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Recesión, estancamiento o bajón, si se prefiere; el punto es que, con una caída del 3,9% en diciembre de 2025, la actividad industrial acaba de coronar seis meses consecutivos deslizándose por la pendiente. Son datos duros del INDEC, incuestionables y en varios sentidos bien perceptibles pese al batifondo que el gobierno libertario armó con el índice de precios de enero y la gestión de Marco Lavagna, encomiados como del palo propio mientras la inflación declinaba.
Más de lo mismo y nuevamente sin que ninguna movida oficial lo hubiese frenado, ni siquiera obstaculizado, la producción fabril ya venía de un derrape de once meses, entre enero y noviembre de 2024, y de otro de nueve durante el 2023. Total-total: hasta ahora 35 rojos en tres años, a razón de 11,5 por año.
Sólo para que la carga del problema no aparezca limitada a este momento, un precedente de los tiempos de Mauricio Macri presidente y de Alberto Fernández-Cristina Kirchner presi y vice respectivamente, o sea 2018-2019, arroja 19 meses con la actividad industrial por el piso.
Nada de apurarse a cantar victoria, al gobierno libertario de Javier Milei y a sus economistas, grandilocuentes y sobrevalorados, les ha tocado una fea de verdad y deben hacerse cargo sin andar revoleando culpas. Ahí no está la salida.
Números, inevitablemente números que suelen contar la realidad mejor que las palabras, los que siguen dicen que el último registro del PBI industrial marcó caída del 2,4%. Corresponde al tercer trimestre del 2025 y empalma con el considerable 8,8% anual que había retrocedido en 2024.
Reflejos del modelo económico mileísta y de cómo se reparten los tantos, la misma planilla estadística del INDEC anota crecimiento del 28,4% para la intermediación financiera en el casillero del tercer trimestre. El antecedente del año 2024 lleva un 4,7% negativo, claro que bastante menos negativo que el 8,8% de la industria.
Una medida de la relevancia de estos datos cuenta que el PBI industrial representa alrededor del 15,4% del PBI total, o sea, de la actividad económica, contra el 4,2% que aporta la actividad financiera. En tren de agregar agregados y valoraciones relativas, el comercio mayorista y minorista significa 12,7% y la construcción, 3%.
Previsible, el bajón productivo pega de lleno sobre el mercado laboral. Datos basados en informes de la Secretaría de Trabajo revelan, justamente, que de junio a noviembre de 2025 se perdieron 88.000 empleos privados registrados, en blanco.
Si el punto de partida es agosto de 2023, el saque total pasa los 200.000, con 60.000 para la industria, 90.000 en la construcción y 4.100 del sector financiero. Dentro de la industria, el sector textiles y calzado acusa 19.200 bajas.
Objetivo de la primera hora: al Estado le tocó motosierra a fondo. Desde noviembre del 2023 fueron barridos 63.000 cargos en la Administración Pública central y 51.700 en las empresas estatales. Total, otra vez de fuentes oficiales: arriba de 114.000 empleos, incluidos costos salariales y gastos estatales diversos camino del bendito déficit fiscal cero.
Ultima sobre el impacto del bajón productivo: el crecimiento del trabajo precario, inestable, mal pago y sin coberturas básicas ni jubilaciones. Los llamados trabajadores informales ya representan casi el 43% de la fuerza laboral, cerca de 9 millones, y avanzan sobre el 50% que aún se mantiene en la zona del empleo registrado, aunque, eso sí, sin zafar del azote inflacionario.
Previsible nuevamente, en una actividad industrial que anda de tumbo en tumbo, el trabajo, digamos, formal es una variable de ajuste siempre a tiro. Y lo es, sin vueltas: según datos de la consultora LCG, acumula seis meses en baja y está generalizado a todo el sector.
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