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De relevancias e irrelevancias

hace 7 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Fabian Bosoer

El 22 de febrero de 1946, el ministro consejero de la embajada estadounidense en Moscú, George Kennan, una figura clave de la política exterior norteamericana del siglo XX, enviaba un extenso telegrama a Washington sin saber que estaba abriendo otro capítulo de la historia.

Describía allí los planes expansionistas de la Unión Soviética y transmitía una serie de recomendaciones; básicamente, aconsejaba aplicar la lógica del equilibrio de fuerzas entre las dos superpotencias vencedoras de la Segunda Guerra. Era la semilla de lo que se daría en llamar la “teoría de la contención”, el inicio de la Guerra Fría y la confrontación Este-Oeste en un orden bipolar.

Entre los lugares del mundo que citaba Kennan como sitios estratégicos claves figuraba la Argentina: “Los rusos se esforzarán por desarrollar la presencia soviética y los vínculos oficiales con países en los cuales perciban fuertes posibilidades de oposición a los centros occidentales de poder. Esto se aplica, con importantes puntos de diferencia, a Alemania, Argentina y los países de Medio Oriente”.

Dos días después de recibir aquel telegrama de su embajada en Moscú que dejaría su marca en la política mundial de las siguientes décadas, los despachos del Departamento de Estado volvían a dirigir sus periscopios a lo que sucedía en el sur del continente americano. El 24 de febrero del '46, Juan Domingo Perón era elegido presidente de la Argentina por el voto popular.

Por su peso específico, la Argentina no era un actor relevante en la economía mundial. Pero que nuestro país pesara poco en las decisiones y tendencias que configuraban el escenario internacional no significaba que no tuviera relevancia geopolítica, por su ubicación geográfica, extensión territorial y proyección oceánica, dotación de recursos naturales y peculiaridades políticas.

Esta brecha entre irrelevancia estructural y relevancia simbólica y estratégica se resume en una idea: la Argentina era -es- un país en el que suceden cosas antes que una entidad que las produzca. Proyecto de Tierra de Promisión, periferia donde se volvieron a tejer los hilos de sociedades desgarradas por guerras y diásporas a través de sucesivas olas inmigratorias. Lugar del mundo en el que los experimentos más atrevidos pueden ofrecer resultados sorprendentes.

Hasta no hace tanto tiempo, a partir de los años '80, se solía hablar de “las ventajas de la irrelevancia”. Era lógico: durante las décadas precedentes, Latinoamérica y el Caribe fueron uno de los escenarios en los que se libró la Guerra Fría entre EE.UU. y la URSS con sus efectos deletéreos para las democracias. Cuarenta años más tarde, pasamos de la preocupación por salir de aquel radar a la expectativa de estar nuevamente bajo su cobertura.

La Estrategia de Defensa Nacional 2026 presentada en enero por el Pentágono sitúa a América Latina en el centro de la agenda norteamericana. Y lo dice así: "Tras años de abandono, el Departamento de Guerra restaurará el dominio militar estadounidense en el hemisferio occidental. Lo utilizaremos para proteger nuestra patria y nuestro acceso a territorios estratégicos en toda la región" (...)

"También impediremos que nuestros adversarios desplieguen fuerzas u otras capacidades que representen una amenaza en nuestro hemisferio. Esta es la enmienda Trump a la Doctrina Monroe: una restauración sensata y contundente del poder y las prerrogativas estadounidenses en este hemisferio, en consonancia con los intereses de Estados Unidos".

Hoy, redescubrimos las “ventanas de oportunidad” que ofrece el hecho de que las potencias mundiales hayan puesto al Cono Sur en la mira o lo hayan incluido en un lugar relevante de su “esfera de influencia”. La cuestión no es sólo si sabremos aprovecharlo sino qué entendemos por “aprovecharlo”.

Revista Asuntos Globales, Anuario 2025, publicada por el CARI

Respuestas a este interrogante de gran actualidad, desde una pluralidad de enfoques y rigor académico pueden hallarse en Asuntos Globales, la publicación anual del CARI, que dedica su edición 2025, a América latina en el orden -o desorden- global emergente.

Fabian Bosoer

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