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Tomar nueva deuda: ¿un puente hacia la normalización financiera?

hace 15 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Tomar nueva deuda: ¿un puente hacia la normalización financiera?

Default, reperfilamiento, reestructuración, quitas, pesificación: palabras que han signado la deuda argentina y que dejaron un gusto amargo en quienes invirtieron en papeles del Estado.

Después de tantos tropezones, hoy existe la expectativa de estar entrando en una nueva etapa, en la que esos desmanejos queden atrás. La principal razón es que el Gobierno ha mostrado convicción para cumplir con los compromisos y una clara determinación de mantener el equilibrio fiscal. Eso garantiza los dos pilares que miran los inversores: voluntad y capacidad de pago.

Sin embargo, el acceso a los mercados internacionales aún no se ha normalizado y Argentina mantiene uno de los niveles de riesgo país más altos entre los países emergentes. Puede entenderse por nuestra historia, pero no necesariamente se condice con los fundamentals actuales.

En conversaciones recientes con un marciano llamado Uron le mostré indicadores críticos de Argentina y Brasil —sin decirle cuál era cuál— y le pregunté cuál debería tener menor riesgo país. País A: equilibrio fiscal y deuda neta de 38% del PBI. País B: déficit fiscal de 8,3% del PBI y deuda neta de 65%. Miró los números y no dudó: el país A debería tener un riesgo mucho más bajo. La realidad, sin embargo, es la inversa: Argentina tiene más del doble de riesgo país que Brasil. ¿Por qué?

Cuando revelé la identidad de cada país, Uron hizo dos observaciones contundentes. La primera fue el prontuario: Argentina ha sido un incumplidor serial. La segunda, una variable clave que muchas veces no miramos lo suficiente: las reservas internacionales. Brasil tiene reservas equivalentes a aproximadamente 15% del PBI, más que toda su deuda en dólares. Argentina, en cambio, parte prácticamente desde cero. Ahí está una diferencia fundamental.

Mirando hacia adelante, Argentina está haciendo esfuerzos para enfrentar ese prontuario y enviar señales claras de ruptura con el pasado. Es cierto que un gobierno no cambia por sí solo la cultura financiera de un país, pero parece haber un consenso más amplio sobre la necesidad de cumplir.

El segundo frente son las reservas, particularmente relevantes en un país donde cerca de 80% de la deuda está denominada en moneda extranjera. Hasta fines de 2025 el Banco Central minimizaba su importancia bajo el argumento de que con tipo de cambio flexible no eran imprescindibles. Sin embargo, este año se produjo un giro y comenzó a recomponerlas a un ritmo de entre mil y dos millones de dólares mensuales. Es una señal muy positiva.

La gran pregunta que circula en el ambiente financiero es si Argentina puede y quiere volver a los mercados internacionales. Hace algunos meses, con un riesgo país cercano a los 800 puntos, la opción era inviable. Hoy, con un EMBI en torno a los 500 puntos y margen para bajar algo más si el contexto global acompaña, la discusión adquiere relevancia. Ecuador, con una historia reciente de riesgo comparable, o tal vez peor, logró colocar deuda por 4.000 millones de dólares y su riesgo país descendió tras la emisión.

Por supuesto, habrá que evaluar el costo y el momento. Puede convenir esperar mejores condiciones financieras. Pero también está la cuestión de la voluntad. El presidente Milei sugirió que Argentina no debería volver a endeudarse y que los vencimientos se cubrirán con privatizaciones y superávit fiscal. Este año, con vencimientos relativamente bajos, es factible. Pero más adelante, cuando las amortizaciones de los bonos sean más grandes y haya que pagarle al FMI las privatizaciones no van a alcanzar.

Pero hay una cuestión más de fondo: si no sería conveniente emitir deuda con fines estratégicos. Primero, demostrar acceso al mercado, lo que contribuiría a reducir el riesgo país y facilitar el financiamiento del sector privado a tasas más bajas. Segundo, mejorar el perfil de vencimientos, extendiendo plazos y ordenando la estructura de los bonos actuales, que hoy cotizan con castigo por su diseño de cupones bajos y amortizaciones concentradas. Además, existe un stock significativo de pasivos de corto plazo —como los repos con bancos y el BIS— que podría transformarse en deuda más larga, fortaleciendo simultáneamente las reservas del Banco Central. De esa manera se disiparía la pregunta que los inversores repiten desde hace años en junio y diciembre: con qué dólares se pagarán los próximos vencimientos.

Pero en todos los casos este endeudamiento debe tener un límite. Un país sin déficit fiscal no tiene ni debe endeudarse para financiar gasto, con lo cual si se toma deuda nueva tiene que estar muy claro el objetivo.

Argentina pasó décadas endeudándose para financiar desequilibrios. Hoy la problemática es distinta: podría necesitar endeudarse no por debilidad, sino para consolidar el programa económico. La diferencia está en el propósito. La deuda que financia déficits crea debilidades; la deuda que fortalece reservas y credibilidad puede ser el puente hacia la normalización financiera. Volver a los mercados no debería ser un acto de necesidad, sino una decisión estratégica para mejorar el perfil de vencimientos y bajar el riesgo país.

Miguel Kiguel

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