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Un verano en Nueva Yol

hace 15 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Un verano en Nueva Yol

El Señor Mayor está desorientado. Se siente una bolilla rebotando en las canaletas de una ruleta loca que nunca se detiene. Todo cambia tanto y tan rápido... No quiere ser ni un viejo vinagre ni un viejo meado. Por eso habla poco de las novedades que se le vienen encima como trompadas.

Ha logrado adaptarse a ciertas cosas, como scrollear los reels de Instagram. Antes se sacaba el malhumor del día viendo una comedia de Pol-Ka o el programa de Tinelli. Ahora se queda enganchado con esos videos cortitos que no sabe si los elige él o se los elige otro, pero son como un tenedor libre de entretenimiento.

Joven therian en la plaza de la Catedral. Foto: Euge Neme

En eso está cuando se anoticia de los therians, los jóvenes que se autoperciben animales y aparecen por las plazas y los medios argentinos. “¿No será demasiado?”, le dice a su esposa. Ella intenta tranquilizarlo: “Son chicos que buscan likes, un fenómeno de las redes, apenas consumo irónico”. El Señor Mayor recuerda otros fenómenos de las redes que empezaron por consumo irónico, ve adónde llegaron y se inquieta un poco.

Al otro día va al médico clínico. Control. Los análisis le dieron bien: orina normal, triglicéridos normal, glucemia normal, colesterol un poco alto. “¿Hace actividad física?”, le pregunta el doctor. El Señor Mayor confiesa que estaba a punto de anotarse en el gimnasio, pero se arrepintió a tiempo: “Mire si me esguinzo o si me pinza el ciático. No sólo tendría que gastar en remedios y hacer reposo, sino que me pagarían la mitad del sueldo. La nueva ley, usted entiende...” El médico le dice que la salud no tiene precio, pero el Señor Mayor sabe que sí. Un tratamiento reciente con la proctóloga le dejó la billetera rota.

Entre confundido y mareado, el Señor Mayor vuelve a su casa y se entera por Instagram que algo grande pasó en el show de medio tiempo del Super Bowl: un manifiesto político, un panfleto anti Trump, acaso una revolución. Latinos que se paran de manos en el patio de Donald y le cantan cuatro frescas... ¡en español!

Busca el video en YouTube. Son 13 minutos y 41 segundos. El tal Bad, no Bugs, canta con muchas “o” y debe de andar mal de la vesícula porque se queja todo el tiempo. A cada rato suelta un lamento que suena a “eyyy”. ¡Qué valor, hacer el show igual estando así!

El Señor Mayor no entiende las letras de las canciones, mucho por la particular dicción de Bad y un poco porque su español está lleno de palabras extrañísimas. Sólo decodifica “novia”, “perreo”, “gasolina” y “Puelto Lico”. Para él, si hubiera cantado en ruso era lo mismo.

Se imagina el viaje de casi cuatrocientos kilómetros a Aguas Verdes, su lugar de veraneo, escuchando a Bad Bunny. No, mejor no. La ruta es parte de las vacaciones.

Su esposa, siempre tan flexible, le dice que tiene que acostumbrar el oído: “Este muchacho viene de ganar tres Grammy y de llenar tres River”. El Señor Mayor, hombre abierto al fin, le da otra oportunidad al video y se va a dormir tarareando: “Si te quieres divertir / con encanto y con primor / sólo tienes que vivir / un verano en Nueva Yol”.

Horacio Convertini

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