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-Fue secretario de Trabajo del ex presidente Raúl Alfonsín. En 1985 aquel gobierno logró estabilizar la economía, ganar las elecciones legislativas y al año siguiente empezó un camino para modernizar el marco laboral. ¿Es comparable esta secuencia de Milei de baja de la inflación en 2024-2025, ganar las legislativas y avanzar en una reforma laboral con aquella que intentó Alfonsín?
-Hay algunos puntos de contacto como usted señala, un patrón. Pero la situación del país en aquel y este momento son distintas. Y también las ideas de Alfonsín. El ex presidente estaba preocupado por la democracia interna de los sindicatos y los vínculos del sindicalismo con el poder militar. Pero igual creo que cualquier reforma de Alfonsín no hubiera tenido el calado y la envergadura de la de Milei.
-Porque el Gobierno actual logró establecer la prioridad del convenio de empresa sobre el convenio de actividad. Y esto va a transformar el mapa sindical y el mapa laboral argentino si las partes son capaces de usar esa cláusula que estaba en la Ley Banelco y cayó por razones judiciales y políticas. El hecho de que el convenio de empresa vaya a tener prioridad sobre el convenio de actividad implica un cambio para los sindicatos que van a tener que adaptar su estructura a las provincias y regiones con gente preparada para negociar. Lo mismo ocurre con la patronal. Deberá haber convenios colectivos que sean de empresa o de región que modulen el convenio histórico cuyo arquetipo era el modelo metalúrgico. Por otro lado, la afectación de la caja de los sindicatos, quedó diluido. Los sindicatos entre bambalinas lograron recuperar su poder financiero.
-Depende. Se aparta de la tradición peronista clásica, en su versión contemporánea. Pero el peronismo en 1954, con el Congreso de la Productividad, tuvo un intento de giro liderado por Juan Domingo Perón. Les dijo a los sindicatos que todo lo había que repartir ya se había distribuido y que era hora de producir, producir y producir. Perón logró que los sindicatos acepten negociar la productividad y una cierta relación entre la cúpula sindical y los delegados de fábrica. Fue un intento cuando las relaciones eran centralistas. También procuró hacerlo Arturo Illia cuando advirtió que el proceso industrial se agotaba, habilitó el sindicato de empresas. Pero lo de Illia tuvo una consecuencia no querida: el sindicato de empresa fue dirigido por fuerzas de izquierda. Por eso digo que esto de Milei depende cómo se haga y cómo lo recepciona la patronal. Algunas cámaras de comercio han dicho que prefieren negociar como hasta ahora. Pero efectivamente diría que el proyecto de Milei significa un quiebre de la tradición peronista sindical. El peronismo sindical vivió del sindicato vertical y del convenio único como el metalúrgico que se plegaba como un guante a la mano al modelo industrial que en aquel momento estaba vigente dando origen al Conurbano bonaerense. Nada de eso existe hoy y Milei quiebra el orden.
-El Gobierno dice que el salario tiene que subir cuando aumenta la productividad. ¿Milei avanza en ese sentido?
-Veremos. El salario dinámico genera problemas jurídicos y económicos. Supone problemas culturales profundos en nuestro país. Para un sector del PJ, la productividad es una bandera de la derecha.
-Exactamente. Pero la productividad es trabajar más y mejor. Perón procuró hacer eso en el Congreso de la Productividad donde llamó a producir más petróleo y energía. Cambió todo su ideología pero no le dio el tiempo para que eso calara en la cultura general.
-De vuelta. Si pasa como con las AFJP, que las empresas aprovechan un margen de productividad para enriquecerse, irá mal.
-En Dinamarca hablan de flexiseguridad: flexibilizar lo que haga falta para competir y darle seguridad a aquella persona que se está reconvirtiendo, que está perdiendo su puesto de trabajo. Philippe Aghion, último Nobel de Economía, explica que en estos procesos de destrucción creativa tienen que haber medidas de acompañamiento para la gente que queda a un lado. Un sistema que se reconvierte y el empresario despida al 50% de la mano de obra no existe. El proceso de reconversión de la industria española, fue casi tan importante como los Pactos de la Moncloa. Se fue reorganizando la industria naval y del acero para colocar a España en condiciones de competir con Europa definiendo compensaciones que tendrían los trabajadores en ese proceso. Ese proceso fue liderado por Felipe González y Carlos Solchaga.
-Una cosa es reformar el Registro Automotor que es cambiar un sello y otra es reformar el sistema laboral que necesita de decisiones pero luego pasar una prueba jurídica y de la realidad.
-El proyecto tienen algunas connotaciones que podrían afectar la libertad sindical como el derecho a huelga o cobrar el 75% del sueldo en caso de enfermedad. En estos puntos cabe esperar una pelea por parte de los sindicatos y que la Organización Internacional del Trabajo haga alguna mención de que esa cláusula es contraria a la libertad sindical. Además hay que tener en cuenta otro punto: el añadido que el gobierno argentino acaba de firmar en el tratado de inversiones con Estados Unidos, y el convenio vía Mercosur con la Unión Europea, en esos dos instrumentos de política comercial exterior se exige el cumplimiento de los convenios de la OIT. Por lo tanto habrá que ver qué pasa en ese frente. La reforma laboral de Menem fue profunda pero además pasó los filtros como el de la Corte Suprema y obtuvo la convalidación por parte del kirchnerismo, sobre todo de la ley de Accidentes de Trabajo a cambio de mejorar la indemnización.
- Usted fue ministro de Trabajo con Menem. ¿Milei puede reformar más que Menem en lo laboral?
-Distingamos entre reforma laboral y reforma sindical. La reforma laboral de Menem fue profunda, dije recién. Dejó como resultado las leyes de accidente de trabajo y de pyme aún vigente. Pero la reforma sindical fue imposible por los vínculos que tenía el presidente Menem con sus aliados gremiales. Milei hizo cosas que no se pudieron hacer en los años noventa al tocar la estructura sindical aún cuando su proyecto de reforma no tiene la ferocidad originaria. Los asesores del Presidente saben que el sindicalismo argentino choca contra los principios republicanos, por ejemplo hay sindicatos hereditarios. Y esa parte será reformada por los propios trabajadores una vez que el gobierno desate los nudos que perpetúan la burocracia sindical.
-En general me parece un paso adelante. Pero ojo que los sindicatos argentinos están mezclados con la vida social argentina, no es como en Europa. Si el Gobierno no toma la bandera de reforma del sistema de salud tendrá un problema porque el sistema de obras sociales está vinculado al sistema de salud público que atraviesa una situación terminal y que además lo pagan los trabajadores. Entonces esta ley no resuelve todos los problemas, pero abre canales que transitarán unos y otros en el futuro para arreglar todos estos problemas que exige una vocación de negociación que no siempre no tienen los empresarios o sindicatos. Es como si entráramos en una transición.
-¿Cómo encaja esta reforma laboral en el plan del Presidente para bajar la inflación? Van ocho meses en los que la tasa mensual sube y su principal promesa de campaña fue terminar con la aceleración en los precios
-El Plan Austral de Alfonsín que usted mencionó al principio tuvo dos ataques mortales. Primero el entonces presidente restituyó las paritarias dentro de un sistema de piso y techo en materia de actualización salarial. Fue entonces cuando los metalúrgicos, sindicato y patronal, celebraron un acuerdo rompiendo el techo fijado por el gobierno. Correspondía no homologar el acuerdo. Pero alguien convenció a Juan Sourrouille, el entonces ministro de Economía de Alfonsín y autor del Austral, de que homologar era una buena idea política a tal punto que recibiría una felicitación de parte de Lorenzo Miguel. El acuerdo fue homologado. La felicitación vino. Pero hirió de muerte la política de estabilización. La segunda estocada fue la designación de un sindicalista ortodoxo, mi paisano Carlos Alderete.
-Sus formas me parecen impropias de un presidente. Pero tiene idea de cómo hacer rentable el espectáculo de la política y las redes. Y al mismo tiempo fue cambiando. Fíjese que nació lejos de ser un estadista y aprende. Y esto que pasó con la reforma laboral es para prestarle atención. Milei tenía ideas cerradas en un comienzo y por eso que haya cedido en el proyecto lo veo como algo positivo. Hacia adelante tendrá que hacer equilibrios para ajustar sus políticas exterior y económica. La Argentina necesita un presidente con empatía que muestre ser capaz de cambiar y no alguien dogmático o autoritario. Esta reforma al principio tenía un sesgo muy antisindical y antiobrero, el Presidente creía que los obreros y los sindicatos organizados eran un obstáculo a la estabilidad económica y responsable de la Argentina corporativo. Visto lo que pasó en el Senado, alguna de las manifestaciones antisindical menguaron. Es evidente que el Gobierno, en lugar de utilizar la vía de Menem, de sentarse a la luz de una mesa con taquígrafos a discutir la reforma laboral, decidió que todo esto se podía hacer por medio de canales informales con Gerardo Martínez y el resto de los sindicatos.
Armando Caro Figueroa fue funcionario con tres gobiernos: Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Hace ya más de dos décadas que volvió a vivir en Salta. Reside en Vaqueros, a unos 15 kilómetros de la ciudad de la capital de la provincia.
Para el abogado y ex ministro la reforma de Milei “es positiva” pero plantea “varios interrogantes”.
“Argentina está ingresando en un período de reconversión productiva. ¿Qué va a pasar con ese trabajador que pierda su empleo hasta hallar uno nuevo? El anarcocapitalismo promueve que uno se las debe arreglar como pueda pero eso no es sólido para un país como la Argentina. Vivo hace 20 años en el norte y vuelvo a ver que esta parte del territorio está estrangulado por el centralismo regulador del mundo laboral y sindical. Hace falta regionalizar ciertas reglas pero no se puede pensar que la macroreconversión argentina se resolverá quitando un 20% a los salarios. La macroreconversión exigirá resolver la barrera que separa a las regiones del progreso que son básicamente la infraestructura y el régimen fiscal con gobernadores que no está dispuestos a ceder una décima del impuesto a las Ganancias y reformarse ellos mismos”.
-¿La reforma laboral cuánto ayuda a resolver los problemas de fondo que tiene la economía argentina?
-Lo pongo en estos términos. Uno puede pensar “Avanzo con la reforma laboral, bajo el costo no laboral, flexibilizo ciertas cuestiones como permitir negociar el convenio colectivo por empresa”, pero si la maquinaria burocrática y de poder de las provincias feudales del Norte no se toca, habrá una Argentina pujante pero otra atrasada. Esto es lo que está pendiente.
-Exacto. En el costo salteño influye más la mala práctica de las obras públicas que el nivel de salario. La productividad requiere la capacitación de la mano de obra y la OIT misma dice que no tenemos en la provincia la capacitación que necesita nuestra mano de obra para las demandas de la minería. El acuerdo tiene un capítulo al respecto, pero todo eso está por verse y requiere tiempo para que maduren esa inversiones en la capacitación. Un proceso de reconversión como el que plantea el Premio Nobel Philippe Aghion requiere de un Estado inversor, que las inversiones de riesgo y la paz social las garantice un Estado activo, no un Estado burocrático”.
“Entonces, agrega, la experiencia argentina de decir ‘vamos a reconvertir, vamos a despedir trabajadores y vamos a ver qué pasa, vamos viendo’ es algo malo y riesgoso”.
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