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Los laboratorios nacionales todavía están tratando de digerir la confirmación del acuerdo comercial entre la Argentina y los Estados Unidos. Entienden que así como hay sectores –como el de la carne- que se benefician y mucho con el nuevo escenario, ellos están exactamente en el otro extremo.
“No hay mucho por analizar; estamos del lado de los que perdieron”, sostuvo a Clarín una fuente de la industria al hablar de las fuertes restricciones que tendrán los laboratorios para fabricar medicamentos con patentes. Para las empresas locales del rubro, la noticia no cae de golpe. Hace ya meses que sabían que llegaría este momento de quiebre pero, como afirmó una de las fuentes consultadas “una cosa es el anuncio de que se estaba en camino hacia a esto y otra la firma del acuerdo”.
El efecto que tendrá lo firmado con los Estados Unidos para el sector será a tres bandas. La primera tiene que ver con la profundización de la grieta que hay desde hace años entre los laboratorios locales –agrupados en Cilfa y Cooperala- y los extranjeros –reunidos en CAEME-.
Desde 2012 hasta hoy los primeros se benefician con cuatro resoluciones que se dio durante la presidencia Cristina Fernández, y que les permite la copia de fórmulas para fabricar sus propios productos, un negocio que ahora llega a su fin. En el medio, la guerra de lobbys para lograr que continúe o cambie la situación, según quién mantuviera esas conversaciones, fue incesante y distanció más a un lado del otro.
El otro punto que en el Gobierno resulta vital es justamente que la reglamentación que hoy sigue vigente está 100% ligada al Cristina Fernández. Y como parte de la cruzada libertaria por terminar con todo lo que tenga aroma a kirchnerismo, estarían sumando un punto a favor.
El aspecto más fuerte del acuerdo para el mundo de los laboratorios es el que marca que la Argentina deberá ahora derogar esas resoluciones que hacían más laxas las reglas para el uso de patentes, algo que el Gobierno deberá determinar cuándo lo lleva a cabo.
Más allá de que saben que el negocio les cambia y mucho, lo que por el momento quieren evitar los laboratorios locales –al menos en lo que tiene que ver con las declaraciones orgánicas- es quedar en el foco de la tormenta con declaraciones fuertes. “No queremos ser otro sector de la industria al que salga a pegarle el Gobierno, ni los nuevos ‘Don Chatarrín’”, apuntan los nacionales. En definitiva, el cambio de reglas de juego tiene que ver con algo mucho más profundo que una decisión oficial; se trata de un punto muy delicado del tratado de libre comercio firmado con el gobierno de Donald Trump; de no cumplirse, podría traer consecuencias para el acuerdo en general.
La ficha que tienen para jugar ahora los laboratorios nacionales es la del Congreso, quien en definitiva deberá dar por bueno parte de lo que firmó el gobierno argentino en Washington, en este caso la inclusión de la Argentina en el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), que obliga al país a regirse por normas internacionales, que sumará condicionamientos aunque el efecto mayor estará dado por la derogación de las resoluciones. El plazo máximo para que esto ocurra es el 30 de abril próximo.
Al menos por ahora, saben que no corren con el caballo ganador. En el Congreso todavía no hay un clima muy encendido en cuanto a este tema, y además hoy los legisladores tienen la cabeza puesta en temas como la reforma laboral e impositiva.
Habrá que ver, por ejemplo, cuáles son las chances reales que tienen aquellos legisladores de dar vuelta la historia, sobre todo en tiempos en los que se deben negociar voluntades también para otros temas delicados. El dato a tener en cuenta, por otra parte, es que el Gobierno ya anticipó que, si no logra el OK del Congreso, lo aplicará por decreto.
El último punto central es qué ocurrirá con los laboratorios nacionales, muchos de ellos Pymes. Varios utilizan hoy patentes de productos ya existentes, pero no invierten en el desarrollo de innovaciones, que requiere de cifras millonarias.
Lo que dicen los industriales es que esto sacará del juego a quienes no tengan capacidad de reinventarse, algo que para el Gobierno es fundamental en su lógica de que para competir hay que mejorar la performance propia, y no esperar a la ayuda de regulaciones. Un dato importante: lo acordado con los Estados Unidos no es retroactivo, por lo que lo que hoy está en el mercado podrá seguir circulando, aunque lo que no podrá haber son actualizaciones o nuevos productos por parte de quienes no tienen las patentes.
En medio de esto, lo que también se pone en juego es quá pasará con los precios de los medicamentos. Los nacionales dicen que sin sus productos todo será más caro, aunque del lado de los extranjeros aseguran que las nuevas reglas van en favor de la suma de propuestas en el mercado local, lo que sumará comptencia.
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