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Buenos datos de inflación y empleo en EEUU, mejoran el humor de los mercados

hace 20 horas en ambito.com
ámbito.com

La inflación (y el empleo), mejor que lo esperado. Los bonos festejan con la caída de tasas largas más fuerte en cinco meses.

Los bonos del Tesoro desplegaron así su mejor semana desde septiembre.

No solo la Fed es data dependiente. Los mercados, también. Y la última ola de información aportó dos novedades potentes. La creación de empleo languideció en 2025 pero, gran sorpresa, renació con tremenda fuerza en enero. La inflación al consumidor, en su versión núcleo, cayó a 2,5% en enero, un piso de los últimos cinco años. La economía se abre paso así con soltura en un mar de sargazos y amenazas. Esta semana se difundirá el crecimiento del PBI del cuarto trimestre. El consenso de los especialistas vaticina un sólido 2,8%. Los mercados de predicción arriesgan más de 3%. El pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta se estira a 3,7%.

La Fed de Powell tiene más razones para festejar que nadie. Pero con Jay Powell al borde de la jubilación forzada lo hará en silencio. Se crearon apenas 181 mil empleos netos en todo 2025 y no 584 mil como se estimaba antes de la flamante revisión anual, que se conoció con atraso por culpa del segundo “shutdown” (y ya vamos para el tercero). El expresidente Biden diría sin que le falle la memoria: fueron 2,5 millones en 2023 y casi 1,5 en 2024. En el pasado, la generación de 15 mil puestos netos por mes era simplemente la confirmación de una recesión. Pero son otros tiempos. Trump 2.0 trajo consigo una mutación del mercado de trabajo. Transitamos la era del hielo. Las políticas migratorias activas – ICE incluido – hicieron trizas la oferta laboral. Las búsquedas también cayeron, aunque sensiblemente menos. La economía, bien sabemos, se las arregla para crecer gracias a un salto notable de la productividad por hombre empleado. Sí, pero por cuánto tiempo. Esa es, o era, la pregunta del millón.

La inflación no da tregia y sigue generando efectos sobre el bolsillo de los consumidores.

Los tres recortes de tasas de la Fed – por un total de 75 puntos base entre septiembre y diciembre – lucen, data en mano, muy oportunas.

Y la pausa que se tomó en la última reunión, todavía más clarividente. Es que enero revirtió la tendencia. Con todo: +130 mil empleos. Las cifras son revisables, pero marcan un quiebre nítido, aún si se las toma con pinzas. La tasa de desempleo se redujo a 4,3% (con un aumento de la tasa de participación). ¿Es el fin de la anemia laboral? En principio, es un salto bienvenido de glóbulos rojos después del tratamiento de la Fed, y su primer presagio sólido. La pregunta del millón abarató su respuesta. Las horas trabajadas, los tres últimos meses, crecieron 2% anualizadas. La puja entre la expansión del PBI y la sequía del empleo comienza a cerrarse por el lado del crecimiento. Decía Powell el 28 de enero: “La economía nos ha sorprendido, de nuevo, con su fortaleza”. Tenía razón.

La inflación también trajo lo suyo. Los precios al consumidor treparon 0,2% en enero. Excluidos alimentos y energía, subieron 0,3%. Es mucho menos que lo esperado y un alivio. Se temía sobremanera el salto habitual en los eneros de los últimos años (a pesar de que la cifras se corrigen por estacionalidad). Entiéndase bien: la medición mensual se mantiene. Lo que sí cayó fue la inflación interanual. La general, a 2,4%. La versión núcleo, a 2,5%. Es la menor lectura de los últimos cinco años. Y fue lo que deleitó a los bond vigilantes.

Los bonos del Tesoro desplegaron así su mejor semana desde septiembre. Las tasas de diez años, si se toma su techo semanal y su cierre en el piso, cayeron 20 puntos base. En enero llegaron a rozar 4,30%. El viernes terminaron en 4.05%. Son niveles que no visitaban desde principios de diciembre. Los bonos tienen claro que Jay Powell dejará de comandar la Fed el 15 de mayo y que Trump pondrá allí a un hombre suyo: Kevin Warsh. Por lo visto, ningún problema. También prevén que el viernes próximo la Corte Suprema se pronunciará sobre la constitucionalidad del aumento de aranceles recíprocos del presidente. Y se aguarda un fallo desfavorable (con 75% de probabilidades en los mercados de apuestas). Un desempeño así, tan rotundo, es en sí mismo otra apuesta, a que se sorteará la vicisitud sin graves consecuencias para el crédito. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el futuro chairman de la Fed, Kevin Warsh, no podían pedir, a esta altura, una más cálida recepción.

La semana no había comenzado bien. Según versiones oficiosas, los reguladores chinos habrían aconsejado a sus instituciones financieras limitar las compras de bonos del Tesoro de EEUU por los riesgos de fuertes fluctuaciones en el valor de sus portafolios. En el caso de firmas con alta exposición, incluso habrían instado a reducirlas. Los rumores golpearon el valor del dólar. Pero los bonos no se mosquearon en absoluto. Se trata de un fantasma anacrónico: ¿qué va a pasar si los chinos venden su posición de bonos del Tesoro? Pues, nada. Sus tenencias ya cayeron a la mitad en los últimos diez años sin mayor repercusión. Tampoco se padeció otra desgracia anunciada: el triunfo rotundo de la primer ministro Sanae Takaichi en Japón. El Nikkei, el yen y los bonos japoneses se fortalecieron. Y no se rompió nada.

Wall Street podía festejar por partida doble: la vuelta del empleo y la merma de la inflación. Pero obra un tercero en discordia, la bonanza de la inteligencia artificial (IA), que es – como nunca – arma de doble filo. Y fuente de perturbación creciente. La Bolsa subió o bajó, según el cristal con que se mire. El mercado bull empuja, su vigencia no se discute; pero su naturaleza cambió. Hoy es un fenómeno plebeyo. El S&P Mid Cap 400 y el Russell 2000 – las compañías medianas y pequeñas – son las que avanzan pujantes. En la cartelera principal solo brilla el Dow Jones Industrial. El S&P 500 cerró en baja por segunda semana consecutiva. No pudo recuperar la media de las últimas 50 ruedas. El Nasdaq lleva cinco semanas en rojo.

Las Siete Magníficas ya no lucen envidiables. Dos de ellas, Amazon y Microsoft, estrenaron bear markets particulares con caídas superiores a 20% desde sus máximos. La fiebre de la IA cuestiona todo. Las dudas contagian ya no solo a Nvidia y otros proveedores selectos, o a los hiperescaladores, sino a cualquier compañía que pueda zozobrar por su disrupción fulminante. En la volteada súbita cayeron las firmas de software y servicios legales, los brokers financieros, las compañías de seguros y hasta las firmas de bienes raíces comerciales. Quizás sea una sobrerreacción. Los balances todavía son muy rentables. Y la generación de ingresos es la mayor desde 2022. La IA no las condena a la extinción. Solo forzará su adaptación. Y ante la duda, Wall Street primero castiga y después indaga.

La paradoja del mercado bull es que en su avance tenaz regresa a la vieja economía y huye de la innovación. Hoy prefiere lo analógico a lo digital. Toma distancia de cualquier renglón susceptible de una rápida obsolescencia. El mercado alcista continúa, pero primero tuvo que mutar de piel como un camaleón. Con las Siete Magníficas en la picota, es la hora de la rebelión de las masas. Lo que sube es la participación, la cantidad de papeles en alza. Los últimos hoy son los primeros. Sobresalen los índices promedio simples y no los que ponderan por capitalización. En definitiva, el mercado bull no se dejó arrinconar y se reinventó sobre la marcha. Como si lo nutriera una intuición salvaje resiliente a cualquier imponderable, salvo, claro está, tropezar con una recesión.

Aumentan los precios de la carne, pero no cae la demanda.

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