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Entrevista con el argentino Gustavo Rivara, preso un año en Venezuela: “Ya estaba resignado, los detenidos llegan torturados al Helicoide”

hace 4 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Entrevista con el argentino Gustavo Rivara, preso un año en Venezuela: “Ya estaba resignado, los detenidos llegan torturados al Helicoide”

Gustavo Gabriel Rivara es argentino, escribió libros sobre religión que sigue vendiendo en plataformas digitales. Con esas ganancias y ahorros que aún conserva en el banco, recorre América desde los años noventa. Tras la muerte de su mamá, salió de la Argentina a recorrer el continente. Y hasta llegó a Canadá en bicicleta, un viaje que le llevó cinco años. Viajero incansable, terminó pasando un año y dos días, según su cuenta exacta, preso en el emblemático centro de detención y torturas conocido como El Helicoide, en Venezuela.

En una entrevista concedida a Clarín este domingo, relató cómo fue caer nuevamente detenido en el Helicoide, donde ya había estado en 2002, en otro ingreso a Venezuela. Es un año curioso porque fue el del intento de golpe de Estado contra el fallecido Hugo Chávez, y que Rivara califica ante este diario -muy leído y empapado de las noticias y de la historia- como "un autogolpe". Rivara ya no tiene acento argentino. Habla de "tú", y la "ll" no la pronuncia con la conocida "ye" del Río de la Plata. Este diario se conectó con él por un Zoom con débil conexión. Estaba en la ciudad de Ibagué, en Tolima, en el interior colombiano, donde finalmente seguía este lunes.

“Yo ya estaba resignado. Yo había estado preso y ya había padecido torturas en el Helicoide. Ahora ellos se cuidan mucho de torturar en el Helicoide porque ya tiene la fama de ser un lugar de tortura. Entonces, los presos, los detenidos ya van previamente torturados de los centros de investigación. Ahí los torturan. Ahí les vacían los bolsillos y luego los mandan al Helicoide como desaparecidos.”

Estuvo preso en El Helicoide, la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin).

Contó que estuvo “un año sin hacer una llamada, incomunicado”. Durante ese tiempo compartió distintos períodos de encierro: seis meses detenido junto a un estadounidense -Rivara cuenta que fue con Lucas Hunter, un caso conocido-, dos meses con un influencer venezolano y luego cuatro meses completamente solo.

En este último viaje había salido desde México, voló a Costa Rica, luego a Colombia y cruzó por la frontera hacia Venezuela en enero. Allí realizó varios videos callejeros antes de ser detenido, algunos de los cuales se pueden ver en Youtube.

En el Helicoide pasó un año durmiendo en el piso de una celda ubicada en un segundo piso. Sin sol. “Estuve muy aislado. Luego me enteré de que las órdenes eran que no hablaran conmigo. Me ignoraban. Por ahí por eso corrió la bola de que yo no estaba bien. Además, con este look...." Se refiere a su barba y pelo largos, lo que, combinado con el hecho de que es argentino, lo llamaba Che, por Ernesto "El Che" Guevara. "Todos los presos tenían acceso a barbero, algunos a televisión, la mayoría. Yo estaba totalmente aislado y me dediqué a leer y escribir. El problema que tengo hoy es ocular.”

“En la parte de investigación siempre tenemos torturas”, vuelve sobre el tema Rivara, que a veces también usa su apellido de nacimiento, Freyre. Gustavo nació en 1973 y varias fotos de joven lo encuentran con libros religiosos en las manos.

Las denuncias previas de que Gustavo Gabriel Rivara era un argentino preso en Venezuela, y sin que nadie lo reclamara

Consultado reiteradamente sobre si en este viaje fue torturado físicamente, respondió:

“Esta vez me tuvieron tres semanas en un sitio de investigaciones, igual que todo el mundo. A veces llega de semanas a un año y medio y te tienen en un lugar aislado. Ahí siempre, en esa parte de investigación, siempre tenemos torturas porque se te interroga. Ya la gente, como te dije, la llevan interrogada. Aunque por supuesto todas las familias están torturadas porque están separados de sus familiares y ya que nadie tiene un proceso legal. Hay gente que lleva siete años sin proceso legal. Eso es una tortura.”

“En esas tres semanas en el centro de investigación, yo estuve atado a la cintura con un arnés y con esposas. No te las permiten sacar en todo el día, duermes con las esposas. A mí me hicieron solo un interrogatorio de dos días, porque lo mío estaba claro. Pero hay gente que pasa año y medio en esos procesos interrogatorios, en los que, mientras te vacían los bolsillos, le roban todo a la gente, las propiedades, todo el dinero que pueden. Ellos se adueñan de los teléfonos. Yo he visto compañeros que les han pegado y los han quemado con el calor del caño de escape de las motocicletas. Les han quemado los brazos. He visto, sí, gente que los han torturado. Se suicida un chico al año. El Helicoide es una cueva dentro de un sitio rico. Con prisiones sin ventana ni nada. Y muchos de ellos pasan mucho tiempo desaparecidos porque las madres no saben dónde están. Y cuando empiezan a recibir visitas, que yo nunca tuve, ya están mal de la cabeza.”

“Todas las celdas son con luz artificial y sin ventana. A la noche uno siente que se ahoga. Una tortura.”

Gustavo sostiene que se salvó porque otros detenidos que fueron liberados antes dieron su nombre. “Si no hubiera surgido esas salidas repentinas de las primeras semanas de enero tras la salida de Maduro, yo todavía estaba ahí adentro.”

Cree que fue el gobierno de los Estados Unidos es el que avisó al de Argentina que él estaba preso. “Yo tengo información de que hablaron por mí en Cancillería argentina, pero probablemente por mis antecedentes no quisieron mencionarme.”

Su detención se produjo el 18 de enero de 2025, su excarcelación —que en los hechos fue una expulsión— se empieza a producir en la noche del 19 de enero. "Ahí fue que me dijeron (no sé si en broma, dice que pensó) que si quería la foto con los hombres armados y encapuchados me la venderían". Y el 20 de enero pasado, fue dejado en la frontera venezolana con Colombia, tras ser llevado en automóviles con cambios reiterados de vehículos. Clarín había anticipado su existencia y su liberación tras un post de la abogada Tajara Sujun. Luego el canciller Pablo Quirno reconfirmó el caso.

“Alguien tuvo que haber intervenido para que yo saliera, pero es secreto. Probablemente lo sepa el Gobierno. Alguien fue”, afirmó.

Gustavo y su hermana Patricia Rivara, que vive en Castelar, están especialmente agradecidos con la abogada venezolana Betzabeth Jaramillo, quien fue la primera que expuso públicamente su caso en X, pidiendo ayuda para él, puesto que nadie entonces lo reclamaba. Patricia Rivara, que no sabía dónde estaba su hermano, impulsó gestiones en la Argentina; y la activista Elisa Trotta también movió gestiones en Buenos Aires para que el Gobierno de Javier Milei empezara a reclamarlo con otros argentinos que se reclaman, entre ellos el gendarme Nahuel Gallo, detenido en El Rodeo, y el abogado Germán Giuiliani, quien se estima que está en la cárcel de Yare.

Rivara también está agradecido con la cónsul argentina en Colombia. En su entorno señalan que, ante los problemas de salud y las prolongadas licencias del embajador argentino en Bogotá, Mario Verón Guerra, su caso fue atendido por el consulado y no por la embajada directamente, desde el momento en que fue liberado en Venezuela y expulsado. Fue también la cónsul quien se ocupó del caso de la esposa del gendarme argentino Gallo, María Alexandra Gómez y su niñito Víctor.

Rivara contó que lo detuvieron el 18 de enero de 2025 en una parada de autobús, tras haber ingresado de manera irregular a Venezuela. Fue en Barinas, cuando ya intentaba regresar a Colombia.

“Fui a apoyar a la oposición, que tiene que vivir en la clandestinidad. Para colaborar. Tú sabes que no se puede lograr nada sin la ayuda internacional. Igual que no pudieron independizarse Perú o Bolivia sin la ayuda de San Martín. Igual que los mambises solos en Cuba. No pudieron liberarse sin los extranjeros. Lo mismo pasa en Venezuela, si no lo ayudan. La dictadura no ha caído todavía. Y yo fui a unirme a los chicos. Estaban todos presos ya y fui a buscar a mis contactos.”

“Antes de diciembre a mí me pedían que pidiera tres deseos y yo decía que caigan las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Por eso fui. Yo era socialista hasta que conocí Cuba. En 2001 recorrí Cuba en bicicleta y eso me cambió la forma de pensar. Estoy ahora totalmente en contra. Saqué incluso un libro sobre Cuba cuyo protagonista estuvo veinte años preso en Cuba: William Pérez, un cristiano que luchó en la revolución cubana con Camilo Cienfuegos y pasó después veinte años preso”.

Durante su encierro escribió a mano una novela. No da demasiados detalles sobre su contenido, pero muestra hojas manuscritas sobre sus días en el Helicoide, papeles que escondía en sus partes íntimas.

Recuerda también que los guardias querían sacarse fotos con él permanentemente. “Todo el tiempo me sacaban fotos, imágenes. Yo no me dejaba. Es tan perverso y corrupto el sistema que esos mismos guardiacárceles me dieron sus teléfonos para que, si quería, compre mis fotos de mis días en la cárcel. Como souvenir o para usarlas como me plazca.”

Relató que era común que a los presos políticos les quitaran sus pertenencias, incluidos los celulares, y que fue testigo de casos en los que utilizaron los códigos de los detenidos para auto-transferirse dinero a efectivos de las fuerzas de seguridad chavistas.

Su historia, atravesada por viajes, militancia y encierro, suma ahora un nuevo capítulo fuera de prisión. “Yo ya estaba resignado”, repite. Y describe el Helicoide como una cueva sin ventanas, con luz artificial permanente, donde por las noches “uno siente que se ahoga”.

Natasha Niebieskikwiat

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