Para disfrutar los contenidos de Clarín es necesario que actives JavaScript en tu navegador.
“Nunca compré ropa en la Argentina porque era un robo. Entonces, los que teníamos posibilidad de viajar, comprábamos afuera”. La frase pronunciada casi al pasar por el ministro Luis Caputo durante su entrevista con Radio Mitre en la mañana del lunes, caló hondo. Se refirió a la protección de la industria textil local como una “medida sonsa” y argumentó que por ese motivo los argentinos pagan entre cuatro y diez veces más lo que cuestan esas prendas en el mundo. De paso, Caputo mencionó que los tubos con costura que Techint produce en la localidad de Valentín Alsina le costaron 4.000 dólares por tonelada al Estado, contra US$1.400 que cotizó la tonelada de tubos de origen indio que ganaron la licitación para el gasoducto que conectará Vaca Muerta con la costa atlántica en Río Negro.
Los cuestionamientos a la competitividad de la industria local vienen desde hace cinco décadas, cuando en 1977 se le atribuyó al secretario de Comercio de Martínez de Hoz, Alejandro Estrada, la frase de que daba lo mismo producir “acero que caramelos” y dejar todo en manos del mercado.
Para Bernardo Kosacoff, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Di Tella y de la UBA, “la competencia es muy sana y necesaria, pero debe permitir no destruir las capacidades generadas y dar tiempo para ganar la necesaria competitividad superando las ineficiencias existentes”.
El economista planteó el ejemplo histórico de la adaptacíón que hicieron las automotrices de Estados Unidos a comienzos de los años 80, cuando el gobierno de Reagan impuso en los hechos a Japón un cupo de importaciones, si bien bajo el formato de “acuerdo” entre las partes. “Eso dio tiempo a la reconversión a los modelos toyotistas de las tres grandes de Detroit e incentivando que los japoneses produzcan en EEUU.”, recordó Kosacoff. “En cambio en la Argentina en aquella misma época se retiraron las terminales automotrices del mercado y solo quedaron Autolatina (VW y Ford) y Sevel (Fiat y Peugeot) adquirida luego por el grupo Macri. Incluso Renault terminó siendo adquirida tiempo después por el empresario Manuel Antelo”.
Jorge Vasconcelos, economista jefe de Ieral, puso el acento en la situación de desventaja que enfrenta la industria local de cara a la actual apertura. “Pese a contar en teoría con un margen ocioso del 40% de su capacidad instalada, ha perdido mucho terreno frente a la oferta importada en sectores como vehículos, autopartes, textiles y calzados, maquinaria, metalurgia, plásticos y neumáticos”, señaló. Y al analizar las causas de ese atraso frente a la oferta importada, marcó inconvenientes tanto del portón hacia dentro de las fábricas como en las condiciones externas.
“En parte, esa performance cuestiona el grado de actualización tecnológica de las plantas existentes. Pero también hay que contemplar que, en muchos casos, para ponerse a la altura de la demanda, la curva de oferta industrial debería tener un grado de flexibilidad del que no dispone. Con precios de insumos, salarios, impuestos y costos financieros que son inflexibles a la baja, remontar las desventajas de competitividad se hace muy cuesta arriba”.
Dante Sica, exministro de Industria y titular de la consultora ABECEB, analizó el actual proceso desde la “macro” y, también, desde el terreno. “La Argentina se encamina hacia una economía estabilizada, a competir en los mercados y estar integrada al mundo, y esa integración genera competencia. Antes ensamblabas heladeras y te daba rentabilidad. Hoy esa rentabilidad cambió. Hoy en las empresas están más pendientes de la competitividad puertas adentro y de la agenda legislativa que del tipo de cambio. Si le preguntás a cualquier empresario, hasta 2023 hacían la diferencia con el manejo de caja. Los tipos importantes eran los directores financieros. Y lo que estamos viendo ahora es que en los últimos dos años las empresas argentinas se desprendieron de más de 70 CEOs. Cambió el esquema del negocio”.
Para Marina Dal Poggetto, de la consultora Eco Go, se pasó sin solución de continuidad de un populismo que arrasó con precios relativos y con el equilibrio fiscal a un modelo de neoliberalismo apalancado en un tipo de cambio bajo y en la apertura de la economía. “Esa dicotomía no puede evitar tener que pasar por el intermedio recesivo”, apuntó.
¿Hay alternativas a ese péndulo? Por el momento la apertura mileísta oscila entre el liberalismo total de las entregas puerta a puerta de Shein y Temu y una apertura regulada en sectores como el automotor (importación sin restricciones desde Brasil y cupos para importar sin aranceles desde China).
“Lo que se necesita es un esquema que contemple e incentive la reconversión productiva acelerada”, añadió Vasconcelos. “Por ejemplo, que frente a licitaciones internacionales, las industrias puedan configurar un plan productivo ad-hoc, en el que pueda incluirse la flexibilización de todos los vectores, bajo la idea que los costos (incluidos los impuestos) deberían ser funcionales a los precios de venta”.
Para Sica, no va a haber sectores de la industria argentina que desaparezcan, pero sí que se van a concentrar. “Va a haber mayor concentración y también reconversiones. Tengamos en cuenta que mientras cerraba una fábrica de electrodomésticos en La Matanza, en la misma semana otra fabricante de Córdoba concretaba su primer embarque a Estados Unidos. Va a haber más importaciones, seguro, pero si los textiles hubieran sido inteligentes hubieran fortalecido la cadena industrial del algodón, ya que los textiles chinos son todos sintéticos. No van a desaparecer los sectores industriales, pero sí habrá una concentración”.
Según el ex funcionario, el horizonte que tiene por delante el gobierno de Milei no pasa por lo que le ocurrirá a los empresarios, sino a los operarios: “El verdadero desafío será volver a capacitar mano de obra, ese es el gran desafío que hay por delante. Pero el problema del empleo no arranca acá, hace 15 años que la Argentina no puede abastecer de empleo de calidad a su población”.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín