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De los laboristas a los libertarios

hace 9 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Fabian Bosoer

Se cumplen, en estos días, 80 años de las elecciones del 24 de febrero de 1946, comicios que consagraron por primera vez a Juan Domingo Perón como presidente e iniciaron un ciclo largo de la historia política argentina.

La fórmula integrada por Perón y Hortensio Quijano, apoyada por el Partido Laborista y la UCR Junta Renovadora, obtuvo el 52,8% de los votos derrotando a la Unión Democrática, una coalición que incluía a la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demócrata Progresista y llevaba como candidatos a los radicales José Tamborini y Enrique Mosca.

Se terminaban los años del fraude y la proscripción que sobrevinieron al golpe de 1930, seguidos por la dictadura impuesta en 1943 de la que Perón había sido figura clave antes de convertirse en “el coronel de los trabajadores” el 17 de octubre del ‘45.

Rastreando las causas del surgimiento del peronismo explica Pablo Gerchunoff, siguiendo una lectura de Tulio Halperin Donghi en "La Argentina en el callejón" (1964), que la crisis del ‘29 “había expulsado a la nación del paraíso del ‘crecimiento hacia afuera’, y nada ni nadie habían venido a construir un patrón productivo de relevo. Se necesitaba un futuro, pero las fuerzas políticas opuestas a la ‘restauración oligárquica’ no encontraron un proyecto común”. Esa vacancia habilitó la aparición de un nuevo movimiento político y un nuevo liderazgo.

Las elecciones del ‘46 fueron las últimas en las que solo votaron varones, antes de la sanción de la ley de voto femenino en 1947. Se utilizó el sistema de votación indirecta a través de colegios electorales provinciales. Y votaron en aquella elección casi 3 millones de personas, con una participación superior al 70% del padrón. La campaña electoral estuvo fuertemente polarizada bajo el lema "Braden o Perón", en referencia a la injerencia del embajador estadounidense Spruille Braden.

La trascendencia de aquellas elecciones reside en que marcaron el nacimiento del peronismo como fuerza política dominante en consonancia con una transformación de la estructura social y política de Argentina.

La victoria de Perón representó el fin del predominio de los partidos que habían protagonizado la política argentina durante las décadas precedentes, los conservadores y radicales. 

Por primera vez, el sindicalismo organizado, a través del Partido Laborista, se convirtió en la base electoral central de un gobierno y ratificó el apoyo masivo de los sectores trabajadores al ideario de justicia social, lo que se correspondía a su vez con el modelo industrial de sustitución de importaciones que en ese momento estaba vigente.

Al mismo tiempo, aquella fecha marcó una división en la sociedad argentina entre "peronistas" y "antiperonistas", una dicotomía que persistiría durante el resto del siglo XX para adoptar otras formas en lo que va del siglo XXI. Poco después del triunfo, Perón disolvió los partidos que lo apoyaron para fundar el Partido Único de la Revolución, que luego sería el Partido Peronista, sellando una identidad política basada en el verticalismo, el personalismo y la lealtad al líder.

El 80 aniversario de aquellos comicios que consagraron al primer gobierno peronista encuentra a un peronismo en la oposición, desvertebrado y en una aguda crisis de liderazgo, luego de los años de hegemonía kirchnerista y ejercicio del gobierno que agotó una etapa. Y a un país encarando la remoción de algunos de los pilares históricos de la relación entre el Estado, la sociedad y la economía que en su momento representó el peronismo y, al cabo de las últimas décadas de oportunidades perdidas y progresiva declinación, se fue volviendo insostenible.

Con un partido gobernante que aspira a dejar al peronismo en el pasado pero toma algunas de sus características -ambas fuerzas surgieron, al fin y al cabo, en momentos de crisis o descontento con el sistema político tradicional- en su concepción del poder, el liderazgo personalista, la polarización como forma de construcción política y las canteras en las que abreva: los excluidos de un sistema que dejó de proveer los bienes públicos y expectativas de progreso prometidas.

La reforma laboral y el cierre de la fábrica de neumáticos FATE -que también cumplió 80 años- se inscribe en este contexto histórico más amplio. Toda una parábola: a la era que abrieron los laboristas, les toca cerrarla a los libertarios.

Un capítulo más -¿acaso el último?- de lo que Halperin Donghi llamó “la larga agonía de la Argentina peronista” (título de un libro publicado en 1994, reeditado en el 2024). Una Argentina que se extiende más allá del peronismo. Y nos habla de una sociedad que siempre parece añorar volver a un pasado mítico, supuestamente próspero y feliz, y -aunque esto resulte imposible, se resiste una y otra vez a abandonar esa ilusión.

La Argentina peronista y su "larga agonía"

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