Un informe reveló que para llenar el carrito de las compras con alimentos y bebidas, una familia tipo necesitó más de $900.000 en algunas provincias. Las diferencias territoriales evidencian presión sobre los bolsillos en un contexto de inflación persistente.
La inflación no da tregia y sigue generando efectos sobre el bolsillo de los consumidores.
Tras el dato de inflación de enero, que fue de 2,9%, el costo de llenar el changuito de supermercado en la Argentina vuelve a mostrar disparidades marcadas entre regiones, reflejando no solo diferencias nominales de precios, sino también el peso relativo sobre los ingresos familiares en distintas economías provinciales. De acuerdo a un reciente relevamiento, se observó una brecha superior a $113.000 entre el distrito más caro y el más barato del país para una canasta de alimentos y bebidas de primera marca.
Según el informe del "Changuito Federal" elaborado por la consultora Analytica con datos de enero, las provincias patagónicas lideran los costos más altos: Santa Cruz encabeza la lista con un changuito que demandó $911.587 por mes, seguida por Chubut ($903.640), Tierra del Fuego ($891.399), Río Negro ($887.034) y Neuquén ($867.078).
En contraste, en regiones como el Noreste Argentino (NEA) y Noroeste Argentino (NOA) los precios nominales resultan más bajos. Misiones registró el changuito más económico, con $798.252, seguida por La Rioja y Chaco con precios cercanos a los $807.000 y $808.000 respectivamente.
Más allá del monto absoluto, lo que destaca el informe es el esfuerzo relativo que representa la canasta sobre los ingresos familiares en las distintas regiones. En la Patagonia, a pesar de los altos precios, el changuito equivale a unos 15,7% de la suma de dos salarios privados registrados, en parte porque los sueldos promedio son comparativamente más altos en distritos como Santa Cruz o Neuquén.
En cambio, en provincias del norte y NEA, donde los ingresos son más bajos, los alimentos representan una carga significativamente mayor para los hogares. Allí, llenar el changuito puede absorber hasta el 29,7% de dos salarios familiares, casi el doble de lo que representa en la Patagonia.
Estos datos reflejan que no solo las diferencias de precios importan, sino también cómo se relacionan con el poder adquisitivo local. Una familia de cuatro integrantes puede enfrentar costos más elevados en el sur, pero el ingreso allí amortigua parte del impacto. En las economías del norte del país, pese a que los precios son más moderados, el esfuerzo económico es mucho mayor frente a ingresos más ajustados.
El informe también marca variaciones recientes en algunos productos claves. El aceite de girasol mostró aumentos generalizados de entre 3% y 5%, y la hamburguesa registró subas de entre 4% y 7% en la mayoría de las provincias. Otros productos como las salchichas tuvieron incrementos de entre 2% y 4%, mientras que la docena de huevos se mantuvo relativamente estable —con una baja de 1,3% en la Ciudad de Buenos Aires—.
Este escenario ocurre en un contexto de inflación persistente, donde los precios de alimentos siguen pesando sobre los ingresos de los hogares argentinos. Datos complementarios de organismos como el INDEC confirman que, en la mayoría de los rubros alimenticios medidos, los precios permanecen más altos en la Patagonia que en otras regiones, aunque esto no siempre se traduce en mayor impacto sobre el bolsillo familiar.
La disparidad territorial refleja factores estructurales como costos logísticos, diferencias salariales, cargas impositivas provinciales y tendencias inflacionarias regionales. Por ejemplo, precios de productos esenciales como la carne picada, arroz o leche fresca tienden a ubicarse más altos en provincias patagónicas según los relevamientos del Indec, mientras que en regiones como el NEA y NOA ciertos bienes básicos se encuentran a precios más bajos nominalmente.
En definitiva, los últimos datos confirman que el costo del changuito en Argentina no solo varía significativamente por provincia, sino que pesa de forma muy diferente sobre las economías familiares según el nivel de ingresos regionales. Esto incide directamente en la capacidad de consumo y en la percepción de bienestar de los hogares, especialmente aquellos con menores recursos.
De acuerdo al dato de INDEC de enero 2026, entre los rubros más afectados por la suba de precios se destacó alimentos y bebidas no alcohólicas (+4,7%), producto del avance sostenido que estuvo teniendo la carne en los últimos meses y que podría profundizarse tras el nuevo acuerdo comercial con EEUU.
Entre los alimentos con gran volatilidad de precios también se destacaron las verduras, de un componente fuertemente estacional, que, según comentó la economista Rocío Bisang a Ámbito, "en GBA el aumento promedio fue del 28%, con el tomate volando al 92%".
En el Gran Buenos Aires los alimentos treparon 5,1%, mientras que en el Noroeste avanzaron 4,8% y en la región Pampeana, un 4,5%, reflejando los aumentos más importantes para este rubro.
El fuerte incremento de los alimentos, un rubro altamente sensible, genera un nuevo golpe al bolsillo de los sectores más vulnerables.
En tanto, comunicación y vivienda también se ubicaron por encima del promedio: alcanzaron el 3,6% y 3%, respectivamente. Estos rubros son importantes en la canasta, ya que con la nueva medición del IPC en base a la Encuesta Nacional de Gastos de Hogares (ENGHo) 2017/18 iban a tener una mayor ponderación dentro del índice, así como también los alimentos iban a perder incidencia.
Hacia dentro del rubro viviendas, los aumentos de los alquileres casi triplican el nivel general. Alcanzaron el 7,8%, encabezados por los incrementos en la Patagonia, seguida del Noroeste (+7,4%) y el Noreste (+7,2%). En términos interanuales, los alquileres subieron entre un 60% y un 113%, dependiendo la región del país.
Por su parte, Restaurantes y hoteles también sufrieron un aumento considerable del 4,1%, debido a la demanda estacional por vacaciones de verano. Vale destacar que el período de vacaciones estivales se extiende de fines de diciembre a febrero, pero enero es el mes con mayor demanda.
A contramano de los sostenidos aumentos de alimentos, comunicación y vivienda, el rubro prendas de vestir y calzado mostró una nueva retracción y bajó 0,5% durante enero. Vale destacar que el sector textil es de los más golpeados por la apertura indiscriminada de importaciones, que marcaron un avance del 291,8% durante 2025 y aportaron u$s789 millones, según la medición de ABECEB.
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