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Correr por una medalla de lata

hace 14 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Correr por una medalla de lata

Correr fue durante mucho tiempo un placer para deportistas profesionales. Por suerte eso cambió y el más democrático de los deportes ahora está de moda, se corre mucho, basta acercarse a los bosques de Palermo o a la orilla del Río de la Plata para ver el indetenible torrente de atletas aficionados. Hasta en las montañas de Ushuaia se corre.

Estando allá vi bajar a una chica de piernas de acero seguida por un perro grandote y de lengua afuera. Se acercó a preguntarnos si el perro era nuestro y, ante la respuesta negativa, apuró el paso y casi voló loma abajo dejándome boquiabierto porque yo soy, lo confieso, un corredor de superficie plana, de esos que avanzan sin música, llevando la cadencia en el cerebro.

Amo correr con música pero no me da resultado, prefiero el silencio, por eso me gusta tanto la marea de atletas con audífonos que me rodean cuando corro, imagino que cada uno tiene su música secreta, distinta, pero supongo que puede ser que en algún momento esas músicas coincidan y se forme una especie de danza secreta y mágica.

No sé, la verdad, por qué a tan gran parte de la humanidad le dio por correr de pronto. Tendrá que ver con los tiempos que corren, valga la redundancia. Es una forma de escapismo ante esta época que quiere condenarnos a esperar, porque casi todo nos llega por delivery, incluso a los que trabajan de delivery: esperan la pizza que encargaron y, supongo, se la trae a la puerta de su casa un compañero de trabajo que le dice “buen provecho”.

Así va todo ahora, pero correr te suelta, te libera, se parece a volar. Corriendo somos todos un poco Hermes, mensajero de los dioses, o Diana, cazadora, o Aquiles el de los pies ligeros, sobre todo si nos concentramos en nuestra propia carrera y no nos distraemos con el resto de los corredores.

Algunos aceleran con zapatillas de un naranja chillón y unas suelas enormes, y cuando les preguntás te dicen que son de carbono (ellos no, las zapatillas), y uno mira las propias que son humildes y de caucho o del material con que se hacen las zapatillas para corredores comunes y corrientes. En fin, cuando te metés en el mundo runner te enterás de varias cosas: una, que se corre con las caderas y no con las rodillas; otra, que lo más importante es controlar la respiración para que no se deboquen las pulsaciones del corazón y, la más importante, es que correr despierta la dopamina y ya no podés parar cuando te pasa: solo querés correr, incluso estás dispuesto a pagar por participar en maratones o en media maratones o en algo a lo que le llaman maratón aunque no lo sea.

Los puristas del running viven aclarando que maratón son 42 km y media maratón 21 km, por lo tanto toda competencia que esté por debajo de esa distancia ya no lo es, pero la mayoría llamamos maratón a todo lo que pase de dos km y pagamos cincuenta mil pesos por una medalla de lata, un número en la remera, una banana y la foto que nos inmortaliza felices y sonrientes aunque seamos los últimos en llegar a la meta.

Marcial Gala

Marcial Gala, escritor de la "patria de Guillén y de Borges". En Cuba ha sido Premio Alejo Carpentier, Nacional de la Crítica y de Cienfuegos en cuento y en poesía. En Argentina premio, Ñ Ciudad de Buenos Aires y en Estados Unidos estuvo entre los finalistas del Pen Club América. Aquí publicó cinco novelas: “Sentada en su verde limón”, traducida al italiano, “Rocanrol”, “La catedral de los negros”, al inglés, francés, alemán y árabe, “Llámenme Casandra”, al inglés, francés, italiano, portugués y polaco y, la última, “La máquina de ser feliz”.

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