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Walter Block: “Para los economistas convencionales no existen las leyes económicas, solo hipótesis. Están equivocados”

hace 3 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Walter Block: “Para los economistas convencionales no existen las leyes económicas, solo hipótesis. Están equivocados”

-¿A qué atribuye la influencia que han ganado sus ideas “anarco-capitalistas” en la política actual? ¿Cómo es que estas “desembarcan” en América Latina?

A Murray Rothbard, padre del anarcocapitalismo. Y en Latinoamérica, se lo atribuyo a ese león de 300kg, Javier Milei.

-En su libro “Defendiendo lo indefendible”, escrito hace 50 años, usted argumenta que figuras como el proxeneta o el chantajista son, en términos económicos, “héroes” que ofrecen servicios demandados. ¿Cómo explica a un crítico moralista que la libertad de asociación y los contratos voluntarios deben prevalecer incluso en actividades socialmente estigmatizadas o moralmente condenables?

Moralmente me opongo a la prostitución, el proxenetismo, el chantaje, o las drogas. Pero en mi libro, la pregunta es: ¿deberían ser ilegales? Como libertario, incluso del tipo liberal clásico más moderado, respondo que no. La esencia del libertarismo, en todas sus versiones, es el axioma de la no agresión. Ninguna de estas personas, necesariamente, amenaza o inicia la violencia; ergo, deberían ser libres de participar en estos actos, aunque sean muy problemáticos. Además, demostré que son mutuamente beneficiosos, al menos ex ante. Ilegalizarlos no los hace desaparecer. Sólo los vuelve clandestinos y peligrosos. Estas personas son héroes porque ofrecen servicios demandados pese a las injustas prohibiciones legales, aunque, como dice Rothbard, no sean santos.

-¿La libertad de asociación irrestricta justifica extremos como el consentimiento de la esclavitud?; ¿cómo lo argumenta?

Imaginemos que mi hijo tuviera una enfermedad letal y curarlo costara 50 millones que no tengo. Pero usted, siendo rico, me ofrece un trato. Usted paga por el tratamiento a cambio de que yo sea su esclavo. Usted podría matarme, ya que no tendría más derechos que cualquiera de sus animales de granja. Yo saldría ganando, porque valoro la vida de mi hijo más que mi libertad y que mi propia vida. Usted también, ya que valora más mi servidumbre que ese dinero. En un incendio forestal, la gallina protege a sus pichones a costa de su vida. Todos los buenos padres valoran a sus hijos más que a sí mismos. Creo que este contrato de esclavitud voluntaria sería lícito. Si no, mi hijo moriría.

-Usted ha propuesto la privatización de absolutamente todo, desde carreteras hasta océanos y cuerpos celestes. En un sistema sin gestión pública, ¿cómo se resolverían los conflictos de propiedad original (homesteading) en áreas que históricamente han sido consideradas bienes comunes o de libre acceso?

Agencias de defensa y tribunales privados. Serían más eficientes que las instituciones públicas. Citando a Thomas Sowell: «es difícil imaginar una forma más estúpida o peligrosa de tomar decisiones que ponerlas en manos de personas que no pagan ningún precio por equivocarse». Así es el Estado. La competencia siempre mejora y abarata los productos, sin excepciones. En EE.UU., mueren unas 40000 personas en accidentes de tráfico. Uno de mis libros al respecto demuestra que la mayoría de esas vidas podrían salvarse mediante la privatización. Casi 1900 personas murieron en Nueva Orleans durante el huracán Katrina, culpa de los diques del Cuerpo de Ingenieros del Ejército que se rompieron ¡Y siguen construyendo más! Si el río Misisipi fuera privado, probablemente eso no habría ocurrido. ¿Los océanos? Sin un propietario privado, la tragedia de los comunes extinguiría a los peces.

-Usted sostiene que los principios de la economía para la escuela austríaca son verdades a priori y que, si los datos contradicen la teoría (como en el caso del control de alquileres), es el dato el que está equivocado. ¿No corre el riesgo de convertir la economía en un dogma cerrado al ignorar las evidencias del mundo real?

Acá buscamos la verdad, no la aversión al riesgo. Le doy mi manzana por su lápiz. Según la praxeología, si acepta, ambos salimos ganando, ex ante. Yo valoro su lápiz más que mi manzana; usted, al revés. Ahora, puede que a usted no le importe mi manzana, pero acepte el intercambio por amistad. No conocemos su motivo (ni el mío). Solo podemos concluir, desde la escuela austríaca, que el intercambio voluntario es necesariamente mutuamente beneficioso. ¿Cómo se puede «comprobar» eso? Lo mismo ocurre con el control de alquileres, el sueldo mínimo y otras cuestiones similares. La escuela austríaca no desdeña el análisis empírico y econométrico. Pero estos solo ilustran, no comprueban, las leyes económicas. Para los economistas convencionales, no existen las leyes económicas, solo hipótesis. Están equivocados.

-Ha calificado a Milei como un “héroe” y le ha enviado mensajes de apoyo. ¿Cómo concilia su postura anarcocapitalista radical con el hecho de que Milei esté operando dentro de una estructura estatal y democrática, algo que teóricamente usted rechaza?

A ver, yo uso las calles públicas, pago impuestos, y he dado clases en una universidad pública. ¿Eso significa que soy un hipócrita por aprovecharme de los beneficios del Estado, por los que he pagado, mientras me opongo al estatismo? Mi héroe, Javier Milei, está llevando a Argentina hacia un menor estatismo. Está haciendo que Argentina sea “Great Again”. Está haciendo precisamente eso para todo el mundo, ya que otros países verán y emularán su magnífico ejemplo.

-Usted cuenta que comenzó su camino como un joven cercano a las ideas de izquierda socialista antes de ser convencido por Ayn Rand y Murray Rothbard. ¿Cuál fue el argumento específico que finalmente lo hizo abandonar el socialismo y abrazar el libertarismo más extremo?

Sí, yo era socialista, como mi compañero de la secundaria, Bernie Sanders. Además de ellos dos, personalmente, varios libros me convencieron de lo contrario. La rebelión de Atlas, de Ayn Rand; Economía en una lección, de Henry Hazlitt; y La ética de la libertad y Por una nueva libertad, de Rothbard. Otros autores que me inspiraron en mi odisea intelectual: Ludwig von Mises, Friedrich Hayek (quien prologó elogiosamente Defendiendo lo indefendible), Carl Menger y Eugen Böhm-Bawerk.

Walter E. Block es titular de la cátedra Harold E. Wirth y profesor de Economía en la Facultad de Negocios de la Universidad Loyola de Nueva Orleans. Obtuvo su doctorado en Economía en la Universidad de Columbia en 1972. Es autor de más de 700 artículos académicos y tres docenas de libros, incluyendo el célebre Defendiendo lo Indefendible. Ha escrito para The New York Times y The Wall Street Journal. Ha enseñado, impartido conferencias y participado en debates en Harvard, Yale, Columbia y diversas otras universidades, y ha sido galardonado con varios premios, incluyendo la Medalla Murray N. Rothbard de la Libertad del Instituto Mises.

Damián Toschi

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