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El 30 de enero de 2007 fue relevada de su cargo la Directora del Indice de Precios al Consumidor (IPC) tras negarse a introducir cambios en el procedimiento de cálculo del índice que se apartaban totalmente de la metodología en vigencia.
El 30 de enero de 2026 -19 años después- se decidió no poner en vigencia la nueva metodología de cálculo del Indice de Precios al Consumidor que a lo largo de 2026 se había venido anunciando con bombos y platillos desde el INDEC. Definitivamente, enero es un mal mes para las estadísticas públicas argentinas.
Al evento referido de 2007 le sucedieron 9 años de lo que se denominó “apagón estadístico” durante los cuales no sólo el índice de precios sino gran parte de las estadísticas públicas fueron groseramente manipuladas.
La reciente decisión respecto al IPC siembra dudas respecto a la confiabilidad futura de dicho índice. Así como la mujer del César no solo debe ser honesta sino que también debe parecerlo, las estadísticas públicas no deben dar lugar a ningún margen de duda respecto a su veracidad.
-Relevamiento de campo. Los encuestadores visitan los comercios y registran los precios de los distintos artículos.
-Cálculo del índice. A los precios de los distintos artículos debe asignarse un determinado peso (ponderación). Esta ponderación está prefijada y surge de la Encuesta de Gastos de los Hogares. Dicha encuesta permite conocer el peso relativo que cada bien tiene en la canasta de consumo promedio de la población,
El índice que se calcula actualmente se basa en la canasta de bienes de consumo que arrojó la Encuesta de Gastos de los Hogares llevada a cabo en 2005/2006. De aquí la decisión de actualizar el índice utilizando los resultados de la Encuesta realizada en 2017/2018.
La dificultad que apareció fue que este relevamiento arrojó un aumento en el peso de los servicios justamente cuando la política oficial es favorecer una recuperación de sus tarifas. Ello implica que el solo cambio de metodología agregaría algunas décimas al cálculo mensual de la inflación, disimulada actualmente por el uso de ponderadores que reflejan la canasta de consumo de hace 20 años atrás.
La decisión fue dejar de lado el cambio de índice y optar por elaborar uno nuevo que estaría disponible dentro de por lo menos 3 años. Mientras tanto, se seguiría midiendo la inflación con un índice basado en los consumos de hace 20 años, que subestima el peso que tiene el gasto en servicios.
¿No hay otra alternativa? Sí, publicar el nuevo índice tal como estaba previsto, junto con el anterior, explicando las diferencias en los valores si las hubiere. Ello permitiría despejar las dudas que rondarán sobre la confiabilidad del IPC luego del reciente episodio.
Economista. Ex Director de Estadísticas Económicas del INDEC. Profesor de la Universidad de Belgrano y de la Universidad de Buenos Aires
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