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Desde el punto de vista político, la firma del Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocas que firmaron este jueves el canciller Pablo Quirno y el Representante de Comercio de los Estados Unidos, Jamieson Greer, es un triunfo para Javier Milei. Casi un gusto personal, porque fue él quien desde un primer momento instruyó a todos los ministerios involucrados en la firma a que se hiciera un pacto comercial con el republicano. Contra viento y marea.
El deseo presidencial se concretó por el trabajo de un sólido equipo,integrado entre otros por el embajador Alec Oxenford, Luis María Kreckler, Pablo Lavigne, Alejandro Cacace y Juan Manuel Corteletti.
Como en toda negociación, hay ganancias y pérdidas, verdades y verdades a medias. Según quienes siguieron estas negociaciones de cerca, Milei quería firmar el acuerdo personalmente con Trump. O al menos eso decían sus funcionarios cuando lo anunciaron en noviembre. Finalmente lo firmaron Quirno y Greer, y recién después de que Nayib Bukele, de El Salvador, les ganara de mano con la primera firma de este tipo de acuerdos con Trump, el pasado 29 de enero.
Milei tiene posibilidades de verse con Trump la semana próxima en Mar-a-Lago, en Palm Beach, durante la gala latina a la que el presidente argentino volverá a asistir, un mes antes de su viaje 14 a EE.UU, para asistir a la semana argentina en Nueva York.
Milei había amenazado con salirse del Mercosur sino se firmaba un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. No sólo no fue posible firmar un TLC con un mercado como el de Estados Unidos —que para la Argentina es más competitivo que complementario— sino que tampoco era posible sacar a la Argentina del Mercado Común del Sur sin consenso del Congreso.
Respecto del Mercosur, el gobierno está batallando por ratificar en el Congreso su acuerdo de libre comercio firmado con la Unión Europea, el pasado 17 de enero. Y Argentina mantiene un fuerte comercio complementario con otros países, empezando por China, en el corazón como problema de la alianza que están firmado Argentina y Estados Unidos.
Lo firmado este jueves no es un acuerdo de libre comercio. Y además, aunque no se informó, el llamado "acuerdo marco" entre Argentina y Estados Unidos al que hacen referencia de manera generalizada libertarios y republicanos es el Trade and Investment Framework Agreement (TIFA), que firmaron Mauricio Macri y Barack Obama en 2016. Aquel trato es la "madre", o "padre" -como se prefiera- de lo firmado este jueves.
El nuevo acuerdo es otra señal de fuerte alineamiento estratégico entre ambos países. La incondicionalidad en las relaciones del gobierno libertario con Estados Unidos se profundizó al asumir Donald Trump el poder en enero de 2025. También rindió frutos, porque el libertario recibió una ayuda crucial que le permitió ganar cómodamente las elecciones legislativas de octubre pasado. La elección se presentaba compleja y el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció un rescate financiero de 20.000 millones de dólares. Eso frenó la corrida cambiaria y reforzó los mercados.
Desde entonces, la alianza con los Estados Unidos no cesó y por debajo se seguía negociando, pero el acuerdo comercial no llegaba. El último gesto fuerte de Milei hacia Trump fue su compañía durante la creación en Davos del llamado Consejo de Paz, en enero. Un nuevo club de aliados que los críticos consideran como las Naciones Unidas "blue" de Trump.
Volvamos al acuerdo comercial sellado este jueves. Para quienes consideran que el país debe dejar de ser la economía cerrada que siempre fue, Argentina obtiene importantes ganancias. Pero ello se da en pleno debate de cómo la apertura indiscriminada libertaria está inundando el país de importaciones y afectando gravemente a la industria, sobre todo con los productos que llegan desde China.
Ahí está la ganancia de Estados Unidos y de la industria que busca hacer pie en el país. Estados Unidos encontró en Milei un socio central que lo elige por sobre China y Rusia y que no vota más junto a Brasil, y menos con Lula da Silva.
Pero además, según el acuerdo marco, Estados Unidos comienza a entrar en asuntos que siempre reclamó y criticó de la Argentina: conflictos vinculados a la propiedad intelectual y al comercio digital. Con el correr de las horas se conocerá la letra chica del texto. Si bien hay beneficios para el mercado de la carne, no se ven concesiones estadounidenses en baja de aranceles para los sectores argentinos golpeados en Estados Unidos: acero, aluminio, biodiésel, por ejemplo.
Según la letra de lo anunciado en noviembre, Argentina se comprometió a importar automóviles estadounidenses y a aceptar alimentos certificados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA). Los productores de EE.UU. tendrán preferencias arancelarias para vender en Argentina “determinados medicamentos, productos químicos, maquinaria, productos de tecnología de la información, dispositivos médicos, vehículos automotores y una amplia gama de productos agrícolas”.
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