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¿Seremos testigos del fin del multilateralismo y del regreso a las políticas del siglo XIX?

hace 4 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Ricardo Arriazu

El mundo está en un proceso profundo de cambio en el que el sistema de cooperación internacional -vigente desde el fin de la segunda guerra mundial- está siendo reemplazado por políticas nacionalistas y proteccionistas que nos recuerdan a las vigentes durante el siglo XIX.

Todo intento de resumir en pocas palabras las características de determinados períodos largos de la historia es por definición falaz y poco confiable, pero puede ser útil para la comparación de las principales políticas vigentes en determinados períodos de tiempo.

El siglo XIX, y parcialmente las primeras décadas del siglo XX, se caracterizó por el fortalecimiento de los nacionalismos, del colonialismo europeo, y del proteccionismo económico. En muchos casos estas políticas fueron implementadas mediante el uso unilateral de la fuerza, lo que generó conflictos que en muchos casos culminaron en guerras (las guerras napoleónicas, la guerra entre EEUU e Inglaterra, la guerra de la independencia griega, la primera guerra del opio, la guerra entre Mexico y los Estados Unidos, la guerra civil en EEUU, la guerra franco - prusiana, las guerras entre Rusia y el Imperio Otomano, la guerra hispanoamericana, la guerra de Crimea, la Primera y la Segunda Guerra mundial, etc.).

Sin embargo, fue también un periodo de grandes avances tecnológicos, de avances en la filosofía y en las ideas de libertad y democracia, y testigo de uno de los periodos de mayor integración de la historia.

El crecimiento del comercio, de la migración y de los movimientos de capitales entre fines del siglo XIX y comienzos del XX no tuvo precedentes en la historia, pero sus efectos exacerbaron los sentimientos nacionalistas que culminaron con la Gran Guerra de 1914 y contribuyeron al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

La expectativa de vida en Europa en 1800 fluctuaba entre los 30 y los 40 años (similar a la del año 1500, pero superior a la del siglo XVII), y era bastante inferior en el resto del mundo. Las familias tenían en promedio 6 hijos y la tasa de mortalidad infantil era muy alta. Aunque estos números se fueron modificando gradualmente en los siguientes 150 años, la tasa de crecimiento anual de la población (0,61%) apenas creció en relación al siglo anterior.

Sin embargo, durante este mismo periodo las mejoras económicas fueron muy significativas, y se reflejaron en el crecimiento del PBI por habitante (medido en paridad de poder de compra), que pasó de 611 a 2.111 dólares, mientras que el crecimiento en el siglo anterior había sido ínfimo. Esa mejora contribuyó marginalmente a la reducción de la pobreza y a la mejora de algunos indicadores sociales.

Algunas personas consideran que el proteccionismo contribuyó a esa mejora, pero los números de lo que sucedió a partir de 1945, en el marco de economías mucho menos proteccionistas, refutan esta idea. En realidad, el mayor crecimiento económico parece estar asociado a las mejoras tecnológicas.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el mundo avanzó hacia un sistema de cooperación (multilateralismo), con la creación de las Naciones Unidas, con el acuerdo de Bretton Woods (código de conducta en materia económica y financiera) y con la creación de otros organismos como el GATT, la Organización Mundial de la Salud, etc. Los resultados de esta política fueron espectaculares tanto en términos económicos como en términos sociales.

Mejoró la expectativa de vida a más de 70 años (promedio mundial) y bajó la mortalidad infantil, lo que llevó a la casi cuadruplicación de la población mundial. El PBI por habitante se cuadruplicó en solo 70 años, lo que se reflejó en una baja de la pobreza, una gran disminución de la desnutrición y una mejora en la alfabetización.

Durante este periodo, el mundo produjo el triple de bienes y servicios que los que produjo desde el comienzo de la humanidad. Como toda actividad humana afecta el medio ambiente, es también claro que estas mejoras tuvieron sus impactos negativos.

Por otro lado, los resultados en materia de conflictos no fueron tan espectaculares (hubo varias guerras regionales y los países más poderosos conservaron su poderío bélico y no delegaron su poder de veto), aunque hubo claras mejoras.

Uno de los efectos negativos laterales de esta “cooperación” internacional fue la burocratización de los organismos internacionales y los intentos de imponer una agenda de gobernanza internacional que provocó el rechazo de muchos países (en particular del presidente Trump) y propuestas de volver a un sistema similar al vigente en el siglo XIX, en el que muchos países intentan imponer por la fuerza sus ideas.

Personalmente considero que estas ideas son muy peligrosas y que lo más conveniente para el mundo es volver a las ideas originales de la cooperación y el imperio de la ley, por encima de la fuerza.

El mundo enfrenta hoy un gran desafío, producto de los cambios demográficos y la reducción de la tasa de la natalidad; para resolverlo se necesita un claro entendimiento del problema y un análisis profundo de sus efectos (migración, quiebra de los sistemas de jubilación, etc.) y de su solución. La cooperación internacional es imprescindible para evitar los potenciales conflictos que ya están ocurriendo.

Ricardo Arriazu

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