendo el proceso de balcanización que tiene toda la sociedad", planteó otro diputado, más medido, que consideró que hay que atravesar la tormenta: "No están las condiciones materiales para armar una mayoría propia, pero si les va mal, y creemos que eso va a pasar este mismo año, se va a volver a armar algo como lo fue el Congreso del 2025".
El ala sindical y Patria Grande se expresan como los miembros de Unión por la Patria más incómodos para el oficialismo.
Desde el radicalismo ven en su histórico antagonista un déjà vu: "Tienen que entender que hay peronistas con peluca y hacer el duelo". A ellos, un legislador que tuvo un rol protagónico en la presidencia de Alberto Fernández les respondió: "El Gobierno tiene un proyecto tan extremo que no veo peronistas que los vayan a acompañar". Lo cierto es que en la última sesión muchos discursos de Unión por la Patria apuntaron a los justicialistas que ya integran otros bloques. La bonaerense Vanesa Siley, por caso, les reprochó a oficialistas catamarqueños, misioneros y salteños no continuar con el legado de las rebeliones encabezadas por Felipe Varela, el comandante Andresito y Martín Miguel de Güemes.
"Dejen de decir que Sáenz es peronista", repitió con cierto hartazgo uno de los más respetados de la bancada peronista, en referencia al gobernador de Salta, que tiene su armado propio alineado a Casa Rosada. Luego dijo: "Todos hablan con nosotros, pero las relaciones carnales las tienen con el Gobierno". "Se están vendiendo por chaucha y palito, pero les va a salir mal la apuesta", opinó otro. Aún así, cada uno de los provincialistas que respaldó el proyecto tuvo una observación crítica hacia la actual gestión, ya sea por infraestructura, por salud o por universidades. La posibilidad de la construcción de esa mayoría quizás tenga que olvidar bloques, personas y rencores. La prioridad puede volver a estar en las agendas.
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