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Villarruel duda de la reelección de Milei, otro Menem candidato y quiebre en el PJ del Congreso

hace mucho en clarin.com por Clarin.com - Home

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Ignacio Zuleta

La visitante aceptó los rituales de ir a la Catedral y a mediodía del sábado ingresó a la Casa de Gobierno junto a su asesor Mario “Pato” Russo, donde el “Gitano” Ricardo Quintela le ofreció un lunch con dirigentes de todos los partidos. El diálogo se animó por el aire carnavalesco y transgresor, que pareció ganarlos a todos.

Le preguntaron a Victoria Villarruel sobre una eventual reelección de Milei. “No te creas, no te creas”, respondía como dudando de que lo intente y, en caso de hacerlo, que lo voten. Con el mismo desparpajo, respondió a la pregunta sobre si ella disputará una candidatura a la presidencia de la Nación.

“¿Por qué no?”, dijo menemistamente. ¿Se animaría acaso a ser candidata con un peronista en la fórmula? “¿Y por qué no?”, se entusiasmó. Ese lunch se desconcentró pronto porque Quintela no figura entre los predilectos del oficialismo.

El Carnaval riojano no se ha dejado arrastrar, como otras comarcas, por el estilo brasileño, rítmico y de caderas lujuriosas. Conserva la esencia transgresora de las jerarquías, que exalta la sinceridad de quienes callan todo el año y desafían la autoridad por un día.

Es el momento de dar vuelta todo, cuando los poderosos aceptan que los bufones les tiren harina en la cara y les digan lo que piensan. Dura poco, hasta que la Cuaresma recupera el control de la carne, que deja de ser trémula y acata los mandamientos.

Victoria Villarruel lo entendió durante el fin de semana, cuando visitó esa provincia y transgredió lo que nadie se atreve. Desafió las consignas del oficialismo que integra en el más alto nivel y arrastró a sus acompañantes a actos impensados en ella. Por ejemplo, rezar ante la tumba de los beatos en la catedral provincial.

El obispo local la acercó a las tumbas donde descansan los restos del obispo Enrique Angelelli, los curas Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslao Pedernera -y le describió la situación de la muerte de cada uno de ellos durante la represión clandestina del terrorismo-.

Monseñor Dante Braida puso a la vicepresidenta, que tiene posición tomada sobre el último turno militar, a rezar un padrenuestro ante estos consagrados por el papa Francisco como mártires in odium fidei (por odio a la fe).

Villarruel se manifiesta como una persona de fe católica y escuchó con obediencia al obispo relatando cómo habían sido asesinados esos beatos. Solo atinó, cuando terminó la visita a las tumbas, a pedir un apartamiento. "Voy a rezar un padrenuestro ante el Santísimo", y pidió reserva para hacerlo.

La visita de la vicepresidenta fue una fiesta para el gobierno riojano. Sabían que Martín Menem, presidente de Diputados y miembro de la troika de la Casa de Gobierno, había intentado que Javier Milei se diera una vuelta por la Fiesta de la Chaya riojana.

Este Menem busca una candidatura a gobernador en 2027 y pudo soñar con que el presidente hiciera la del Chaqueño Palavecino y cantase desde el escenario. Algo debieron prever los servicios de seguridad y decidió no viajar.

Villarruel aceptó la invitación del senador peronista del sector disidente Fernando Rejal para animar la Chaya. Escuchó en silencio el pedido del obispo de que no avance el proyecto de baja de la imputabilidad de los menores delincuentes. Es un proyecto emblema de su gobierno y lo agita el martillo que le ha puesto enfrente la Rosada, que es Patricia Bullrich.

Escuchó en silencio como si consintiera los argumentos del obispo, que son los que ha hecho suyos todo el Episcopado. La Iglesia es un bastión del anti-punitivismo, bandera que alzó el papa Bergoglio y que lo enfrentó a proyectos punitivistas de todos los gobiernos, y en particular con Pepita la Pistolera, que es como llamaba entre bromas y veras a Bullrich ante sus visitantes.

El silencio de Victoria ante el pedido del obispo pudo despertar en algunos de los presentes la duda sobre qué hará la vicepresidenta si en el Senado le toca desempatar en una votación sobre la baja de la edad. El peronismo de todos los bloques tendrá este miércoles un zoom para discutir ese proyecto que irá a la cámara para su tratamiento en comisión esta semana y en el pleno el 26 de febrero. Cuando ella desempató nunca lo hizo en favor de nosotros, lamentó un peronista que escuchaba todo.

A Villarruel la escuchan todos con atención porque el próximo 24 de febrero tendrá lugar la sesión preparatoria del Senado, que es donde se eligen las autoridades de la cámara. Bartolomé Abdala tiene los números para reelegir como presidente provisional. Cuenta hasta ahora con el apoyo de Villarruel, pero también el de la Casa Rosada, a través de Patricia Bullrich.

La exministra y jefa del bloque oficialista cabalgó con éxito la aprobación del proyecto de reforma laboral. Ese protagonismo ha tenido sus costos. La tumultuosa manera de discutir un proyecto casi en secreto, sin que los legisladores conocieran el proyecto hasta último momento, la ha hecho responsable de cláusulas que pueden ser revisadas en Diputados, como la polémica limitación de las licencias de enfermedad.

La prisa del Gobierno por discutir este proyecto se explica en que Milei quería tener una bandera victoriosa, de cualquier materia, para engalanar el discurso de apertura del año legislativo del 1° de marzo. Agigantan esa pretensión funcionarios y punteros cuya función parece ser ponerlo contento al Presidente.

Todos los gobiernos, aun los más recatados y austeros, generan batallones de alcahuetes que lo que buscan es hacer sonreír al jefe. Pero en administraciones de sesgo autoritario como la de Milei, el alcahuetismo forma parte de la tarea de gobierno. Más cuando el plan de gobierno -si es que lo hubiera- se confunde con la estrategia de publicidad, con el esperable resultado de que se confundan también los objetivos.

El peronismo del Senado ha tenido una merma en su representación y volverá a reclamar presencia en comisiones donde dice que se le niega el número que les correspondería, por el porcentaje de votos que tienen. El interbloque opositor sesionará este miércoles por zoom; tiene que decidir si repite en esta legislatura la estrategia de no integrar las comisiones como rechazo a la representación que se les niega.

Hasta ahora no lo hicieron, y se perdieron la oportunidad de poder presentar dictámenes de minoría, como ocurrió con el proyecto laboral. “¿Para qué aceptar si nos dejan con una representación tan chica que nos impide de oponernos?", ha dicho José Mayans, presidente del interbloque peronista. “Igual asistimos a todas las comisiones y dejamos asentada nuestra representación”, completa.

El voto mayoritario que suma el oficialismo en el grupo de Los 44 que conduce Bullrich, debe decidir si le da a Villarruel la facultad de integrar las comisiones. Es una tarea delicada por las relaciones enojadas que hay entre el Ejecutivo y la vicepresidenta.

Frente a la integración de las comisiones hay decisiones clave como, por ejemplo, qué destino se le dará al senador por Jujuy Ezequiel Atauche, que era jefe del bloque y lo desplazaron por Patricia. También lo dejaron sin la presidencia de Presupuesto y Hacienda, que está reservada para Agustín Monteverde, economista porteño que entró a la cámara como segundo de Bullrich.

Es explicable este recelo entre los personeros del oficialismo, un conglomerado de leales al Presidente, allegados a la hermana y aliados producto del transfuguismo interpartidario. Están condenados a pelearse entre sí.

El Gobierno busca de qué disfrazarse para saber antes del miércoles qué destino tendrá el proyecto de reforma laboral en la Cámara de Diputados. Ese día sesionará el plenario de comisiones que tiene que dictaminar sobre lo aprobado en el Senado.

Hasta el domingo, Diego Santilli se dijo confiado en que tiene los votos para la aprobación en general. “Ya tengo los votos para la aprobación general. En particular, tengo que trabajarlo antes del miércoles”, insistió ante quien pudiera o quisiera escucharlo.

Con el acuerdo que tiene el oficialismo en este tema de parte del PRO, radicales y otros, puede llegar a juntar entre 131 y 138 votos, según el cálculo de los baquianos de la cámara que uno podía consultar. Es un proyecto eficaz para no dejar suelta a la dirigencia que se ha quedado sin referentes con la crisis del PJ y de Cambiemos (UCR, PRO, etc.).

El tema laboral moviliza a los moderados y les da una oportunidad de diferenciarse del peronismo bonaerense, que sigue pidiendo la libertad de Cristina.

El propósito del Gobierno con el menú legislativo de verano ha sido proponer debates que tienen adhesión transversal en el electorado moderado, como son el laboral, la baja de la edad, el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea y hasta el de fondos para las universidades que promete enviar esta semana al Congreso.

Buscan arropar al oficialismo en el comienzo de la segunda parte del mandato de Milei y ensayar la integración de un frente electoral no pejotista que comprenda a esos sectores con vistas a la reelección de Milei en 2027.

No hay que entretenerse en discutir los efectos reales de las leyes, que tienen la fragilidad de votaciones muy finitas, con cláusulas que pueden terminar enredadas en los tribunales y con un resultado final que es efecto de negociaciones para sumar amigos, y no para legislar para los tiempos que vienen.

El número que tiene el Gobierno para una sesión el jueves (si el miércoles hay dictamen en Diputados) le asegura el quórum, pero no que el voto en general se ratifique si prosperan algunos dictámenes de minoría que apuran algunos opositores con celeridad carnavalesca también.

Es previsible que haya uno del peronismo, sobre la base del que elaboraron Kelly Olmos y Guillermo Michel. Otro vendrá de Encuentro Federal, Pichetto-Massot, que ataca la reducción de licencias por enfermedad, que defendieron durante el fin de semana Sturzenegger y Bullrich, el pago en cuotas de las indemnizaciones con sentencia judicial, y el fondo del FAL (Fondo de Despidos) con cargo al ANSES.

Estas tres reformas pueden llegar a caer en particular y deberán ir a revisión al Senado, en donde el Gobierno tendrá los votos para ratificarlos, salvo que el rechazo sea del 2/3 de los votos, que nadie se anima a asegurar.

También se espera un proyecto en disidencia del bloque Provincias Unidas -diferente al de Encuentro, que integra ese interbloque-, y otro de la Coalición que elaboraban este fin de semana.

Para decidir la suerte del nuevo régimen laboral hay que atender al hecho legislativo más importante de lo que va del año, que es la división que hubo en el bloque de Unión por la Patria la semana anterior en el tratamiento del acuerdo Mercosur-UE. La bancada opositora le dio un alegrón al Gobierno porque mostró disidencias en Diputados que habían esperado en el Senado cuando se votó reforma laboral, que no ocurrieron.

La bancada de Mayans votó toda junta. En el caso de Mercosur-UE hubo una división entre federales y metropolitanos, una diferencia que afecta a muchos partidos, pero principalmente al peronismo. El sector federal elaboró su táctica de apoyo en reuniones con embajadores de la comunidad europea y con empresarios.

El miércoles pasado, antes de la sesión en Diputados, los diputados de varios partidos que apoyaron el pacto se reunieron con industriales de la agroindustria que convocó la Cámara de Cereales. Estuvieron, entre otros, Gisela Scaglia, Victoria Tolosa Paz, Pichetto, Michel, Emir Félix, y Marianela Marclay. Escucharon los argumentos del Interior productivo que justificó el voto a favor en la sesión.

El otro sector, representado por los excancilleres Jorge Taiana y Santiago Cafiero, rechazó el acuerdo argumentando que desprotege a la industria en un momento cuando el gobierno de Milei la ataca y le reduce posibilidades de recuperación. La diferencia interna tiene efectos notables para el peronismo, al que lo último que le puede convenir es dividirse.

En esta votación se ha jugado la dialéctica clásica interior-AMBA, y hubo más votos para el acuerdo en el peronismo del interior, que para el rechazo. El Sí dentro del bloque Unión por la Patria juntó 40, el No 30. Lo demás fueron ausencias y abstenciones.

Por algo Agustín Rossi votó a favor, para no distanciarse más del electorado de Santa Fe, gran potencia agroindustrial. Su contrapunto con el excanciller Taiana expuso que hay profundidades ideológicas que separan a los legisladores del bloque, que ha hecho crisis por la jefatura en retirada de Máximo Kirchner.

Taiana argumentó que el acuerdo que negoció el Gobierno tenía tres pilares: el pilar político, el pilar de la cooperación y el pilar del acuerdo comercial. Pero que las negociaciones posteriores dejaron en pie solo lo comercial, sin el resguardo de condicionamientos políticos y de cooperación que lo protegían de desigualdades.

La posición de Rossi y sus seguidores respaldó la integración geopolítica de la Argentina junto a Brasil a la UE, una manera de tener alguna equidistancia con los Estados Unidos, hoy una potencia proteccionista. Germán Martínez, jefe del bloque, apoyó a los federales para no resentir más su liderazgo en una bancada que tiene que pasar el cabo de hornos.

Ignacio Zuleta

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