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El Gobierno quiere -necesita- que los argentinos saquen sus dólares del colchón. Son entre 250.000 y 280.000 millones fuera del sistema bancario, en cajas de seguridad, escondidos en los hogares o en cuentas en el exterior, según datos del INDEC y estimaciones del sector bancario.
De ahí la llamada Ley de Inocencia Fiscal, reglamentada este lunes por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). Incluye una serie de medidas que dicen, más diplomáticamente, que nadie perseguirá al que deposite sus crocantes para comprar casas, autos, ventiladores de pie o lo que sea. No importa.
En el banco no preguntarán de dónde vienen, salvo a unos 11.000 grandes contribuyentes, que representan el 80% de la recaudación.
Habrá un nuevo esquema simplificado de Ganancias, cambios en el régimen penal tributario, menos multas y un achique de 5 a 3 años en la prescripción de los delitos de evasión.
La duda cruel, claro, consiste en si esta nueva invitación al blanqueo, sin plazos y sin multas, podrá vencer la legítima desconfianza que acumulamos desde hace décadas los habitantes de esta nación.
No salió de un repollo. La cultivaron “sucesos argentinos” como el Rodrigazo, la Plata Dulce en sus varias versiones y sus consecuentes devaluaciones, las hiperinflaciones, el Plan Bonex, el Corralito, la pesificación (o el fracaso de la Convertibilidad), el cepo, la inflación crónica… Dime qué edad tienes y te diré cuántos de ellos has sufrido.
Trece ceros quitados a la moneda en cuatro cambios de denominación desde 1970 lo resumen bastante bien.
De hecho, Argentina aparece entre los últimos de una tabla que clasifica dónde la gente confía más en los demás, cuyos datos surgen de una encuesta realizada en 25 países por el think tank Pew Research Center, publicada en diciembre pasado.
De acuerdo con el sondeo, mientras el 83% de los suecos dicen que la mayor parte de la gente es confiable, sólo el 28% de los argentinos piensa lo mismo.
La encuesta muestra una tendencia: la confianza en los demás parece ser mayor entre los países de ingresos más altos. A Suecia la siguen Países Bajos, Canadá, Alemania y Australia, mientras que los más desconfiados son Turquía, México, Kenia, Brasil, Sudáfrica y Argentina.
Y, sobre todo, expone que la confianza en los demás tiene relación directa con la estabilidad en general. La balanza se inclina hacia la desconfianza, además de los mencionados, en Israel, Hungría, Grecia, Italia, Indonesia, India y Nigeria; mientras que la lista de confianzudos la completan Japón, Reino Unido, Corea del Sur, Estados Unidos y España.
Un dato de la investigación resulta alentador para el Gobierno: en 2024, sólo el 23% de los argentinos creía que la mayor parte de sus compatriotas era confiable. El número creció cinco puntos porcentuales el año pasado.
Otro dato paralelo apuntala el ánimo oficialista. El Índice de Confianza del Consumidor, que mide el optimismo sobre la situación económica personal y general, aumentó un 2,2% en enero de 2026, alcanzando 46,57 puntos, el nivel más alto desde febrero 2025.
“Ahora lo tuyo es tuyo”, es el slogan oficialista. El problema es que pelea contra un refrán mucho más popular y arraigado. Dice: “Más vale desconfiar a tiempo que arrepentirse después”.
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