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Como sucede desde hace más de medio siglo, el primer domingo de noviembre se cierran las avenidas de Nueva York para celebrar, desde muy temprano, una de las carreras más populares del mundo: el maratón de la ciudad.
La edición del 2025 –la número 54- convocó a casi 60 mil corredores. Exactamente, 59.226 completaron los 42.195 metros desde Staten Island hasta la meta en el Central Park, lo que constituye la cifra más alta para un maratón en la historia. Y de aquellos, otro impactante número, 2.396 corredores lo hicieron en menos de tres horas, lo que implica un alto grado de preparación. Atraviesan los cinco grandes barrios neoyorquinos (Brooklyn, Queens, Long Island, Manhattan, Bronx), cada uno convertido en una fiesta y con multitudes alentado a los corredores.
La cantidad de inscriptos alcanzaba los 59.662 (poco más de la mitad eran hombres) y así se superó el récord fijado meses antes en Londres con 56.640 participantes.
En ambas, se fija un cupo sobre esas cifras ya que la demanda de inscripciones, desde todo el mundo, es diez veces mayor.
Entre marzo y abril próximo se harán tres maratones de los llamados majors: Tokio, Londres y Boston. La capital británica tal vez se acerque a aquellos números. Pero, además, las tres acaban de lanzar su listado de elite que, tanto en calidad como cantidad, reflejan una fuerte inversión de las carreras para ese ítem. En el caso de Londres contará con el defensor del título, el keniano Sabastian Sawe, y el ugandés Jacob Kiplimo, recordman mundial de medio maratón, entre las grandes atracciones.
El maratón es un acontecimiento para Nueva York, generando –solamente en esa semana- movimientos por más de 500 millones de dólares entre turismo, gastronomía, venta de indumentaria y marketing. Son movidas que, en los mismos valores, generan otros de los grandes maratones como Boston (el tercer lunes de cada abril, es el más antiguo) y Chicago (el primer domingo de octubre, donde poseen el circuito más veloz y donde se establecieron los récords mundiales de atletismo).
La elite del año pasado en Nueva York volvió a ser espectacular –la carrera masculina se definió por apenas tres centésimas de segundo entre los keniatas Benson Kipruto y Alexander Mutiso- y por primera vez recibió al astro Eliud Kipchoge, quien se despide de las competiciones. Pero también estaban las múltiples historias o la participación de “celebrities” que corren, en general, con fines solidarias. Allí, por ejemplo, en la meta se vio al expresidente Bill Clinton y su mujer Hillary recibiendo a su hija Chelsea, quien afrontó el reto del maratón. En la edición del año pasado corrió un entonces desconocido Zohran Mamdani, quien no iba a imaginar que ahora se convertiría en el alcalde de la ciudad (a pocas horas de su victoria electoral, no corrió esta vez). Pero entre los que sí terminaron la carrera estaba un japonés de 91 años llamado Koichi Kitabatake, quien tardó 7 horas y 25 minutos, y una mujer de 83, Judith Sorn quien la completó después de 8 horas y media.
Pero más allá de cuestiones atléticas o estadísticas, habituales para este acontecimiento, la novedad la aportó Bloomberg, al resaltar que el maratón de Nueva York se ha convertido en “el nuevo símbolo de status en Wall Street”. Explican: “En el mundo de las altas finanzas no todo es el traje y la corbata, los relojes de lujo y la ropa de los diseñadores más famosos del mundo. Ahora no importa tanto cuánto dinero tengas en el banco, sino lo rápido que corras. El dinero habla, pero el cronómetro grita”.
Según el artículo –presentado en Bloomberg Terminal, su plataforma que informa sobre los mercados en tiempo real- “los directivos del mundo financiero aspiran a bajar de las tres horas en maratón como demostración de disciplina, resistencia y éxito personal. Se trata de un fenómeno que fusiona la cultura del fitness con la empresarial, donde el entrenamiento se ha vuelto tan estratégico como negociar acuerdos comerciales. Y muchas personas del ámbito financiero han convertido las maratones en una nueva forma de mostrar poder y riqueza”
Los corredores invierten en entrenadores, dietas, suplementos, cintas, indumentaria, calzado de última generación. “Hay brokers que contratan entrenadores que los graban en Central Park para luego darles consejos sobre cómo mejorar; otros han instalado cámaras de oxígeno en sus casas e incluso han contratado cocineros o nutricionistas personales para optimizar la alimentación”.
El maratón de Nueva York –como los otros majors en el mundo (Londres, Berlin, Tokio y los citados en USA) son también el escenario para las “batallas” entre las líneas de calzado, que publicitan la jerarquía de sus corredores.
En esta oportunidad, la keniana Hellen Obiri –vencedora en la clasificación femenina y primera mujer que cubrió este circuito por debajo de las 2 horas y 20 minutos- utilizó la ascendente marca suiza On, mientras Kipruto, el campeón masculino, lució las Adidas Adizero Evo Pro 2.
On promocionó así su modelo Cloubdoom Strike LS, de apenas 158 gramos. La subcampeona Sharon Lokedi, también keniana, lució un modelo de Under Armour (el Velociti Elite 3) con el que había ganado el maratón de Boston en abril.
Pero Adidas tuvo mucho que festejar ya que copó el podio masculino con Kipruto, Mutiso y Korir a través de distintas variantes del modelo Adizero Adios Pro Evo. “Esta es la zapatilla más ligera, reactiva y exclusiva de Adidas hasta la fecha que está hecha con sus mejores tecnologías para correr rápido y ser eficiente en largas distancias”, difundieron. Los valores de los calzados mencionados van desde los 250 hasta los 400 dólares en las tiendas estadounidenses durante esa semana.
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