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Inició con la imitación de una billetera virtual real que, una vez instalada, enviaba notificaciones falsas de transferencias de dinero, simulando transacciones exitosas y pagos ficticios: un engaño simple pero eficaz, ejecutado por un delincuente con bajísimas capacidades tecnológicas. Luego llegó la versión falsa de Mi Argentina para dispositivos móviles, empleada sobre todo en el caso de menores de edad para acceder a discotecas, boliches, etc.
La posibilidad de obtener templates para rellenar e imprimir pasaportes, licencias para conducir, certificados de todo tipo y DNI está disponible en sitios de la Dark Web, luego en Telegram y ahora en WhatsApp y redes sociales. En el caso de un DNI argentino, se indica que es totalmente editable y que la calidad es igual al “real”, impreso a un módico precio de entre $15.000 y $60.000, dependiendo de la calidad.
La oferta habla de adolescentes que reciben DNIs físicos con la modificación de su año de nacimiento para documentar falsamente su mayoría de edad. Falsificar un documento público es un delito grave en Argentina, tipificado principalmente en el Artículo 292 del Código Penal, que castiga con prisión de uno a seis años a quien lo falsificare, mientras que el uso de un documento público falso también es un delito, Art. 296.
Todo el proceso está disponible en su smartphone: la promoción del servicio, el contacto con el proveedor, el método de pago y la logística. Históricamente, bandas de delincuentes han intentado articular toda clase de recursos engañosos con el fin, por ejemplo, de abrir cuentas bancarias utilizando DNI falsos, solicitar préstamos y efectuar compras.
La inteligencia artificial está revolucionando la concepción de uso de la tecnología, magnífica para mejorar la calidad de vida de los humanos o procurar curas para enfermedades, pero al mismo tiempo convirtiéndose en un aliado de delincuentes y usuarios que desafían el marco ético de su utilización. Crear o adulterar DNI, pasaportes o licencias de conducir falsos nunca fue tan sencillo. Las calidades varían entre lo burdo y aquellos que parecen tan reales que pueden pasar por los procesos de verificación de entidades financieras.
“¿No te gusta tu identidad?¡Comprate una nueva!”, versan algunos anuncios. Será suficiente con una breve navegación por TikTok.
En este mismo recorrido, resulta difícil sostener la falta de conciencia de los usuarios, expuestos a potenciales amenazas de suplantación de identidad y estafas a la hora de realizar compras, gestionar billeteras; incluso tratándose de plataformas de juego y apuestas online, estafas de inversión, premios, sorteos y loterías.
Un nuevo fenómeno impulsado por la inteligencia artificial propicia el fraude de identidad sintética, al igual que las falsificaciones biométricas y los intentos de suplantación de identidad, que también están en aumento. En nuestro país, los casos de clonación de la voz de una víctima de robo y secuestro de WhatsApp son incipientes, pero evidencian este patrón.
Desde la posibilidad de “alquilar” un DNI a un mayor de edad para acceder a una discoteca y consumir alcohol, hasta la dificultad de establecer un raciocinio realista respecto del fenómeno de contagio digital en redes sociales, a partir del cual la generalidad de los adolescentes impacientes demandan instantaneidad, aunque no puedan resolver que “la identidad”, aquella que Australia utilizará para restringir el acceso a plataformas a menores de 16, es el conjunto de rasgos, cualidades, creencias y experiencias que hacen única a una persona, definiéndola de los demás e incluyendo la conciencia de ser uno mismo a lo largo del tiempo y en relación con otros.
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