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El ministro de Economía Luis Caputo se asombra porque el Gobierno bajó las cargas patronales y los empresarios “no festejan”. Una lectura similar hace el oficialismo de otro fenómeno: por qué los argentinos no usan más sus dólares. El año pasado se llevaron US$ 32.340 millones a la casa. “Hoy existe la competencia de monedas en la Argentina pero los argentinos no ejercen esa opción hasta ahora”, se lamenta una alta fuente oficial a horas de haberse reglamentado la ley de Inocencia Fiscal, que justamente busca bancarizar dólares no declarados (”del colchón”) sin riesgos penales ni controles sobre el origen de fondos, limitando la revisión patrimonial de la AFIP.
El Gobierno imaginó que después del triunfo en octubre pasado el riesgo país se derrumbaría a 300 puntos para fin de año. No solo eso no sucedió sino que ahora reacciona de manera similar: añora que con el solo hecho de agilizar el uso de los dólares o aprobar la reforma laboral, la actividad recupere dinamismo y reciba apoyo.
Empieza a darse una situación como la observada allá en el tiempo por un economista estadounidense llamado Robert Clower, a la hora de diferenciar ‘el deseo’ versus ‘lo efectivo’ en el terreno de la economía: las leyes del mercado no siempre funcionan y la demanda nocional (lo que uno quisiera) no se cumple. En este caso es como si los deseos teóricos del Gobierno (desinflar limpiando la hoja del balance del BCRA, desarmar las Leliq, la competencia de monedas, que si alguien se lastima jugando al fútbol no cobre) muchas veces choca contra la reticencia de Wall Street, empresarios y personas para tomar decisiones de inmediato.
Ahora, si la reacción de los inversores, los empresarios y las personas no es la esperada por el Gobierno a esta altura, ¿qué es lo que estará sucediendo entonces?
La primera, quizás algo mecánica, es porque hay incertidumbre (todavía) sobre el principal precio de la economía de cara a los próximos años: el dólar. El tipo de cambio está en el nivel más bajo en tres meses. ¿Cómo cambian los números de una inversión si se liberara el cepo del todo?
No son ‘los keynesianos’ Roberto Frenkel o Martín Rapetti los que plantean algo así sino economistas de raigambre financiera como Miguel Kiguel o Alberto Ades, que a esta altura se preguntan si el dólar en $ 1.400 es suficiente para que el país supere tres desafíos para 2026-2027: crecer, crear empleo formal y fortalecer las reservas del Banco Central.
Claro que el contexto global ayuda: el dólar está débil y las monedas de Brasil, México y Chile se apreciaron más del 4% en el año.
“Pero el Gobierno podría haber comprado incluso más reservas y dejó apreciar. Esto sirve para contener precios, pero reabre la vieja pregunta de la competitividad”, dice Kiguel.
Mientras a miles de kilómetros de Buenos Aires la minería ‘vuela’, el nivel promedio de la utilización de la capacidad industrial de 2025 fue el peor de los últimos diez años excluyendo la pandemia.
Hay un movimiento en las placas tectónicas de la economía, de esos que podrían ser irreversibles como pasó con Carlos Menem.
Por ejemplo hoy empieza a ser más caro para las empresas quedarse con productos en la góndola dado el aumento de la tasa de interés real, el enfriamiento de la actividad y la apertura de la economía. A diferencia de épocas con inflación alta y poca competencia, en las que a las empresas les convenía ‘stockearse’ para especular con el precio, hoy les resulta más caro exhibirlos en góndola. La periodista Agustina Devincenzi contó este martes en Clarín que los electrodomésticos ya registran caídas de 45%. Y el sector textil directamente está en deflación. “Las empresas se están deshaciendo de esos productos pero no los están reponiendo y están dejando de alquilar galpones generando un menor nivel de actividad económica”, explica el economista Sebastián Menescaldi, de Eco Go. “Y otro aspecto es que la construcción había sido alentada por la demanda de personas que quería ahorrar en dólares y no podía invirtiendo en el pozo”.
Ahora viene la explicación del Gobierno y de los oficialistas: por qué no baja más el riesgo país, por qué los empresarios no festejan la reforma laboral o los argentinos no usan más sus dólares.
Primero, de más está decir que el Gobierno cree que un dólar más alto generaría un efecto recesivo en la demanda porque deprimiría el salario (en el corto plazo y en el mediano plazo de cara a las elecciones de 2027). Segundo, el Gobierno piensa que lloverán petróleo, minería y granos.
Incluso, para Ricardo Arriazu lo relevante no es que los argentinos saquen los dólares del colchón sino que dejen de comprar divisas como lo hicieron en 2025.
¿Alcanzará? ¿Acaso la construcción reviviría con menos gente comprando dólares o requiere un tipo de cambio más alto que baje los costos y dé sentido a los presupuestos con los salarios argentinos?
De vuelta: Arriazu diría que lo relevante es que Caputo gane esta pulseada para que los que apostaron al dólar pierdan plata.
El Gobierno podrá enojarse con Wall Street, los empresarios, los gobernadores y hasta con los argentinos. Pero efectivamente existe una brecha entre lo que el oficialismo desea que suceda (que baje más el riesgo país, que festejen los empresarios y que los argentinos revienten el canuto) y a lo que el resto está dispuesto a involucrarse con la economía argentina. Al menos a este nivel del tipo de cambio, hoy 21% apreciado respecto al que le pidió el FMI a Sergio Massa en 2023: según aquel cálculo el dólar debería estar ahora en $ 1.773.
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