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-El título principal de una de las ediciones de The Wall Street Journal esta semana decía que la industria en Estados Unidos está en retroceso. ¿Si EE.UU. no puede frenar su desindustrialización qué queda para economías como la argentina, donde hemos presenciado en las últimas semanas un debate en el que el Gobierno da a entender que la industria argentina debe adaptarse o morir?
-La producción industrial a nivel mundial irá en retroceso. Y no solo por las tarifas de Trump. Por el impacto del cambio tecnológico, la inteligencia artificial y muchas otras razones. Ahora esto es en términos relativos. ¿Qué quiero decir? Que se producirán más autos, más lavarropas, más televisores, pero proporcionalmente en menos cantidad frente a los servicios. Pero veamos también la oportunidad en esto de que EE.UU. tendrá menos industria en los próximos años: alguien más en el mundo tendrá que fabricar esos productos.
-No lo sabemos aún. Creo que falta para ver si China logra fabricar todo ese volumen con la productividad de EE.UU. En este momento por ejemplo estamos viendo un boom de fabricación industrial armamentística en Alemania, productos que antes se hacían acá. Insisto con lo siguiente: alguien tiene que producir lo que consumimos. La noción de la economía circular que tienen los ambientalistas todavía no se aplica en el día a día porque consumimos más de lo que reciclamos a nivel mundial y especialmente aquellos países que incorporan a sus economías y sociedades a consumir productos que nunca habían demandado antes como China o India, sociedades con mucha población donde todavía usan bicicletas y no autos. La industria seguirá creciendo pero también tomaremos más masajes, iremos más al gimnasio o nos psicoanalizaremos más como ustedes en la Argentina.
-Argentina está yendo en la dirección de aumentar sus exportaciones. No digo que ya lo haya logrado ni tampoco me refiero a las exportaciones del campo que su país siempre tuvo. Esta semana hubo un posteo de Federico Sturznegger en X donde dice que la Argentina avanza en esa dirección y está bien eso porque yo creo que efectivamente viene una época de desregulación importante en el mundo, no solo de la mano de la derecha o los seguidores de Milton Friedman. Una de las noticias en la primera página en The New York Times esta semana es cómo la ciudad de San Francisco, la ciudad más progresista de EE.UU., está desregulando intensamente. Mantiene servicios clave regulados, pero muchos otros no. La desregulación inteligente, que creo es lo que está haciendo Sturzenegger, más una adopción juiciosa de la tecnología, es la receta para salir adelante y veo a Milei yendo para allí. Pero claro, países como la Argentina o Chile están muy lejos de los grandes centros de consumo global. Y como los márgenes en la industria tecnológica hoy son muy pequeños y si encima a eso le agregamos la distancia que sufren nuestros países, todo se vuelve una especie de maldición. El camino no es sencillo. Chile lleva comprometido décadas con exportar y sus puertos están 115° a nivel mundial. Es muy demandante todo.
-El grupo Techint perdió una licitación por una obra en Argentina frente a una empresa india y la noticia armó revuelo en nuestro país. ¿Es culpa del plan Milei que el tipo de cambio no sea más competitivo como dicen algunos o estos factores de la globalización que usted describe complican hasta a grupos grandes?
-No lo sé. Pero lo que sí sé es que el foco del debate no tiene que ser si Techint gana o pierde una licitación en la Argentina sino que Techint gane un montón de licitaciones en el mundo, por ejemplo para hacer el oleoducto en Ucrania cuando termine la guerra o en Africa. Techint es una gran empresa a nivel mundial que exporta servicios a no sé cuántos países. La conozco de hace décadas. Claro, usted me habla de los indios y que exportan a la Argentina. ¿Pero por qué la Argentina no puede hacer lo mismo si los ingenieros de la UBA son de primer nivel mundial? Pongo el caso de Chile que produce el 25% del cobre del mundo, su compañía estatal de cobre es la más grande del mundo y no exportamos servicios de ingeniería de cobre. No es verdad eso de que el mundo se levanta a la mañana pensando en cómo joder de la Argentina. Países como los nuestros tienen que exportar ideas porque vivimos muy lejos y competir más.
-Lo ideal para Estados Unidos y Trump es que Milei sea muy exitoso y Claudia Sheinbaum, la presidenta de México, muy fracasada por dar el ejemplo de políticas contrarias. Estados Unidos necesita mostrar en la región políticas exitosas en países amigos y eso es Milei, dando mayor participación a empresas privadas y desregulando. El acuerdo reciente va en línea.
-¿Qué quiere decir ‘Milei exitoso’? ¿Que la economía crezca, que la inflación baje?
-¿Cuánto tiempo llevará? En su libro sobre el caso chileno y los Chicago Boys (ver aparte) cuenta que pasar de niveles de inflación como los que Argentina tenía con Alberto Fernández, similares a los de Salvador Allende en Chile, demoró casi 20 años. Acá pasamos de 210% a 30% en dos años. ¿Cuánto falta para llegar a 3%?
-No tiene por qué ser el mismo tiempo. En 40 años hemos aprendido cosas, por ejemplo que lo fiscal es lo primero en la secuencia de la desinflación.
-En el libro menciona el peligro de pisar el dólar para bajar la inflación, ¿cree que Milei incurrió estos años en algo así?
-Yo le propuse al equipo argentino en su momento que comparara el caso chileno con el israelí en materia de desinflación, inspirado en una comparación que Milton Friedman hizo en un artículo. Chile usó una tablita preanunciando el tipo de cambio y se empecinó tanto en sostenerla que terminó con una desocupación de más del 30% y caída del PBI del 14%. Israel en cambio 'dejó escapar' el tipo de cambio a tiempo. Hubo mucha penuria en Chile por esa encerrona y solo se pudo hacer porque había una dictadura muy dura. En cambio en Israel, de la mano de Michael Bruno, deslizó el tipo de cambio manteniendo siempre el ancla fiscal y la credibilidad. Esto es lo que empezó a hacer la Argentina. Pero es clave mantener la credibilidad y por eso me preocupa lo que sucedió hace unos días con la renuncia del titular del Indec...
-La credibilidad. Es algo importante a la hora de bajar la inflación y más en el caso de Argentina. Durante años sus estadísticas no fueron confiables para el FMI.
-No lo sé. Pero sea lo que fuere tiene arreglo. En EE.UU. Trump despidió a una funcionaria responsable de las estadísticas laborales porque no le gustó un número. Al poco tiempo anunció un reemplazante y salió para adelante. El equipo argentino debiera dar una explicación más técnica sin confrontar a los colegas y explicando qué hará. Insisto: la credibilidad en las estadísticas es algo central cuando uno está bajando la inflación.
-El precio del dólar en Argentina oscila entre dos valores dentro de una banda que se mueva al ritmo de la inflación ¿cómo lo ve?
-Todavía le cuesta flotar al dólar en la Argentina y le costó desde el principio. En un seminario en Santiago de Chile el año pasado le dije a José Luis Daza, el dos de Luis Caputo, “es evidente que ustedes tienen una banda dentro de la banda”. Luego hicieron modificaciones. Pero tienen que aprovechar hablar con la verdad. El economista Rudi Dornbusch, un enamorado de la Argentina como yo, solía decir: “es mejor decir la verdad porque así uno no tiene que recordar qué mentira dijo”.
-El dólar no está en el techo de la banda y el Banco Central está comprando dólares...
-Las medidas que han tomado han sido las correctas y por eso sostengo que para que Milei sea exitoso tiene que bajar la inflación y crecer. De las cosas más triviales en economía es el crecimiento que se resume bien en el paper de Goldman Sachs sobre los BRICS. Para crecer se necesita más máquinas y trabajadores y utilizarlos de forma más eficiente: eso se llama productividad.
-Usted estudió en Chicago y trabajó con Milton Friedman, ¿qué lección de Friedman hoy es relevante para Argentina?
-Continuaría diciendo que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Le agregaría cuestiones nuevas como la dominancia fiscal y la importancia de mantener la credibilidad en el sentido de que un cambio creíble de régimen puede bajar la inflación de forma casi instantánea. Por último, Friedman, al final de su vida, hizo las paces con el bimetalismo, después de haber sido muy crítico. Hoy en día hablamos de bimonetarismo y pensamos en monedas como dólar, bitcoin o pesos...
-Diría que circulen el peso y el dólar al mismo tiempo, pero siempre bajo un régimen de estabilidad. El régimen monetario más interesante en nuestra región es el de Perú.
Sebastián Edwards, economista, publicó dos años atrás un libro fascinante: El Proyecto Chile: la historia de los Chicago Boys y el futuro del neoliberalismo. Su padre fue periodista y pertenece a una familia de renombre en Chile. Durante la Dictadura de Augusto Pinochet tuvo que exiliarse de su país. Militó en la coalición que llevó a Salvador Allende a la presidencia y entre 1971 y 1973 estudió en la Universidad de Chile modelos de planificación marxista con matemática. Cuando viajó a EE.UU. se exilió en Chicago donde estudió en la Universidad de Chicago por ejemplo con Ricardo López Murphy. En su libro, Edwards, no solo cuenta el largo derrotero de errores y aciertos que hizo que Chile pasara de una inflación altísima a la actual estabilización. También hace una crítica aguda del capitalismo chileno.
-Usted dice que en todo aquel largo período en el que Chile bajó la inflación, primero con Pinochet y luego con gobiernos de derecha e izquierda, la cuestión de la distribución del ingreso fue subestimada por los Chicago Boys. Su argumento es que una mala distribución del ingreso crea una contradicción dentro del sistema económico aún cuando haya progreso material y ese cuestionamiento puede jugar en contra de los esfuerzos para estabilizarlo. Es un argumento muy diferente a la Batalla Cultural de Milei...
-El tema distributivo es importante desde un punto de vista político y social. A la gente le importa su posición relativa con la sociedad, cómo se ve respecto al otro. También es cierto que si las economías crecen muy rápido no importa tanto esa desigualdad porque todos se ven mejor. Igual creo que la desigualdad en la Argentina es muy diferente respecto a Chile. En Chile tenemos dos tipos de desigualdad o como yo las llamo, la vertical o por ingresos y la horizontal o de acceso a bienes, servicios, círculos. Tengo la impresión que en la Argentina la experiencia social es diferente a la de Chile. Diría que la mejora de la desigualdad en la Argentina es más fácil de 'recuperar’.
Edwards conversó con Clarín por video conferencia desde su casa en Los Angeles. Actualmente es profesor en la University of California, Los Angeles (UCLA) desde 1981, y hoy ocupa la cátedra Henry Ford II de Gestión Internacional.
- Además de conseguir estabilización macroeconómica, ¿con qué otra política mejora la distribución del ingreso?
-La educación pública para mi es clave. Creo que la batalla cultural pasa por recuperar la educación pública y que en mucho de nuestros países fue secuestrada por un progresismo vulgar y amante de teorías conspirativas. La solución no es cerrar o desfinanciar la educación pública sino recuperarla enseñando más. Es más difícil esto que digo yo pero es el camino estoy convencido.
Un proyecto: Terminar de escribir biografía de Salvador Allende, el presidente socialista derrocado en Chile por Pinochet en 1973.
Un recuerdo: La final del mundial del 1962, Brasil campeón, en el Estado Nacional de Santiago.
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