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Aloka: cuando el silencio camina más lejos que la violencia

hace 4 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Aloka: cuando el silencio camina más lejos que la violencia

El siglo XXI comenzó con promesas de progreso, pero rápidamente naturalizó la violencia como lenguaje. Liderazgos agresivos, discursos de odio, una pandemia global y un cambio climático innegable componen un escenario donde la empatía parece un gesto ingenuo y no una condición básica de convivencia democrática. La agresión dejó de ser un exceso para convertirse en método: el adversario ya no es alguien con quien disentir y tal vez encontrar puntos en común, sino un enemigo a destruir.

En este contexto saturado de ruido, surge una pregunta incómoda: ¿qué conmueve más profundamente al ser humano, la violencia explícita o el testimonio silencioso?

Mientras la escena pública se puebla de gritos, un grupo de monjes budistas decidió responder de otro modo. Caminan en este cruento invierno boreal más de 3.700 kilómetros desde Fort Worth, Texas, hasta Washington DC. No levantan pancartas, no insultan, no formulan consignas. Caminan. Y a su paso, personas de distintos orígenes inclinan la cabeza, se emocionan, acompañan en silencio. Adultos, niños, incluso agentes de policía reconocen en ese gesto una autoridad distinta: la de una ética que no se impone, se encarna.

La caminata está pensada para durar 108 días. El número no es arbitrario: en la tradición budista representa la totalidad del camino humano, la integración entre cuerpo, mente y comunidad. Llegar al centro del poder político estadounidense no es un acto de confrontación, sino una interpelación moral. Frente a la lógica del amigo-enemigo, los monjes proponen reconciliación, no violencia y compasión entre comunidades enfrentadas. Valores tan universales como urgentes.

Así como ocurrió con otros monjes budistas en Sri Lanka quienes emprendieron una larga marcha en 2009 para promover la reconciliación nacional luego una feroz guerra civil, los acompaña un perro también bautizado Aloka, que significa “luz” o “claridad”. Un perro con 440 mil seguidores en Instagram en menos de 2 meses. Un perro que no entiende discursos ni ideologías, pero entiende el caminar. Atropellado por un auto durante la marcha, continúa el trayecto como puede. Su presencia transforma la caminata en una parábola viva. Muchos dicen: “Aloka no entiende nuestras palabras, pero entiende nuestro andar”. Tal vez por eso conecta tan profundamente con quienes los observan.

La historia de Aloka no es una anécdota tierna. Es un espejo. Representa la lealtad sin ideología, la paz sin consignas, la presencia como forma de enseñanza. No debate, no milita, no grita: acompaña. Y en esa simpleza revela algo que nuestra época parece haber olvidado.

Otro país con otra realidad, otros monjes, otro perro. Pero la misma pregunta que nos alcanza también a nosotros. ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando aplaudimos la agresión y desconfiamos del silencio? Tal vez la verdadera rebeldía de este tiempo no consista en gritar más fuerte, sino en volver a caminar —juntos— hacia una humanidad compartida.w

Arturo Flier

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